martes, 31 de julio de 2012

El desierto y la falsa estepa



Escritorio sahariano
 Tengo intención de escribir sobre la literatura y los desiertos y acabo escribiendo sobre el viento.

El viento  como último paisaje. El rastro de su tensión, su presencia, su retirada y ausencia esculpida en la arena. ¿A partir de qué instante se detiene? Invisible imágen apocalíptica: Tras el viento el paisaje se cubre de polvo, se oscurece, se acaba volviendo blanco y negro .

Los libros sobre los desiertos están, en parte, escritos por el viento y provocan un estremecimiento olvidado. Me seduce lo que precede a la literatura, el mundo generador de los mitos, para los que el desierto se comporta como una página en blanco sólo comparable al mar. Lugares en incesante movimiento, dispuestos para la partida, para la marcha, para la huida y, a la vez, inmóviles. Las obsesiones más tenaces se deshacen, como piedra en arena, en este medio duro, difícil, en el que un pueblo se enfrenta al anterior para ocupar su lugar. El espacio es grandioso, casi sin límites, pero en la inmensidad no hay lugar para todos.


Viejos libros saharianos
  Durante su viaje por el desierto, en busca de sus orígenes saharauis en la tierra de sus ancestros, Jemia y su esposo J.M.G. Le Clézio, se cruzaron con un hombre al que le plantearon la siguiente pregunta: Si vamos en dirección al oeste ¿Dónde llegaremos? A lo que el hombre respondió: Si durante tres años continuáis viaje hacia el oeste, llegareis a donde os encontráis ahora.

¿Es ese el destino que nos aguarda en nuestro viaje por la literatura de los desiertos?

Aunque escribo estas líneas frente al mar, vivo desde hace años en lo que técnicamente se llama una falsa estepa, un pueblo de la meseta castellana, rodeado de gentes en las que agoniza una civilización que subsistía sin grandes cambios desde hace varios milenios. Los campos cultivados se inician al otro lado del muro del jardín de mi casa. Quizá dentro de poco no exista quién los cultive. Todos vivimos un extremo racionamiento de la libertad, de la esperanza y del sentido de la vida.



Página del Diario de
Michel de Vieuechange
 En los años setenta asistí al final de la existencia nómada de las grandes tribus del Sahara Occidental, propiciado por los cambios tecnológicos y científicos, pero también por la mala política y la guerra. Por entonces no imaginaba que algún día subsistiría entre los fantasmas de una civilización desaparecida en mi propio país. En realidad, el desierto no está tan lejos de esta falsa estepa. Muchos sonidos e imágenes son comunes a uno y otra. Como el silencio y la presencia en primer plano de la naturaleza, pero sobre todo la soledad en que se produce el encuentro entre el ser humano y el mundo que le rodea, los elementos naturales y las fuerzas cósmicas. En realidad el desierto es el espacio en el que la perspectiva del hombre es sustituida por la perspectiva de la materia.

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