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sábado, 4 de mayo de 2013

Dalí y el fascinador Onofroff


Calavera de Dalí
¡Qué suerte poder asistir a una actuación de Onofroff a través de la mirada hechizada y un tanto perversa de Salvador Dalí!  No es extraño que Dalí se sintiera fascinado por la hipnosis,actividad espectacular y misteriosa cuando  se practica en un escenario y también, a veces, cuando se ejecuta en el ámbito médico.  Precisamente Enrique o Henri Onofroff fue uno de los responsables de que la hipnosis y la catalepsia se convirtieran en un espectáculo de magia. ¡Qué hábil fascinador! Fue el mentalista más ingenioso, seductor y popular del primer tercio del siglo XX. Realizó varias giras a teatro lleno por España y América Latina. También actuó en el resto de Europa y en Estados Unidos donde practicó la conducción con los ojos cerrados.

Onofroff en Figueras



Cartel de Onofroff
En noviembre de 1920, Onofroff el fascinador, ofreció dos representaciones en Figueras (1) En su  dietario adolescente (2)  Dalí refiere la enorme expectación que suscitaron en la ciudad y las reacciones de su familia y compañeros de instituto. En cuanto a sus propias reacciones…  Bueno, no es disparatado pensar que, a través de la hipnosis, Dalí  creyó hallar la grieta por la que espiar los deseos que le obsesionaban. Pero las impresiones que le causaron las dos sesiones de hipnotismo fueron dispares. Antes de volver a referirme a ellas voy a intentar contar lo que sucedió. En definitiva, la influencia que tuvieron en Dalí fue mucho más determinante de lo que a primera vista podemos pensar. Por eso quiero empezar por el principio. Antes incluso de que Onofroff llegara a la ciudad.


Desde varios días antes la ciudad apareció empapelada materialmente por los carteles del mentalista. Gracias a Wolff (3)  sabemos que Onofroff no dejaba nada al azar y preparaba con antelación sus funciones. Utilizaba Onofroff como médium  a León Salvador, un antiguo campeón de lucha grecorromana (4).  No era su único auxiliar. Tenía a sueldo una docena de jóvenes que le precedían en los viajes. Viajaban en medios de locomoción distintos,  nunca paseaban juntos y no debían saludar a Onofroff ni a su secretario. Su misión consistía en reclutar gentes para que se prestaran a los experimentos psíquicos del mago.

El servicio secreto de Onofroff





El libro de Wolff
¿Cómo operaban? Como un servicio secreto. Wolff Tuvo ocasión de hablar con Serrano de Málaga y con el milanés Giovanni que fueron integrantes de la troupe. Aseguran que generalmente  no pagaban a los incautos. Les seducían. Para ello se dispersaban por bares y cafés y elaboraban fichas de las debilidades, aficiones, vocación y carácter de los posibles candidatos. El secretario, hombre culto y educado, realizaba la misma labor en clubes y casinos, seleccionando sujetos entre las clases altas.  En función de la información obtenida formulaban una proposición que en realidad era un señuelo para que se decidieran a participar y colaborar en el espectáculo.

Un ejemplo nos ilustra el modo de maniobrar. El perspicaz secretario había entrado en contacto con el hijo de un magistrado cuyos puntos flacos eran los estudios y la mala relación con su padre. Se trataba de una nulidad como estudiante de Derecho y el padre no le soportaba.

El secretario  intentaba engatusarle con estas palabras: Amigo mío, usted es un joven brillante. Yo he podido apreciarlo desde que le conozco. A usted le conviene intervenir en  un acto público para mostrar sus cualidades. Puede subir al escenario y dejarse hipnotizar. O más bien fingir el sueño hipnótico. En ese estado puede pronunciar  un discurso técnico jurídico. Usted es capaz de elaborar una pieza maestra que despeje de una vez por todas las dudas sobre su capacidad. Apréndaselo de memoria. En el escenario haga lo que los demás. Onofroff le dará la palabra. De ese modo conquistará la admiración y el aplauso de todos (5).

De ese modo los asistentes a la función veían en un supuesto estado hipnótico al hijo de uno de las personas más relevantes de la ciudad.

De Mesmer a Freud


Mientras la troupe de Onofroff ejecutaba estos preparativos, en casa de Dalí la familia se había 
Demostración Mesmeriana
apasionado con la hipnosis. El padre había ofrecido su explicación sobre el fenómeno en una de las cenas. No sabemos lo que dijo, pero podemos hacer un pequeño resumen de las principales ideas sobre la hipnosis que circulaban en la época.
Por lo general el estado de hipnosis se atribuía erróneamente al sueño. James Braid acuñó la palabra en 1843, mediante la raíz Hipnos, para subrayar la analogía con el sueño. Hoy sabemos que se trata de un estado de concentración, en el que la percepción se focaliza en un punto específico. Encaminado por el hipnotizador  el sujeto se concentra en una sola cosa y logra percepciones intensísimas. El hipnotizador consigue provocar una relajación y concentración profunda (6).

Las discusiones se centraban sobre si el sujeto pierde o no pierde el control. Hoy sabemos que no alcanza estado de inconsciencia alguno y que no se encuentra a merced del hipnotizador, aunque por supuesto no se encuentra eximido de engaños y manipulaciones.

En el terreno médico  Braid discrepaba de Mesmer. Rechazaba su tesis de que los fluidos magnéticos desencadenaban los fenómenos de hipnosis. Mesmer practicaba la hipnosis 100 años antes, sin que la hipnosis tuviera entidad propia, englobada en  lo que denominaba magnetismo animal. No me cansaré de repetir que en aquellas épocas las fronteras eran sutiles entre muchas prácticas médicas y el ilusionismo, es decir la magia desacralizada. La forma de trabajar de Mesmer era teatral. En el hotel Bouillon se reveló como un excelente director de escena. En la sala de tratamientos utilizaba escenografía y efectos teatrales: un decorado que apelaba al universo místico,  una iluminación en penumbra,  música relajante y aromas,  fragancias orientales, guión y coreografía para las curaciones colectivas. Mesmer se paseaba entre sus enfermos, vestido con una túnica de seda morada, golpeándoles con una varita mojada en agua sulfurosa. No era raro que los pacientes entraran en trance.

Charcot en acción
Años después el gran médico que fue Charcot no le iba a la zaga en la presentación teatralizada de sus experiencias. Las sesiones públicas en la Salpêtrière eran verdaderos espectáculos que atraían a un público apasionado. Fueron descritas por Maupassant, Zola, Daudet o los Goncourt y algunos de los pacientes  (histéricos, epilépticos, atacados por el baile de San Vito o que presentaban algún tipo de desequilibrio)  como Blanche Wittmann, conocida como « la reina de los histéricos  », alcanzaron una celebridad que competía con los grandes actores y actrices de la época. (8)

Y, por último, - concluye Onofroff en su libro L'hypnotisme à la portée de toutes les intelligences (9)-  resumo la historia de la hipnosis en pocas palabras: Es descubierta  en 1774 porMesmer, modificada en 1785 por Puységur y reformada por Braid en 1837. Proclamada por la academia de Medicina de París en 1876, está constituida en nuestros días por un cuerpo de doctrina científica.

¿Y el profesor Freud en la intimidad de su consulta? Sin duda cumplirá un papel determinante en las concepciones de Salvador Dalí sobre el psiquismo. Por ahora dejémoslo  ahí y volvamos a Figueras.

El debut


El día de la función, la familia Dalí se encamina al cine Jardí que estaba a rebosar. Previamente se

proyecta una película que naturalmente Dalí no recuerda porque su impaciencia era máxima. Por fin aparece Onofroff en el escenario. Es un nombre sospechoso y huele a ruso, escribe Dalí. Pero inmediatamente se desdice porque por su simpatía le parece más bien italiano.

Onofroff sabía jugar con todos los elementos de su personalidad para potenciar el misterio. Su nacionalidad era uno de ellos. ¿Ruso? ¿Polaco? En realidad era belga. Es probable que hubiera nacido en 1864 (9)

En una entrevista El caballero audaz le describe como un hombre altísimo, esbelto, arrogante. De su atildada elegancia no se escapa ningún detalle. El frac, impecable, con los botones de pasta; el cuello de pajarita, los zapatos de charol, la leontina, la camelia prendida del ojal del frac y el pañuelo de hilo, perfumado con tabaco rubio(10). Casi todos los que le oyeron coinciden en resaltar su facilidad de palabra y su poder de convicción. Wolff  habla de maestría, lujo y prosopopeya. Es el sugestionador – dice Wolff – que más predispuso al público en favor suyo mediante la sumisión voluntaria que desencadenan los temperamentos enérgicos (11).

Iniciaba su acto con un breve parlamento sobre las nuevas perspectivas que se abrían a la telepatía y al hipnotismo. Decía de sí que era la única persona a la que la naturaleza había otorgado el fluido de la fuerza hipnótica que irradiaba de sus manos y de sus ojos. Dicho esto descendía a la platea y distribuía entre los espectadores unas hojas de papel donde podían escribir una acción  material. Acción que Onofroff  se comprometía a realizar sin que nadie le dijera en qué consistía. Se brindaba a adivinar qué es lo que tenía que hacer mediante la transmisión de la onda psíquica. Es decir la comunicación del pensamiento entre él y el espectador que le sometiese a la prueba.

En ocasiones los espectadores ideaban acciones difíciles de llevar a cabo. Onofroff regresaba al escenario e invitaba a subir con él a uno de los espectadores.

Usted caballero, irá siempre a distancia de dos o tres metros escasos de mí, pensará con tenacidad y constancia en lo que yo debo hacer y me guiará mentalmente, aprobando o reprobando el camino o el movimiento que ejecute. – Reproduzco el parlamento de Onofroff literalmente porque me parece concebido con una gran habilidad y precisión para lograr sus propósitos - Sí, por ejemplo, ve usted, que me dirijo hacía la izquierda para efectuar lo que usted ha escrito en el papel que guarda en su bolsillo, deberá usted pensar en aquel instante fijamente y con energía: “No, no vayas por aquí, ve por la izquierda, por la izquierda, por la izquierda…”Repitiendo esto último in menti tantas veces como sea necesario siempre y cuando no obedezca al intangible e invisible mandato de usted. Igualmente si he de coger un objeto cualquiera, y tomo otro distinto por equivocación, vacilación o duda, antes de que me apodere de él, repetirá usted lo mismo de antes. V. Gr.: ¡No, no es la tarjeta: el pañuelo, el pañuelo! Y esto con la misma intensidad de entonces, a fin de que “las ondas psíquicas” de su voluntad, penetren en mi cerebro hasta que yo las perciba claras, como si las recibiera de viva voz. ¿Ha comprendido usted, caballero? Pues bien, tenga la amabilidad ahora de taparme los ojos. Tome usted (12)

Lectura con los ojos vendados


Blindfolded-man
En ese momento Onofroff le entrega una venda. Podemos imaginar al espectador por una parte desconcertado  y, al tiempo,  expectante cuando el mago le pide que apriete con fuerza. Así lo hace. Le anuda la venda a la nuca, cubriendo sus ojos.

Todos los detalles son importantes.  Onofroff,  que se supone ya no ve nada, le pide tanteando las dos manos,  Es para excitar mi sistema nervioso- dice. Lleva las manos a la espalda y con ellas al espectador. Mantiene los brazos rígidamente extendidos hacia él, el torso recto, tirante, cargado hacia adelante respecto a la vertical. Su aspecto es de un hombre abstraído, ceñudo, serio. Está rígido. Como si intentara percibir algún tipo de indicio o sensación que para él es de vital importancia,  porque se juega su reputación, autoridad, incluso su honor. El climax alcanza su punto más álgido. Hay cosas, dice Wolff, que escapan al buril o al lápiz del artista.

Un instante después Onofroff palidecía. La tirantez, la tensión insoportable provocan una sacudida, seguida por una agitación interna que parece expresar un esfuerzo intensísimo de  concentración de todas sus facultades.

Cabeza, brazos, piernas oscilan como las ramas de árbol impelidas por el viento, escribe Wolff.  Entre el sugestionador y el espectador se establece, aparentemente, una corriente magnética durante el par de minutos en que sus manos están en contacto. El espectador experimenta las convulsiones y estremecimientos.

Súbitamente, Onofroff suelta las manos del espectador como sacudido por una descarga eléctrica.  Su voz suena distinta, ajena, lejana, aunque en ella permanece un resto de energía, vestigio de la  autoridad que la caracteriza.

¡Sígame usted de cerca!, ordena al espectador y desciende en su compañía hasta la platea. Allí ejecuta el mandato escrito en el papel elegido, sin que se interrumpan los estremecimientos convulsiones y calambres hasta que el público estalla en aplausos.

Con escasas variaciones, este fue el guión del comienzo del espectáculo de mentalismo al que asistió Dalí aquella noche de 1920. Seguramente no caería en la cuenta de los métodos empleados que expliqué en un artículo precedente al hablar de los fraudes del médium Argamasilla, descubiertos por el doctor Lafora y el ilusionista Harry Houdini (13). Son similares a lo que sucede en el juego de la Gallina Ciega. Tienen que ver con el apresto y tiesura de la venda, la tensión que adquiere al ser apretada, la contracción y distensión de los músculos de la cara, el uso del algodón en rama bajo la venda y la capacidad de interpretar las reacciones del rostro de los espectadores. Pero sobre todo tiene que ver con el comportamiento del sugestionador que simula temblores y torpezas, finge  vacilaciones,  y al final, cuando se despoja de la venda, permanece  uno o dos minutos con los ojos dolorosamente entornados, como si le costara regresar a la luz.

A Dalí, estos aspectos no le llamaban la atención. Se fijaba especialmente en las reacciones del público.  El espectáculo de Onofroff empezaba a mostrarle un mecanismo que tendrá una importancia decisiva en la creación de su propia obra. Algo que no es fácil de explicar. Los espectáculos de ilusionismo o prestidigitación ponen en

evidencia contenidos difíciles de definir que atraen irresistiblemente a los espectadores. Todo un mundo recóndito, oculto, velado  que intuyen y no se explican, un mundo subterráneo y reprimido  que rebosa las alcantarillas de la razón en esta clase de espectáculos.

¿En qué consiste?  Seguramente tampoco Dalí llegó a saberlo con precisión. Pero insuflará en sus obras esos contenidos oscuros, en ocasiones no visibles, siempre inquietantes, perversos o grotescos, generalmente cohibidos y degradados. Apetitos,  esperanzas, pulsiones, ilusiones, deseos, ambiciones, sueños que comparte con los espectadores.

Simulacro de un crimen


Otro de los experimentos predilectos de Onofroff consistía en adivinar el ejecutor de un crimen simulado. Para ello hacía subir a un espectador al escenario. Le vendaba los ojos y decía: Me acompañará usted al Salón de espera y quedará a mi lado. En ese intervalo ruego que otro  señor tenga a bien simular un crimen. Al efecto dejará sobre esta silla un puñal que tomará en sus manos y fingirá herir a otro caballero, escondiendo el puñal en cualquier lugar, volviendo a ocupar todos sus sitios. Cuando un tercer caballero nos avise que el crimen se ha cometido, volveremos este señor y yo.

Efectuados los preparativos, regresaba al escenario y pedía a cualquiera de los espectadores, que hubiera visto quién cometió el crimen y dónde el criminal había escondido el arma, que se acercara hasta él y le trasmitiera sus pensamientos. Cogía las manos del espectador y fingía concentrarse. Tras soltarle las manos le pedía: ¡Piense! ¡Piense! Y bajaba a la platea, dando tumbos, poseído de gran excitación,  precisa Wolff -  para señalar al espectador  que realizó el crimen. Mediante el mismo procedimiento, encontraba  a la víctima y el arma homicida.


Atracción



Salvador Dalí en pose de hipnotizador
Pero, sin duda, fueron los números que tenían que ver con la hipnosis, los que provocaron mayor interés en Dalí. A pesar de que en esta primera sesión, el fascinador no llega a convencerle de todo, Dalí comprueba que Onofroff domina, hipnotiza, convence, hace salir todo un universo reprimido del interior de su público.  Y se promete así mismo que el hará algo parecido con su obra, algún día.

Onofroff aseguraba tener lo que llamaba fuerza fluídica en las manos. Para demostrarlo formaba un círculo de jóvenes, sentados a su alrededor en el escenario. Al primero de la derecha le hacía ponerse en pie y le colocaba las manos sobre los hombros. 

A su contacto, como si de un imán se tratara, el  joven se sentía atraído por las manos del magnetizador y su cuerpo las seguía, hasta caer de espaldas. Onofroff, habitualmente detenía la caída. Aunque alguna vez no lo hacía, lo que provocaba gran efecto en el público. Solía escoger jóvenes robustos,  derribándoles como estatuas de mármol, según Wolff.  Les colocaba en una posición tal que se desmoronaban con una ligerísima presión. Se derrumbaban, privados de un punto de apoyo, por más fuertes y resistentes que fueran.

La realidad es que Onofroff no necesitaba hipnotizar para hipnotizar. Esa fue la eficaz  defensa de los hipnotizadores teatrales cuando se les acusaba en los tribunales de vulnerar la prohibición de practicar la hipnosis como entretenimiento. En su versión más simple, si el espectador elegido no cerraba los ojos ante la mirada fija del fascinador, Onofroff aproximaba los dedos hasta casi tocar sus párpados. El espectador cerraba los ojos y  Onofroff presionaba muy suavemente los párpados tres o cuatro veces.  Naturalmente al espectador le resultaba molesto  y desagradable y cerraba los ojos, aguardando una nueva presión. Entonces Onofroff  - dice Wolff- señalaba sus ojos cerrados y hacía un gesto de complicidad con el público como diciendo ¿veis, ya está hipnotizado? Y soplaba, inmediatamente, para despertarlo. A Dalí la experiencia le resulta fascinante para la imaginación pero no le resulta convincente del todo. Entre el público, también,  se enciende la polémica. En estado hipnótico algunos espectadores hacen cosas grotescas. La gente murmura que Onofroff emplea compinches. La sospecha perseguiría siempre al fascinador. Luis Cabañas Guevara, pseudónimo tras el que se ocultaban dos periodistas exiliados al terminar la guerra civil, incluso les pone nombres y apellidos, cuando Onofroff actúa en el Soriano de Barcelona, “Los revendedores se convirtieron en gananciosos empresarios del hipnotizador Onofroff en el Soriano de Barcelona. Después se supo que Onofroff tenía contratada una compañía de hipnotizados voluntarios, entre los que figuraba un zapatero de la calle Riereta y una exsonámbula, Quiteria Roqueta, hija de una comadrona de la “Franca Xica” que se llamaba Clementa Pona Urmaeta” (14).

En el caso de la representación del Teatro Jardí de Figueras, Dalí constata que los partidarios del magnetizador son más numerosos que sus detractores y la representación concluye con un aplauso cerrado.

Función final en el Círculo Sport Club


La mezcla de dudas y fascinación incita a los compañeros de Dalí en el Instituto a proponer a
Onofroff que actúe para ellos en un pase privado. Saben que existen precedentes. Onofroff acepta y la sesión se celebra en el  Círculo Sport Club. Ahora sí que no puede hacer trampa-  anota  Dalí en su diario. Al joven le atrae la blancura de los cabellos del fascinador y su acento extranjero. Los espectadores sometidos a las experiencias de sugestión y trasmisión del pensamiento son conocidos de todos. Aparentemente ofrecen garantías de no estar conchabados. Pero sólo aparentemente. No olvidemos los manejos del avispado secretario de Onofroff.

Lo cierto es que en aquella sesión, uno de los compañeros de Dalí, un tal Palet, se ofrece voluntario. Ahora va a dar esa flor a la señorita que más le guste, que más simpatía le inspire... Vaya ... – le ordena Onofroff – Y diciendo eso le coloca un pañuelo en las manos.

Con el andar incierto de un sonámbulo y el aspecto de un fantasma, Palet se dirige hacia una muchacha llamada Carme. Se detiene, titubea. De repente se hinca de rodillas y le ofrece el pañuelo como si de una flor se tratara. Carme no sabe dónde meterse .Está muerta de vergüenza.

¿Por qué he citado hace un momento al secretario? Porque entraba dentro de sus funciones encontrar personas dispuestas a realizar públicamente algo así, En los días previos a la actuación el secretario frecuentaba los cafés, clubes y casinos con la intención de descubrir a algún joven retraído e ingenuo, enamorado de una chica perteneciente a una familia acaudalada. Un joven que no se atreviera a declarar su amor a causa de las diferencias de fortuna. Entonces el astuto secretario se compromete a ayudarle.  Se muestra dispuesto a hablar con Onofroff para que durante su actuación, simule hipnotizarle, durante su actuación. Onofroff  le ordenará que entregue la flor que luce  en el ojal a la mujer que ama. Y ella no tendrá otra opción que aceptarle.

Dalí joven junto a su hermana Ana María
Una vez despierto, Palet aseguró que se dirigió a Carme por voluntad propia, Dalí ironiza al respecto. Le agrada el ambiente elegante del lugar: las copas de champán, los dulces, las trenzas rubias. Alguien toca a Albeniz al piano. Para Dalí  es un día distinto. Había descubierto la simetría entre lo que había contemplado en el escenario y los sueños que poblaban su cabeza, sus más transparentes pasiones. Según Javier Pérez Andújar (15) Carme estaba enamorada de Dalí y Dalí ensayó con ella toda la gama de sus sentimientos egotistas, su narcisismo y su paranoia, sin censura ninguna. Carme no logró librarse hasta su marcha a Madrid, cuando Dalí le anunció que no le escribiría jamás.
Con el tiempo Dalí se inspiró en las teorías de Freud sobre la interpretación de los sueños, para concebir un método para suscitar experiencias reprimidas.  El estado de hipnosis es una de las bases en las que se asienta su método paranoico-crítico. Desarrolló su propia técnica de auto hipnosis mediante imágenes hipnagógicas, es decir creadas en estados de duermevela.  Un universo entrevisto por primera vez a través de la ventana de un escenario y de las sugestiones escénicas de ese gran fascinador que fue Onofroff. Con él, Dalí descubrió la que tal vez es una de las claves de su capacidad de comunicación con el público, que hace que sus exposiciones superen en interés generalizado a las de casi cualquier otro pintor. Ya hemos hablado de ese contenido oscuro, ese magma de atavismos, inclinaciones,  afanes, anhelos, quimeras, ensueños, entelequias, y automatismos que el artista comparte con su público. Los seres humanos nos parecemos más los unos a los otros en nuestros sueños, - extrañamente parecidos, idénticos, repetidos, como evidencian los trabajos de Freud -  que en los momentos de  vigilia.
Notas
Decorados de Dalí  para Recuerda

(1) Una en el teatro Jardí y otra en el Círculo Sport.

(2)            DALÍ, Salvador (1904-1989):”Un diario. 1919-1920” págs.,  220-222 en Textos  autobiográficos, vol. I edición y prólogo de Félix, Fanés, Barcelona, Destino, 2003

(3)            WOLFF, C.: Hipnotismo teatral (sus farsas): Descubrimiento y descripción de todas las trampas de las que se han valido los principales “hipnotizadores, Casseneuve, Onofroff, Mariscal, etc… para sus experimentos en los teatros de Europa y América. Juan de Gassó, Editor. Barcelona. Sin Fecha.

(4)            Luego León Salvador fue muy conocido como charlatán de feria, apodado el rey de las subastas por su habilidad para vender relojes, cuchillas de afeitar de la marca Pieles rojas, etc… El hombre capaz de vender casi todo, y a todo el mundo durante más de cincuenta años recorrió las ferias de España. [ver GARCÍA, Mariano en León Salvador, el mejor charlatán de España reproduce las declaraciones a J-J. Benítez de Enrique Perna, ’El Perna’, un banderillero aragonés que fue durante muchos años ayudante de León Salvador] http://blogs.heraldo.es/tinta/?p=1208.

(5)            WOLFF, C.  Ibídem

(6)            TOUSSAINT, Jeff D: El otro lado del espejo: hipnosis teatral / Edición: 1ª ed. Editorial: [Madrid?]: Abadir Ediciones, 2012.

(7)            DURVILLE, Henri;  El hipnotismo teatral: Los fenómenos hipnóticos, magnéticos y sugestivos, pág., 3. Madrid: [s.n.], 1929 (Imp. Vallecas)
 (8)            ONOFROFF; H: L'hypnotisme à la portée de toutes les intelligences, Québec, Sin Fecha.

(9)             FERNÁNDEZ, Mauro A. comenta que los periódicos publicaron que tenía 31 años cuando actuó en Buenos Aires en 1895. Historia de la magia y el ilusionismo en la Argentina: (desde sus orígenes hasta el siglo XIX inclusive) / Mauro A. Fernández, "Fénix”; prólogo histórico de Teodoro Klein; prólogo mágico de Ricardo "Fantasio".  Buenos Aires: [s.n.], 1996 (Buenos Aires: Producciones Gráf.)

(10)         EL CABALLERO AUDAZ- Seud. de José María Carretero  (1888-1951): Galería: más de cien vidas extraordinarias contadas por sus protagonistas y comentadas / Madrid: Caballero Audaz, 1943-1948  vol. I.

(11)         WOLFF, C.  ibídem,

(12)         WOLFF, C.  ibídem,

(13)         MAYRATA, Ramón: Ramón Mayrata: Valle-Inclán, Harry Houdini y el hombre que tenía rayos X en los ojos, Frontera D. lhttp://www.fronterad.com/?q=valle-inclan-harry-houdini-y-hombre-que-tenia-rayos-x-en-ojos
 (14)          CABAÑAS GUEVARA, Luis: Biografía del Paralelo, 1894-1934, Barcelona, Memphis, 1945.] Luis Cabañas Vergara fue el pseudónimo empleado para publicar este libro por los periodistas exiliados tras la guerra civil  Màrius Aguilar i Diana (Huete, Cuenca, 1883;-  Montpellier, 1950?) y Rafael Moragas i Maseras (Barcelona 1883 - Estrasburgo 1966).

(15)         Según Javier Pérez Andújar Carme estaba enamorada de Salvador Dalí. Carme Roget era hija del dueño del café Emporium en Figueras. Para imponerla la esclavitud moral recurría al cinismo, a la hipocresía, a la mentira, a las falsas esperanzas y a la indiferencia. Ver PÉREZ ANDUJAR, Javier: Salvador Dalí. A la conquista de lo irracional. Madrid, Algaba, 2003.


martes, 6 de noviembre de 2012

El hipnotizador de Thomas Mann



Thomas Mann escribió la novela corta Mario y el Mago (1) en 1929. Un año marcado por la Gran Depresión. Una crisis monstruosa que despejó el camino para la consolidación de regímenes totalitarios en numerosos países. Por eso no resulta extraño que Mann intente entender cuáles son los mecanismos psíquicos que facilitan la adhesión y el apoyo de grandes masas humanas a esta clase de proyectos que podríamos calificar de aberrantes. Desde ese ángulo el libro mantiene su actualidad, a la vez que nos procura la distancia precisa para comprender algunos aspectos oscuros de la naturaleza humana y del mundo en el que vivimos.
 La elección de un hipnotizador para detallar los efectos del liderazgo político sobre un grupo de personas no constituye un  planteamiento original de Mann. Curiosamente
Mann tenía una idea muy elevada de la figura del mago  Una condición que atribuye a sus admirados Wagner e Ibsen pues ambos eran magos nórdicos, viejos hechiceros llenos de maligna socarronería, profundamente versados en todas las artes sugestivas.- escribe en “El sufrimiento y los grandes maestros ()” -  de un virtuosismo diabólico tan refinado como redomado, grandes en la organización del efecto, en el culto del detalle, en los dobles fondos y la creación de símbolos,

Pero no le sucedía lo mismo con mentalistas e hipnotizadores. Pienso que la lectura de las obras de Gustave Le Bon, el estudioso de  la psicología de las masas,  le sugirió una visión negativa. Le Bon  consideraba  que la fascinación que provoca el tirano se aproxima mucho al estado de sugestión del hipnotizado en manos de su hipnotizador (3).
 
Erika Mann
Mann asistió a la actuación de un  hipnotizador durante sus vacaciones en Italia, en el verano de 1926. La sesión resultó tensa, desagradable. El escritor creyó ver en el mago la  imagen, a un tiempo atrayente y repulsiva, que había acuñado Le Bon. La cristalización definitiva se produjo cuando su hija Erika le comentó que no le sorprendería que un espectador sometido a sus humillaciones, pudiera acabar matándole.
 
Erika  había encendido la chispa que prendería la pólvora de su imaginación. En la pequeña novela el funesto mago Cipolla se gana a pulso dos balazos. El narrador es un padre de familia del que no se menciona jamás el nombre. Desde el primer día de su llegada a Italia se siente agobiado por el clima emocional desquiciado por el nacionalismo. Evoca con disgusto y enojo las  incómodas situaciones que tuvo que afrontar al iniciar las vacaciones en Torre di Venere, un pueblecito turístico situado a orillas del Tirreno.

Mann es un maestro a la hora de transmitir  las sensaciones ambientales,  muchas veces volátiles, que hacen posible que ocurra un suceso. El trato en el hotel es discriminatorio respecto a los clientes nacionales del hotel. El camarero les impide ocupar  las mejores mesas en el comedor. El administrador del hotel cede a la presión de otros huéspedes y les expulsa de sus habitaciones, debido a una  tos ferina de la que los niños ya están curados.

Se trasladan a una pensión mucho más agradable, regentada por una encantadora señora, que fue la mucama de la gran acrriz Eleonora Duse.  Pero los problemas no concluyen. . El  comportamiento inocente,  sin malicia de la hija pequeña, que sólo tiene ocho años, desencadenará una reacción inesperada en la playa. Los padres han permitido que la niña se bañe desnuda a fin de enjuagar su traje de baño salpicado de arena. La colonia de veraneantes considera que han perpetrado una "ofensa contra la decencia", Estiman  que han traicionado la hospitalidad con la que han sido recibidos en el país.  El asunto llega a conocimiento de la policía que les impone una multa de cincuenta liras.


Cartel de la película de
 Karlo Maria Brandahuer

Las sombras que proyectan estos incómodos incidentes se van haciendo poco a poco más densas  hasta cristalizar de manera funesta pero muy humana, precisa Mann, en la figura siniestra del caballero Cipolla.

La mayor parte de la novela relata la actuación del hipnotizador. El comienzo se hace esperar. El interés se acrecienta. Al fin se ilumina el tablado sobre el que aparece un velador y en él  una solitaria botella de agua y un vaso. En otra mesa baja se aprecia una botella de licor y unas copas. Un par de sillas y un perchero completan el atrezzo.

De repente aparece Cipolla. Al principio su aptitud es respetuosa y parece dispuesto a hacerse perdonar la tardanza. Viste un macferlan, botines, pañuelo de seda al cuello. Con una elegancia que no concuerda con su cuerpo deforme.

Mann describe con minuciosidad cada segundo que pasa. La parsimonia con la que se despoja de los guantes, la mirada inquisitiva que examina y desafía  a la audiencia, el cigarrillo que enciende,  la desorientación del público ante la inacción y el mutismo del mago.

Un joven alegre y despreocupado le interrumpe. La actitud del hipnotizador cambia. Le demostrará hasta donde puede llegar su poder, obligándole  a hacer el ridículo ante todos y ejecutar acciones que no desea.  

Uno de los números clásicos de los espectáculos de hipnosis de la época era inducir al espectador a que imitara a un animal y actuara como tal. Ahora vas convertirte en  una gallina. Es evidente que los procedimientos hipnóticos no son capaces, por sí solos, en ningún caso, de abolir la voluntad de una persona y de  inducirle a practicar actos contrarios a su voluntad, Pero  las circunstancias en las que se llevan a cabo, por ejemplo durante un espectáculo,  pueden presionar a esa persona para que admita las órdenes del hipnotizador. 
Thomas Mann

Cuando  se desentiende del joven, Cipolla realiza unos juegos numéricos en una pizarra, la adivinación de tres cartas, la catalepsia de un espectador. En realidad estos números son un pretexto para repetir el efecto en el que  consiste verdaderamente su espectáculo: controlar la voluntad ajena, torcer y retorcer la voluntad  de los espectadores que escoge para sus demostraciones hasta inducirles a cometer acciones degradantes. Mann desmenuza los recursos de los que se vale Cipolla para crear las condiciones adecuadas a la dimisión de la voluntad.  la charla elocuente y embaucadora,   la elección de los sujetos adecuados y  r el lenguaje corporal contundente, los gestos enérgicos – Cipolla se ayudaba de un  pequeño látigo - que exacerban  la sugestión y el miedo escénico.

El espectáculo concluye con la seducción de un simpático camarero. Cipolla le persuade de  que es la mujer de sus sueños,  a la que ama y desea.  Mario amor mío, dime ¿quién soy yo? Y Mario le besa en el rostro. Entonces Cipolla le despierta con un toque de su látigo.. Mario abandona el escenario lleno de estupor  Atraviesa el local. Al llegar a la puerta se vuelve y dispara sobre el hipnotizador. Cipolla intentará en su macabra mueca final  controlar la situación, pero caerá al suelo con la cabeza traspasada  por dos balazos.  

No muy distinto sería el final de Benito Mussolini, el dictador que sirvió de modelo a Thomas Mann para trazar las características del personaje de Cipolla. Hoy, muchos años después, podemos leer la novela, sin situarla en un periodo histórico preciso. Nos habla de las relaciones de poder, de la imposición de la voluntad de unos hombres sobre otros, de las humillaciones que soportan las personas que se encuentran en una situación de inferioridad.

Cipolla, el hipnotizador, representa también ese tipo de magos que reniegan de su arte.  Houdini dedicó buena parte de su vida a perseguirles y desenmascararles, sin utilizar otras armas que las que le proporcionaba su conocimiento de la magia.

 Notas

  
(1) Una edición reciente: Thomas Mann: La muerte en Venecia; Mario y el mago ; traducción [para la primera obra] de Juan José del Solar, traducción [para la segunda obra] de Nicanor Ancochea; prólogo de Francisco Ayala, Barcelona: Edhasa, 2011 

(2)  Gustave Le Bon: Psicología de las masas; prólogo a la edición española por Florencio Jimenez Burillo; [traducido por, Alfredo Guerra Miralles]Madrid: Morata, 2000 

(3)  The Nature of Hipnosis. A report prepared a Working party a request at the  Proffessional Affairs Borrad of the Brithist  Psychological Society. http://www.wholelifehypnosis.com/wp-content/uploads/2011/06/BPS-The-Nature-of-Hypnosis.pdf

 


domingo, 7 de octubre de 2012

Valle-Inclán, Harry Houdini y el hombre que tenía rayos X en los ojos (Segunda parte)





hodini.ramonmayrata.com
Cartel de ua demostració de Houdini
antiespiritista

Cuando Argamasilla llegó a  Nueva York encarnaba un deseo: Atravesar sin estremecerse la barrera infranqueable de la materia, interrogar la médula de lo inanimado, hacer visible su interior invisible. ¿Por fin aquel deseo se vertería en la vida real? Mr. Davis el representante brasileño que organizaba las demostraciones le presentó como El hombre que tenía rayos X en los ojos. Venía de Europa, avalado por personalidades indiscutibles pertenientes a la comunidad ciéntifica.. El premio Nobel de Medicina Charles Richet,  el doctor Gustav Geley – discípulo de Charcot  en el Hospital de la  Salpêtrière - e investigadores españoles de la talla del  ingeniero Torres Quevedo, el físico Blas Cabrera o el ingeniero de montes y biólogo José María de Castellarnau.  Todos ellos  habían asistido  a las sesiones en París y en Madrid. y  garantizaban por escrito que Argamasilla “había superado todas las pruebas y había demostrado concluyentemente a su satisfacción que podía leer a través de metal”.

Llegaba en un momento propicio. ¿Cómo describir algo tan vigoroso y, a la vez, tan frágil como un estado de ánimo colectivo?  Tras la primera guerra mundial se había producido un incremento de las creencias y prácticas espiritistas en Europa y Estados Unidos. El doctor Lafora , en su notable ensayo sobre el espiritismo,  consideraba natural que esa multitud de parientes y deudos, agobiados por la tristeza de ver desaparecer para siempre tanto ser querido en plena flor de la vida, intentasen acogerse a una esperanza ideal, a una tendencia animista que les ofrecía la posibilidad de poder comunicarse de nuevo en la Tierra, con el ser querido, arrebatado por la crueldad de la guerra (1).  El duelo generalizado explica el  apasionado interés por el más allá o la existencia después de la muerte.

¿Justificaba también la creencia en facultades excepcionales que se mantenían en un plano estrictamente físico como sucedía con la visión a través de los cuerpos opacos? El marqués de Santa Cara sostenía que la metasomoscopia – recordemos que tal era el nombre con el que había bautizado al fenómeno -  era una visión de carácter retiniana, alejada del plano astral por el que vagaban las elucubraciones de los ocultistas. Existía una corriente, denominada metapsíquica, que tenía un escrupuloso cuidado en diferenciarse del espiritismo. A los físicos, pues, correspondía desentrañar el portento.

Foto trucada de una supuesta
materialización ectoplasmática
El  clima que he descrito más arriba afectaba también a los círculos científicos en los que no era difícil encontrar una actitud benevolente hacia  las creencias en las manifestaciones de energía psíquica desconocida y  en la existencia de facultades humanas supranormales. Existía una reacción, en ocasiones no del todo consciente, contra el desencantamiento del mundo provocado por la ciencia  a partir del  renacimiento y especialmente desde el  siglo de las luces.

En vano Lafora  reclamaba rigor - el rigor de la ciencia -  a la hora de estudiar esta clase de prodigios. Miguel Masriera, un excelente periodista científico, que escribía en La Vanguardia, trasmitía la alegría casi infantil con la que sesudos científicos saludaban el triunfo de la metasomoscopia. Los conocimientos del hombre provienen de los sentidos,- clamaba uno de ellos, riéndose de su paradoja - Tal era el axioma de la ciencia positivista, y he aqui un caso en que es necesario inutilizar el sentido para lograr la percepción (2). No menos risueño, el doctor Ureña levantaba los brazos al cielo y exclamaba: La ciencia se hunde. En unos años no quedará nada de ella. Torres Quevedo, más comedido, declaraba: Veo el fenómeno y constato su veracidad,
pero no me lo explico. Esto es todo. Soy ingeniero, no físico.
                                                              


Hotel Pennsylvania
En Nueva York, las primeras demostraciones tuvieron lugar  en el Hotel Pennsylvania. Un hotel situado en la  7 ª Avenida. entre las calles 32 a 33 frente a la antigua estación de Penn. Allí tocaba, por entonces, Vicente López y su orquesta canciones como La última rosa del verano, Bing Bing o, tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamon, Tut Music. Mr. Davis convocó a personalidades de todos los ámbitos para que sirvieran como testigos de la autenticidad de los hechos. La expectación era enorme.

Aquel día,  el Pennsylvania, uno de los hoteles chic de Nueva York,  no es frecuentado únicamente por los ricos. En la sala hay gentes de toda clase y condición atraídos por la extrañeza del fenómeno.  Argamasilla está de pie, de espaldas  a una ventana, por la que penetra la luz del sol. Entorna los ojos, y pasea la mirada por la multitud que ha pagado su entrada. Hasta él se acerca su padre. Mr.Davis está nervioso. – le dice casi al oído - Acaba de descubrir al prestidigitador Houdini entre el público.

El joven Argamasilla tarda en localizarle. Es un hombre menudo, aunque de aspecto enérgico. Sabe que este mago, ilusionista, al fin y al cabo un hacedor de trucos, ha dedicado una parte sustancial de su vida en descubrir las mistificaciones y fraudes de los falsos médiums y hechiceros. No lo puede comprender. Pero la realidad es que Houdini no admite que nadie pueda afirmar que realiza un prodigio sobrenatural, cuando el puede duplicar ese prodigio utilizando medios exclusivamente naturales. ¿Es condición suficiente para desechar la veracidad de los fenómenos que reproduce? Algunos consideran que en modo alguno. Admiten que Houdini ha adquirido un  conocimiento enciclopédico de las técnicas secretas de los prestidigitadores, lo que le permite remedar con experimentos convincentes las demostraciones de los espiritistas. Pero se resisten a creer que los espiritistas se valen de esta clase de procedimientos tramposos. Lo que Houdini hace con truco – sostienen en el filo de la lógica y del sentido común -  los espiritistas lo llevan a cabo sin ninguna clase de manipulación. Sin embargo quienes son capaces de hacer estas disquisiciones son una minoría. Cuando Houdini emplaza a un médium en su punto de mira, sus intervenciones son demoledoras y acaban situándole frente a  la decepción y el repudio de los espectadores. 

Houdini y Argamasilla
Esta actitud de Houdini asombra y, tal vez, desazona, a Argamasilla, pero no resultará sorprendente para quien dirija una mirada a la historia de la magia. En concreto a su desacralización.  Fue en 1584 cuando un abogado llamado Reginald Scot publicó en Francia un libro titulado Descubrimiento de la brujería (3).  Lo hizo por razones profesionales. Estaba harto de defender a pobres diablos que cuando ejecutaban maravillas por arte de magia, es decir mediante su destreza, ingenio y capacidad artística, eran acusados de valerse de fuerzas sobrenaturales en complicidad con el maligno. Scot había intervenido en numerosos procesos por brujería, adquiriendo la convicción de que las acusaciones contra magos y hechiceros eran injustificadas, pues se valían de medios naturales para realizar sus prodigios. Dedicó  muchas horas a la observación de las actuaciones de prestigiadores, tropeleros, trashechadores jugadores de pasa pasa y de maese Coral. Así es como se llamaban por entonces a los ilusionistas. Describió y transcribió por escrito, por vez primera   las técnicas de las que se valían. Aquel libro ofrecía una información veraz sobre la magia. Su efecto fue contundente y duradero. Sirvió para que los magos se sacudieran cualquier relación con las fuerzas  sobrenaturales  y la magia se secularizara, convirtiéndose en una rama de las artes escénicas, basada en los efectos, la psicología, las tecnologías del  espectáculo.

Nada tiene de extraño que Houdini pusiera sus conocimientos y sabiduría al servicio de la búsqueda de la verdad. Seguía la estela de Scot y de los magos posteriores. En el siglo de las luces, los magos se presentaban como profesores de física y llamaban a su magia física recreativa. De este modo se convirtieron en los auténticos difusores de las ciencias entre las gentes que las ignoraban, que eran casi todas. Houdini no se cansaba de repetir, aunque pudiera perjudicar a su fama, que sus extraordinarios prodigios – como librarse de esposas y cadenas, evadirse de celdas herméticamente cerradas, de tumbas o de acuarios -  no eran imposibles para el esfuerzo humano. Eran el fruto de años de estudio minucioso de la percepción, la atención y el funcionamiento del cuerpo y de los sentidos. 

Reginald Scot:
The Discovery of Witchcraft
Ahora, aquel hombre que no creía en los milagros, que había dilucidado una por una las pretendidas manifestaciones espiritistas y desenmascarado a los supuestos  médiums, le observaba fijamente, con ojos en los que solo había dureza, sin mirada. Cuando la madre de Houdini murió  estos embaucadores se ofrecieron para  ponerle en contacto con ella en el otro mundo. Al fin, uno de ellos le entregó un mensaje. Estaba escrito en inglés, un idioma que su madre desconocía. Ella se expresaba en una particular koiné, una mezcla de yidisch, alemán y húngaro. De esta manera Houdini descubrió el fraude y decidió evitar que otros bribones sorprendieran la credulidad de las gentes y se aprovecharan de su ingenuidad.


¿El periodista de New York Times que escribió la crónica de aquel día percibió el desafío de aquella mirada? La proximidad  del Hotel Pennsylvania al  Madison Square Garden le inspira la metáfora de  un combate de boxeo. Un combate que podemos reproducir en nuestro imaginario. Argamasilla es un joven corpulento, un auténtico peso pesado. En la báscula Houdini hubiera marcado  el peso de la categoría pluma o como mucho ligero, pero en su pequeño cuerpo se concentraba una energía indomable, que le había permitido dejar fuera de combate a varios espiritistas y embaucadores.

Estamos en la primavera de 1924. También la primavera está presente en la sala, a través de la luz que penetra por la ventana abierta. Argamasilla se ha sentado en el alfeízar, con los ojos vendados.  Levanta hasta sus ojos una caja de metal, plateada, y lee en su interior  el nombre de E. Hendrickson . Seguidamente lee la palabra japonesa Munehira, omitiendo la e. Después solicita al público un reloj  de cadena, provisto de una tapa. Previamente indica a los espectadores que coloquen las manecillas  como les venga en gana, marcando la hora que quieran. Cuando han cerrado la tapa, lo toma en su mano, lo agita unos instantes y adivina la hora marcada.

Houdinii realizando
la simulación de un efecto espiritista
Houdini  no ha perdido de vista ninguno de los movimientos de Argamasilla. Se ha fijado en que mantiene el reloj horizontalmente entre los dedos índice y pulgar un instante. Luego lo eleva hasta situarlo frente a su rostro en posición vertical y lo hace descender de nuevo, recuperando la posición horizontal, pero sosteniéndolo esta vez de manera distinta, de forma que el pulgar se sitúa sobre el resorte de abrir la caja y el resto de los dedos lo sujetan por la parte de la esfera. Houdini se da cuenta que esta hábil maniobra permite a Argamasilla oprimir el resorte con el pulgar para que  la esfera se abra un poco. ¿Qué sentido tienen los movimientos  de alejamiento y acercamiento? Son los que le facilitan enfocar el interior del reloj para ver la hora a través de la mínima abertura. Tras lograrlo, devuelve el reloj a la posición inicial, pero no interrumpe  los movimientos de enfoque. Continúa ejercitándolos largo rato, aunque ya no sirven para nada. Sólo se detiene cuando juzga que  ha pasado tiempo bastante para que los espectadores hayan olvidado sus movimientos iniciales. Sólo entonces anuncia la hora.

Houdini se fija, también, en los movimientos que hace Argamasilla con la cabeza. De arriba abajo. De abajo arriba. De ese modo levanta los párpados cubiertos con algodones y, al bajar la vista, puede ver a través de la separación de la venda y el rostro. Son prácticas sutiles, que exigen una gran soltura y naturalidad y, como tales, requieren entrenamiento.  

Sin dudarlo, Houdini interrumpe la sesión. Afirma que  apuesta  5 contra 1 a que puede reproducir cada uno de los efectos que ejecuta Argamasilla. El reto provoca un gran tumulto en la sala y  Mr.  Davis acude en ayuda de su representado. Declara que Houdini  actúa de mala fe y que no está dispuesto a aceptar un desafío en tales condiciones. Entonces Houdini se levanta y señala a Argamasilla. ¿Visión sobrenatural? – ironiza - Este chico no ve a través del metal. Las adivinaciones que hace responden a un truco. Exijo que reconozca que tiene truco.

Fueron varias las sesiones en las que Houdini continuó acechando a Argamasilla.  En la que se celebró en el Newspaper Feature Syndicate (Sindicato de la Prensa) se colocó a su izquierda y pudo percibir cómo abría fugazmente el reloj.  Se había percatado de que Argamasilla tenía por norma ubicarse cerca de una ventana. Esta posición no sólo le permitía una buena iluminación sobre los objetos a manipular sino también mantener a los observadores controlados y de frente. Por otra parte, el vendaje que utilizaba podía impresionar a un profano, pero no a un mago experimentado como Houdini, que conocía más de una técnica para echar una ojeada subrepticiamente por debajo de éste o cualquier otro vendaje más complejo.

Folleto de Houdini dedicado
a la medium Margery
y al caso Argamasilla
En un folleto (4) que publicó referido al caso Argamasilla, Houdini dibujó la posible configuración de las cajas para permitir , a través de una rendija, el paso de la luz y, en consecuecia, la visión directa del interior. Los cierres metálicos permitían la movilidad suficiente para levantar un ángulo de la tapa o desplazar la corredera. Argamasilla sólo lograba descifrar los textos ocultos  cuando utilizaba sus propias cajas metálicas. Houdini logró reproducir su diseño y los movimientos y maniobras con los que las manipulaba de manera que consiguió  reproducir sus efectos públicamente.

La prensa de Nueva York  dejó de comparar a Argamasilla con un lince. Desistió de referirse a él como un   portento de la visión que abría cauces inéditos a la percepción humana. Se convirtió en  el mejor de los casos en un mistificador fantástico, tal como lo denominaba Houdini. En el peor en un gordiflón mentiroso. Para el público norteamericano había quedado meridianamente claro que Argamasilla se valía de una caja trucada, una caja de metal especial con bisagras y cierres que permitían la movilidad suficiente  para permitir que se abriera una grieta a través de la cual conseguir  una fulminante visión. La consecuencia fue el descrédito del joven médium español y de las teorías  metapsíquicas de su fogoso padre. Los que habían celebrado con ditirambos su llegada, le sometieron a un  trato vejatorio con idéntico entusiasmo.  Mr. Davis suspendió la gira prevista de  demostraciones y se esfumó el lucrativo negocio que compartía con Argamasilla padre..


Padre e hijo regresaron rápidamente a España. Podemos pensar que lo hicieron con prudente reserva, tentando una salida  discreta tras el descubrimiento del fraude. Pero no fue así. Sorprende que volvieran  aureolados por el éxito. Para una parte de la prensa española, Houdini había sido el gran derrotado. El sábado 24 de mayo de 1924, el periódico La Época (5) titula: El éxito en Nueva York de don Joaquín Argamasilla. La noticia se hace eco de la crónica de Nueva York, escrita por Miguel de Zárraga y publicada en el diario ABC, en la que se afirma que “Houdini apostó 5000 dólares a que hacía lo mismo que nuestro compatriota y, a pesar de los subterfugios que utilizó, perdió la apuesta”.  Zárraga abandonaría aproximadamente un año después la corresponsalía para ejercer como profesor en Vermont, en la Universidad de Middlebury. Con  la llegada del sonoro trabajaría  en la  adaptación al castellano, para las versiones españolas, de las películas de la MGM y de la Fox.

Antonio Zozaya
durante ua entrevista
Resultaba una quimera ocultar la verdad durante mucho tiempo. Sin embargo muchas personas en España, habían comprometido su palabra y su reputación, en defensa de la metasomoscopia y no parecían dispuestos a dar su brazo a torcer. Tras el descubrimiento del fraude, la discusión fue más agria y violenta. La ausencia de argumentos sólo dejaba libre una salida: la desautorización del contrario. Houdini se convirtió en el blanco de sus ataques. Un  caso representativo es el de Antonio Zozaya, escritor próximo a Giner de los Ríos, fundador de la Biblioteca Económica-filosófica. En artículo publicado en La Esfera (6) el 19 de septiembre de 1925 afirma no sentirse competente para entrar en el fondo de la discusión, pero sí nos parece, y hemos de consignarlo sin ambages, que  el menos indicado para comprobar hechos en apariencia maravillosos es un profesional de la taumaturgia. Acostumbrado a introducir en sus experiencias el fraude escénico, ¿cómo se librará de esta inclinación en frente de hechos en que toda sofisticación es merecedora de censura?

La desinformación de Zozaya, hombre por demás encantador y bienintencionado,  le conduce al prejuicio. Precisamente  Houdini llevaba muchos años estudiando toda clase de fenómenos paranormales y había formado parte de dos relevantes comisiones de investigación promovidas por  publicaciones de carácter científico como Scientific American o el Journal of Anormal and Social Psychology. Era la persona adecuada para examinar esta clase de manifestaciones.

A su regreso a España, el Marqués de Santa Cara se prodigó en la prensa para insistir en la veracidad de su descubrimiento. En algún caso, se le escapa cierto  detalle significativo. En la entrevista que concede a Masriera en su casa de la calle  Españoleto de Madrid  afirma que las  excelentes cualidades telepáticas de su hijo le permiten con la baraja, por ejemplo, hacer juegos maravillosos  (6) . Es decir que Argamasilla hijo era aficionado al ilusionismo y, en concreto,  a la cartomagia. Un detalle que pasa desapercibido, pero que, a mi juicio, tiene su importancia.

A pesar de que en el conjunto de los países civilizados, el caso Argamasilla se convirtió en  sinónimo de superchería, en España la polémica arrecia a principios de 1926. Será el año en el que morirá Houdini tras recibir u puñetazo en el abdomen, que le pilló desprevenido y le provocó una peritonitis.  Unos meses antes el doctor  Lafora publica tres artículos en el diario  El Sol que constituyen una mise au point del asunto. Tras resumir los argumentos de Houdini, Lafora propone realizar las pruebas de una manera controlada sin permitir al vidente tener en las manos los objetos cuyo interior quiere visualizar, evitando así manipulaciones. Propone fabricar una docena de cajas perfectamente herméticas, controladas en todo momento por los observadores, para realizar los experimentos.

Cajas metálicas
para realizar la experiencia
Su diagnóstico sobre la responsabilidad de Argamasilla hijo desarrolla toda una teoría psicológica sobre la videncia. ¿Se trata de un megalómano? ¿De alguien capaz de burlar la buena fe de las personas?  Para Lafora la actitud del muchacho es disculpable. Pone el acento en su padre a quien le consume una atracción que califica de exaltada por los fenómenos metapsíquicos. Su hijo ha vivido inmerso en ese ambiente desde niño, oyendo hablar de fenómenos supranormales y de la posibilidad de transposición de los sentidos. Ha asistido a cientos de sesiones y ensayos hipnóticos y, tal vez, aventura, ha sido sometido a ellos. Si tenemos en cuenta estos antecedentes podemos imaginar su reacción cuando su padre,  en plena adolescencia,  pretendió desarrollar en él una nueva facultad visual. Nada tiene de extraño que se sugestionara y creyera ver con los ojos, lo que realiza sólo con ellos.
  
Las réplicas a Lafora se multiplican. Santa Cara, su hijo, un grupo de doce profesores del Instituto Médico y Oftalmológico, el ingeniero Méndez Ormaza, varios académicos de ciencias, Valle-Inclán nuevamente. ¿Se puede hablar de un lobby que defiende a los Argamasillas en contra de la evidencia? En cierto modo así es. Aunque se trata de un lobby heterogéneo. Unos le defienden por amistad, como Valle Inclán. Otros porque han comprometido su prestigio y se sentirían ridículos al reconocer su error. Los argumentos se repiten. Coinciden en desautorizar a Lafora que no ha visto lo que ellos si han visto y pretende negarlo.

En cierto modo, Valle-Inclán insiste en este mismo argumento, aunque con más gracia.  Por lo visto" –escribe Lafora a propósito de unas declaraciones del escritor en El Imparcial - "el señor Valle-Inclán cree que somos tontos los que al ver a un hábil prestidigitador japonés pescar un pez vivo entre el auditorio, o convertir unos huevos en polluelos bajo un sombrero, o hacer cualquier otra habilidad ilusionista, no averiguamos el truco empleado"
.- No. Yo no creo que sean tontos los que no averiguan el truco de un juego de manos. – replica Valle-Inclán en el mismo periódico - Los tontos son los que, sin haber visto una experiencia, se empeñan en explicarla.

El redactor le pregunta entoces, si cree que la explicación de Lafora es aceptable. La respuesta de Valle es imaginativa, divertida. El escritor se distancia de los argumentos más convencionales de sus compañeros de polémica. .- No. El señor Lafora está diciendo una porción de puerilidades... Hoy, por ejemplo, exhibe con aire triunfal la carta de un señor que dice que ha presenciado la experiencia y cuenta, con tono escéptico, que Argamasilla vio una línea de color violeta en un objeto colocado en el fondo de la caja. Pues bien, este hecho destruye esa teoría de la rendija defendida por el señor Lafora. Si Argamasilla hubiera mirado por una rendija, aunque ésta fuera muy amplia, un objeto de color violeta en una caja que estaba, según cuentan, plenamente iluminada por el sol, el objeto le habría parecido negro... Eso lo sabe cualquier pintor. Es muy extraño que un doctor no lo sepa.(8)


Luis Araquistain
Intuyo que el doctor Lafora debió sentir en aquellos momentos cierta soledad. En uno de los artículos hace alusión a algunas personas que tras asistir a las demostraciones de Argamasilla, le han comunicado en privado sus observaciones sobre la falsedad de lo que han visto. Les pide con cierto dramatismo, que las hagan públicas. Los ·tapados· resultaron ser el escritor y periodista Luis Araquistain y el Doctor Negrín. Araquistaín enumera en un artículo  las conclusiones de ambos tras asistir al fenómeno.  "Presencié el experimento en compañía del doctor Negrín, de unos cuantos amigos del joven señor Argamasilla y de su padre, el marqués de Santa Clara”  Confiesa que la primera prueba le dejó estupefacto. · En una de las cajas metálicas que usa el señor Argamasilla habíamos metido Negrín y yo un recorte de periódico . Como de costumbre Argamasilla colocó  dos algodones sobre sus ojos y envolvió la cabeza en una venda. Cogió la caja que le dábamos, bien clausurada, y comenzó a enfocarla por la arista del cierre, situado en el centro. La apartó y la acercó al rostro repetidas veces, la ladeó en diferentes sentidos y al cabo de unos instantes de angustiosa espera, leyó unas cuantas líneas del recorte. Abrimos la caja, y cotejado lo leído con lo impreso, resultó que era idéntico. La prueba se repitió otra vez con el mismo éxito. El hecho era indiscutible. El señor Argamasilla leía dentro de una caja cerrada con llave.




El Dr. Negrín
Pero el doctor Negrín seguía desconfiando y reclamó que se hiciera una tercera prueba. Aún diciéndose fatigado, el señor Argamasilla accedió gentilmente a lo que se le pedía. Nos retiramos de nuevo Negrín y yo al cuarto contiguo donde hacíamos la preparación de la caja [...] sacó una tarjeta de visita con un nombre en el centro; escribió una dirección con letra bastante grande, e imitando la de imprenta, en el borde inferior y me dijo con su gravedad característica:
.-Verá usted como no lee lo que he escrito.
En efecto: el señor Argamasilla leyó el nombre impreso pero no la dirección manuscrita, a la cual no hizo ninguna referencia
.
 La conclusión de Araquistain es de una ingeniosa ironía: "El señor Argamasilla ve bastante bien en los cuerpos opacos y todavía mal a través de los cuerpos opacos".

A pesar de la defensa numantina que hicieron de sus actividades, puestas en tela de juicio, los Argamasilla perdieron su crédito y se vieron forzados a renunciar a sus pretensiones.  Nunca llegaron a reconocer el fraude en el que habían incurrido, pero Argamasilla hijo dejó caer aquí allá que sus poderes disminuían paulatinamente. Un día confesó que  se habían eclipsado por completo.

¿Qué fue de él? ¿Qué fue de su padre?  Tras su desenmascaramiento la actividad de Santa Cara  se encauzó hacia la política. Publicó  un libro cuyo título producirá desasosiego a quien conozca sus antecedentes:  En honor de la verdad; (9). Pero no trata de su propia vida. Es una defensa apasionada, en Santa Cara todo era apasionado, de la dictadura de Primo de Rivera. Con el general tal vez le unía el espiritismo. Primo había sido fundador  en Sevilla de la segunda sociedad espiritista  organizada en España.

Durante la última década de su vida – moriría en 1940 – Santa Cara elaboró una versión castiza del antisemitismo, que había alcanzado su cota máxima en la Alemania de Hitler. A su juicio existía una revolución mundial, cuya trayectoria conducía a la barbarie,  de la que la sinagoga era la entidad directiva.

El joven Argamasilla, cuyos poderes se habían eclipsado, siguió toda su vida vinculado al mundo del espectáculo. Tras la guerra civil se incorporó  a la Vicesecretaría de Educación Popular, el organismo, encargado de la propagación del modelo ideológico y cultural del  Partido único. Dirigió la sección de la que dependía la censura teatral y cinematográfica. Con los años llegó a ser director general de cinematografía.

Féretro de Houdini
El resto de los protagonistas de esta historia siguieron variados caminos.  Valle- Inclán murió antes de que se produjera la tragedia. Torres Quevedo y Amalio Gimeno en Madrid, el primer año de la guerra civil.  Castellarnau en Segovia, poco después,  en el 43.  Lafora, Madariaga, Araquistaín, Negrín, Zozaya, Blas Cabrera,  marcharon al exilio. Houdini, como ya he indicado, murió antes que todos ellos. Durante mucho tiempo se ha admitido la versión de que el responsable fue un estudiante  de la Universidad McGill  de Montreal en la que Houdini estaba  realizando una demostración en la que desacreditaba a un médium de Boston. El estudiante le preguntó si era cierto que podía resistir cualquier golpe que recibiera en el estómago. Houdini asintió sin demasiado entusiasmo. El estudiante, sin previo aviso le golpeó al menos cuatro veces con todas sus fuerzas antes de que pudiera detenerle. El golpe había pillado desprevenido al mago, sin la preparación precisa para encararlo. Días después Houdini moría en un hospital a consecuencia de la rotura de su apéndice. Se dio por supuesto que los golpes y la muerte estaban relacionados.  Pero desde el punto de vista médico parece que no hay constancia de casos de apendicitis producidos por un golpe. Un libro reciente aventuró una nueva hipótesis según la cual Houdini habría sido envenenado por elementos radicales del movimiento espiritista.

Lo curioso es que Houdini siguió librando su batalla después de muerto. Había elaborado un código que sólo él y su esposa conocían  y había acordado con ella que el primero que muriera se pondría en contacto con el otro desde el más allá, despejando de una vez por todas las incógnitas. Diez años después de su muerte, su esposa afirmó públicamente que no se había producido manifestación alguna y que el experimento podía darse por concluído.

Notas

(1) Rodriguez Lafora, Gonzalo: Sobre el espiritismo en Don Juan, los milagros y otros ensayos. Madrid : Espasa-Calpe, 1927

2) Masriera i Rubio, Miguel: La metasomoscopia , La Vanguardia, Barcelona, Sábado, 16 de Febero de 1924, pág, 5

(3) Scot, Reginald : The Discoverie of Witchcraft, Wherein the lewd dealing of witches and witchmongers is notablie detected, the knaverie of conjurors, the impietie of inchanters, the follie of soothsaiers, the impudent falsehood of cousenors, the infidelity of atheists, the pestilent practises of Pythonists, the curiositie of figure casters, the vanitie of dreamers, the beggerlie art of Alcumystrie, The abomination of idolatrie, the horrible art of poisoning, the vertue and power of naturall magicke, and all the conveiances of legierdemaine and juggling are deciphered: and many other things opened, which have long been hidden, howbeit verie necessarie to be known, 1584. London, William Brome.

(4) Houdini, Harry: Houdini exposes the tricks used by the Boston medium "Margery" to win the $2500 prize offered by the Scientific American: Also a complete exposure of Argamasilla, the famous Spaniard who baffled noted scientists of Europe and America, with his claim to X-ray vision ...Adams Press, 1924 -

(5) La Época: 24 de mayo de 1924

(6) Zozaya, Antonio: La Esfera, 19 de septiembre de 1925

7) Lafora, Gonzalo: El Sol, 18 de febrero de 1926.

8) Valle-Inclán responde a una alusión, Heraldo de Madrid, 25 de febrero de 1926.

(9) Luis Araquistain: "La visión en los cuerpos opacos", El Sol, 23 de febrero de 1926..

(10) Argamasilla de la Cerda y Bayona, Joaquín : En honor de la verdad : la dictadura española, su obra beneficiosa y su fracaso en la pública opinión, causas mediatas e inmediatas de éste Madrid , Imp. de Juan Pueyo, 1930 .