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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Luca Pacioli, prestidigitador a lo divino

La fuerza de los números

 

 

Ampliación del enigmático rombicuboctaedro

 
 

 
Los juegos de magia, con el desarrollo de un embrionario método científico y el proceso de racionalización cultural, se producen en un entorno distinto. Las condiciones de la ilusión se modifican pues el ingenio humano ya no se engaña a sí mismo. Es capaz de crear y reproducir los engaños y, en consecuencia, de desengañar y desengañarse. Cervantes escribirá en el Persiles: « Porque ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña: el engaño está en quien no la sabe» [1].

 


Piero de la Francesca; Conversación sacra
 

 

Incorporación de los conocimientos científicos para la creación de nuevos juegos


«… pero debes ser cauteloso para que no te avergüencen dado que las cosas cuanto más secretas, son más hermosas».

Luca Pacioli: De viribus quantitis, Códice 250, pág   059 reverso.

 

       





Tarot Visconti Sforza

 
Tras la expansión de la imprenta en Europa, la circulación y popularidad de los naipes se multiplica. Entre 1496 y 1508 se escribe De viribus quantitis que es, tal vez, el primer libro dedicado principalmente a la magia en Occidente. Un tratado que aúna recreaciones matemáticas y experimentos científicos con efectos y trucos ilusionistas y uno de los primeros lugares en el que se mencionan y describen trucos y efectos de cartomagia.








 
 
 
Modernamente se denominará «Matemagia»  [2] a esta confluencia entre la magia ilusionista y las matemáticas que se origina, en sincronía con el desarrollo de los primeros conceptos del álgebra lineal  Leonardo de Pisa, conocido como Fibonacci, dedica un capítulo a la matemática recreativa en el Liber Abaci, un tratado de matemáticas comerciales, publicado en 1202 que introduce en Europa la numeración decimal arábiga. Tiene el capítulo el atractivo título de «preguntas vagabundas»,  preguntas sin aplicaciones inmediatas concretas.
Leonardo de Pisa "Fibonacci"








Siguiendo esta orientación Luca Pacioli, el autor de De Viribus Quantitatis (Sobre el poder o la virtud de los números)  incorpora conocimientos científicos para la creación de nuevos juegos.
Letra diseñada por Pacioli


Pacioli es el mismo monje franciscano y matemático que en « De la divina proporción» (1509), relacionó la sección áurea con las cánones de la arquitectura y las proporciones clásicas del cuerpo humano.  Un libro ilustrado en parte por Leonardo Da Vinci con quien le unió una gran amistad y frecuentes intercambios de conocimientos cuando formaban parte de la corte milanesa de Ludovico Sforza, el Moro.


Cenotafio de   Ludovico el Moro y Beatrice d'Este

Nacido en la pequeña ciudad toscana de Borgo de Sansepolcro, hacia 1445, en una familia modesta,  sufragó sus estudios trabajando como preceptor de los hijos de un rico comerciante veneciano. En Roma estudió teología y recibió el habito de la orden franciscana. Enseñó matemáticas en distintas ciudades italianas: P
erugia, Nápoles, Padua, Asís, Urbino…







Borgo de Sansepolcro
 También en su pueblo natal de Sansepolcro, donde en 1489 escribió la Summa sobre la aritmética, la geometría y la proportionalidad, primer libro de matemáticas escrito en italiano. Sin duda es su libro más ambicioso: una obra de carácter enciclopédico en la que consecuentemente no todo es original pero su talento compilador y algunos hallazgos notables provocaron una verdadera revolución en su tiempo. En la Summa se encuentran las primeras aproximaciones al cálculo de probabilidades, la formalización del sistema de contabilidad por partida doble y un ejemplo de logaritmo neperiano «avant la lettre». 

Summa
  Publicó la Summa en Venecia en 1594. Se la dedicó al Duque de Urbino, Guidubaldo da Montefeltro, con quien aparece en un retrato, atribuído a Jacopo di Barbari, que no está exento de cierto misterio. Tal vez a causa de las miradas perdidas de los protagonistas que no llegan a cruzarse: La mirada evanecente de Pacioli mientras expone la octava proposición del libro XIII de los Elementos de Euclides dedicado a los sólidos platónicos y la de su joven discípulo Guidubaldo de Montefeltro que distraídamente se dirige al  espectador.



Retrato de Luca Paoli atribuido a Jacopo Barbari
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

Los objetos dispersos por el escritorio forman  una constelación que define el espacio intelectual del monje geómetra. Una pluma, una regla, un goniómetro, una tiza, una caja… Los dos sólidos geométricos parecen recrear el universo platónico estudiado por Pacioli en sus tratados. Un dodecaedro de madera se asienta sobre un libro y un enigmático rombicubotaedro[3] de cristal flota, con agua en su interior, suspendido del techo mediante un hilo tembloroso. 

Cartas Venecianas. Siglo XV
 

¿Hubiera desentonado una baraja? Sin duda: No era  procedente para un monje entretenerse con cartas pues una encarnizada corriente moral contra el juego asociaba los naipes con el vicio y las actividades deshonestas. Curiosamente Pacioli  escribe un libro de cartomagia en el que las cartas no se asoman al primer plano. Pero insiste, siempre que tiene ocasión, en que el mismo juego sería más efectivo si se utilizan naipes en lugar de monedas u otros objetos.

TRUCOS DE CARTAS EN DE VIRIBUS QUANTITIS 1496/1508

De viribus quantitatis está escrito en Milán, donde Pacioli había sido requerido por Ludovico el Moro  para que enseñara matemáticas en sus dominios. La obra se divide en tres partes. La primera está dedicadas los juegos matemáticos y, especialmente, a la lectura del pensamiento mediante la aritmética y el álgebra: adivinar un número pensado por el espectador, el número de monedas que esconde en su mano, la cantidad de mercancías que compró, el dedo e incluso la falange donde se encuentra el anillo o el valor de la cara oculta de un dado. Incluye una serie de cuadrados mágicos astrológicos, uno de los cuales coincide con el que reprodujo Durero en el grabado «Melancolía»

Alberto Durero Melancolía (detallr del  Cuadrado Mágico) 1514



 

 

 

 

 

La segunda dedicada a las construcciones geométricas reúne efectos basados en propiedades geométricas, rompecabezas y juegos topológicos, de los que puede considerarse la primera compilación

La tercera sección lleva por título «otros documentos» y es heterogénea. Prescinde de las matemáticas, pero no de los efectos maravillosos e ilusiones  que procuran placer y desarrollan el ingenio. Se inicia con 13 métodos de escritura que emplean tinta invisible o sistemas de encriptación que permiten salvaguardar los secretos.  No olvidemos que nos encontramos en una cultura que se asienta en el secreto en la que los conocimientos obtenidos pacientemente constituían un patrimonio que se protege y difunde de manera muy controlada.

Seguidamente describe juegos que formaban parte del repertorio de los magos callejeros, de los tragafuegos y efectos de lo que hoy denominamos faquirismo, a los que me referiré más adelante. Esta tercera parte contiene, también,  proverbios, consejos prácticos, ilusiones ópticas y táctiles, dispositivos hidráulicos, experimentos físicos con imanes, una explicación del funambulismo, juegos con nudos, algún efecto de papiroflexia, versos nemotécnicos, charadas y enigmas.

Muchos de los efectos ilusionistas de las dos primeras partes son extrapolables a una baraja, En cuanto a los secretos, Luca Pacioli se basa en lo que denomina la «fuerza de los números», es decir las propiedades de los números que la mayoría desconoce. Juegos en los que se invita a los espectadores a pensar en un número y, a través de una serie de operaciones aritméticas, logra adivinar el número, provocando la ilusión de haber leído el pensamiento. Detrás de cada juego se encuentra la resolución de una ecuación.  Algunos no son muy distintos de las recreaciones del libro de Leonardo Pisano, al que hemos hecho referencia más arriba. Sin embargo Pacioli – y esto es lo que le singulariza -  se preocupa en concebir una presentación, un desarrollo y un desenlace que convierte sus juegos de ingenio en verdaderos juegos de magia.

Magia espectacular

¿Por qué un científico preocupado por la difusión y el aprendizaje de la ciencia apuesta por una magia espectacular? ¿Por qué un investigador destacado, un científico de élite en su tiempo, articula sus juegos para ocultar los principios y porqués que los producen, de manera que  el espectador no encuentre una explicación racional?  ¿Por qué Luca Pacioli valora por encima de todo que las matemáticas provoquen una sensación mágica? 

El poder divino a través de los números

Pacioli no sólo explica el fundamento matemático de sus juegos. Se preocupa por la manera más efectiva de hacerlos. El monje, geómetra y matemático se comporta como un mago ilusionista que pretende realizar un imposible. Sin duda sus enigmas  están concebidos para estimular las mentes de los jóvenes y atraerlos hacia el estudio, consciente de que la mente espoleada por el misterio adquiere una mayor agudeza que, a veces, podríamos considerar una «segunda vista». Pero esta no es su única intención. Al intentar suscitar una emoción prodigiosa su propósito es trasmitir las portentosas propiedades de las matemáticas, un auténtico catálogo de maravillas. Las matemáticas son milagrosas e incluso Dios se vale de ellas y de los recursos de la prestidigitación para manifestar sus poder. El monje se convierte en mago para mostrar el poder divino a través de los números.

confluencias
Marsilio Ficino en la esquina izquierda
 

Todo ello tiene un cierto regusto pitagórico. El número explica la realidad. La concepción de la magia ritual de Pacioli se aproxima a la del círculo neoplatónico florentino que encabezaba Marcello Ficino (1433-1499), quien había emprendido una tarea de cristianización de la magia partiendo de una supuesta sabiduría arcana egipcia como soporte del ritual teúrgico, la astrología, la interpretación de los sueños, la adivinación, el arte de la memoria, la cábala, la magia natural, los talismanes y el laboratorio alquímico. Es decir se valía de  todo el arsenal del esoterismo para acercarse a Dios imitando a la divinidad en su acto creador.

 


Pico de la Mirándola

Nulla est scientia quae nobis magi certificat de Divinitate  Dei quam magia et cabala

Pico de la Mirandola


En el caso de Pacioli, las matemáticas, el número y sus leyes son la herramienta en la que convergen la interpretación esotérica de la magia ritual del hermetismo renacentista con la búsqueda de respuestas a lo sobrenatural mediante causas naturales y la atracción por los efectos maravillosos, a las que añade el reencantamiento que otorga sentido a la magia ilusionista. Es decir que en la filosofía, en la magia ritual, en la ciencia y en la religión, que participan en esa forma peculiar de saber que es el hermetismo, Pacioli infiltra una dosis de prestidigitación. 



Las tres Magias

En la primera y en la segunda parte de De Viribus Quanticus  Pacioli exime a la magia de cuestionamiento pues se desempeña como la expresión del poder de Dios. En la tercera, sin el soporte de las matemáticas, su visión es, a veces, más crítica e indagadora. Una actitud cercana a esa otra intención renacentista, que he mencionado, de buscar explicación natural a lo sobrenatural, propia del persistente proceso racionalizador, que se vale del método experimental y se cobija ,a menudo, en aquellos tiempos, bajo el nombre de magia natural.

  Pacioli no sólo confiere a la magia ilusionista la grata pretensión de maravillar y divertir. Es una manera de hacer esas «preguntas vagabundas» a las que se refería Fibonacci, de explorar «a tientas»  el imaginario en compañía del lector o del espectador. Y,  en este sentido, justifica el mantenimiento del secreto con los propósitos de no anular la sorpresa y el recreo, causar mayor diversión, aguzar el ingenio o actuar sobre el ánimo mediante la extrañeza y el humor. 

 

Lo que sorprende en De Viribus Quantitatis y lo convierte en una obra singular es la comprensión del papel del ilusionismo como antídoto para el desencantamiento. Pacioli equipara la creación de ilusiones y la belleza del asombro- es decir la magia ilusionista-  a las otras dos formulaciones objeto del conocimiento y manipulación de la realidad: la magia ritual y el método experimental. Estima que las tres cumplen cometidos distintos y, al tiempo, complementarios pues la primera se ocupa de lo sobrenatural, la segunda de la naturaleza y la tercera del imaginario humano. Una idea que no resulta descabellada si comprobamos, 500 años después, que siguen existiendo la religión, la ciencia y el espectáculo.

 

«Segunda Vista».

              

 

El libro de Pacioli incluye técnicas, procedimientos y algunos efectos que perdurarán en los siglos posteriores. Destaca uno de los juegos que puede considerase una versión primera de la «Segunda Vista», un acto de mentalismo en el que el ayudante del mago se muestra capaz de adivinar los pensamientos de los espectadores o identificar los objetos que estos escogen fuera de su vista o bien porque se encuentra en otro lugar o porque tiene los ojos vendados.

Dactilomía
 

Pacioli propone que el ayudante, en este caso un niño, adivine una carta que ha tocado un espectador sin que pudiera verla. Previamente, el niño ha memorizado un sistema de numeración por medio de los dedos que el mago le muestra reservadamente, con las manos a la espalda o de cualquier otra discreta manera. «Podrás adiestrar a un niño para  adivinar la carta,  aunque esté encerrado en otra habitación o a distancia,  por medio de los números que has acordado con él[4]».

 Dos Santos Hirth[5]  recuerda que esta forma de codificación de los números se llamaba  «dactylonomía», arte de computar, numerar, calcular, contar, enumerar, figurar y simbolizar los números por medio de los dedos, un lenguaje cifrado que desarrolló en Occidente Beda el venerable, en el siglo VII.



El sistema de recuento con los dedos del Venerable Beda (673-735)» de Jacob Leupold (1674-1727) en  'Theatrum Arithmetico Geometricum', publicado en Liepzig, Alemania, 1724.
 
 

Pacioli atribuye el juego a un mago de Ferrara llamado Giovanni de Jasone[6].  Este hombre empleaba como ayudante a un niño al que adiestraba en un sistema de codificación más versátil. Si el niño tiene los ojos vendados, el mago puede revelarle la identidad de la carta elegida, mediante toses, suspiros, la posición de los pies, además de señas y gestos.

Piero de la Francesca: Ragazzo


 

La sensación que provocaba a quienes no conocían el camino es que todo era «cosa hecha por arte mágica divinatoria[7]».  Y había quienes llegaban a persuadirse de que «el niño tiene un espíritu familiar que le revela toda clase de cosas».

Pacioli concluye: «Siempre podrás hacer fantásticas cosas mediante este sistema… pero debes ser cauteloso para que no te avergüencen dado que las cosas cuanto más secretas, son más hermosas»[8].

 

 

 

Juego matemático

Luca Pacioli entregando un libro a Ludovico Sforza
 

Entre los muchos juegos del libro de Pacioli uno puede servir como arquetipo de los juegos matemáticos que a partir de un conjunto de instrucciones permiten realizar una adivinación.  En el capítulo sesenta y nueve de De viribus quantitis  Pacioli desarrolla un método para encontrar una moneda entre 16. Un juego que se puede hacer con cartas. De hecho es precedente de «las 21», conocido tanmbién como «3 veces 7» o «3 veces 9».

Pacioli usa dos pilas de 8 monedas. Se pueden distribuir las cartas en dos montones de 8 y se da a elegir una carta es importante que el espectador sepa en todo momento en cual de ellos se encxuentra su carta. Por cuatro veces reagrupará nuevamente las cartas sin invertirlas, tomante sucesivamente una carta de cada montón, siempre a partir del montón en el que no está su carta.

Al final se queda con el montón que contiene su carta. Retira la primera que no es la elegida. ¿La segunda? Tampoco.¿La siguiente? ¡Sí! Es su carta.

Siempre será la tercera contando por arriba. La pregunta es pertimente: ¿la carta elegida queda en esta posición independientemente de la posición que ocupaba al principio? Si  probamos todas las posibilidades, hallaremos que las siguientes secuencias de números - cada número representa la posición de la carta elegida después de cada reparto- son

8 - 1 - 7 – 3  /  7 - 3 - 3 – 3 / 6 - 5 - 7 – 3 / 5 - 7 - 3 – 3 / 4 - 1 - 7 – 3 /

3 - 3 - 3 – 3 / 2 - 5 - 7 – 3 y 1 - 7 - 3 - 3

Una vez que la carta ocupa la tercera posición, no se mueve de este lugar. El orden y la dirección en que se recogen las cartas determinan su posición en la pila.

Cinco siglos después David Coperfield realizaría este juego en uno de sus especiales de televisión.

Luca-Pacioli-De-ludo-scacchorum-1499-1500-Gorizia-Fondazione-Coronini-Cronberg
 







Notas






[1] Miguel de Cervantes: Los trabajos de Persiles y Segismunda, libro I, capitulo XIII; 1616.
[2] Los expertos sitúan el primer problema de matemáticas recreartivas conocido en el problema 79 del papiro Rhind o de Ahmes, hoy en el Museo Británico. Un papiro cuyas palabras iniciales son «Cálculo exacto para entrar en conocimiento de todas las cosas existentes y de todos los oscuros secretos y misterios».  Angel Pulpón Zarco: Historia del Papiro de Rhind y similares. http://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=18&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjJ-Zi8ovHcAhVix4UKHdMZBQEQFjARegQIDBAC&url=http%3A%2F%2Fmatematicas.uclm.es%2Fita-cr%2Fweb_matematicas%2Ftrabajos%2F165%2Fel_papiro_de_Rhind.pdf&usg=AOvVaw2TSabzfmBg-e7oGJIXTRf5
 
En Occidente, en el siglo X, Alcuino de York reunió Propositiones a Acuendos Iuvenes, un compendio de matemáticas recreativas, destinado a las escuelas fundadas por el emperador Carlomagno

[3] Poliedro semi-regular compuesto de ocho triángulos equiláteros y dieciocho cuadrados.
[5] (2015) Dos Santos Hirth, Tiago Wolfram Nunes: Luca Pacioli and his 1500 book De Viribus Quantitatis, Mestrado em História e Filosofia das Ciências, Universidade de Lisboa Faculdade de Ciências Secção Autónmoa de História e Filosofia das Ciências      
[6] Giovanni de Jasone de Ferrara  junto a otro mago de la época, Francesco da la Penna, se significó como  experto en estimar o adivinar cantidades.
[8] Luca Pacioli: De viribus quantitis, Códice 250, pág   059 reverso.

 
 

 




 

 


lunes, 22 de julio de 2013

La cabeza parlante del Quijote o como el engaño desengaña


Versión actual de la Cabeza encantada 
de Ana Tamariz y Manu Vera (1)
Una vez en Barcelona, Don Quijote recorre el último tramo hacia la derrota definitiva[i]. Pronto experimentará el sabor amargo de lo que en lenguaje de la época se llamaba el perfecto desengaño[ii][1]. Las quimeras que habían sustentado su vida se deshacen. Pero resulta curioso que, antes de afrontar al desencantamiento, se enfrente a un juego de magia. Uno de los tres juegos de magia que desempeñan un papel en la novela. Se trata de la cabeza parlante que guarda don Antonio Moreno, su anfitrión, en un apartado aposento. Don Antonio es un lector entusiasta de la primera parte de sus aventuras y le ha invitado a aljarse en su casa durante la fiesta de San Juan.



Los magos han exhibido desde hace siglos la ilusión de la cabeza parlante ejecutada mediante diferentes métodos y con diversas presentaciones. La Esfinge es una de las  más enigmáticas[i]. El coronel Stodare presentaba la ilusión diciendo que en Egipto había encontrado a un mago callejero que le entregó una caja que contenía la cabeza viva de una mujer.
Los decapitados o las cabezas cortadas son su versión más truculenta[ii]. En algún caso, se convirtió en muñeco de ventriloquía como Pedro, la cabeza barbuda parlante del excepcional ventrílocuo Wenceslao Moreno[iii]. Conocido como Sr.Wences desarrolló su carrera en Estados Unidos, donde fue una de las estrellas del  Ed Sullivan Show en los años 50 y 60 del siglo pasado. Con el pulgar y el índice formaba los  labios de uno de sus personajes: un niño descarado al que llamó Johnny. Pedro era una cabeza sin cuerpo guardada en una caja. Fue el resultado de un accidente de tren, en el que su muñeco habitual  se destruyó. Quedó sólo la cabeza.

Sr.Wences con Pedro, la cabeza parlante

Pero generalmente la cabeza parlante es un efecto de los denominados de grandes ilusiones o aparatos que suele estar unido a la adivinación y a otras suertes de mentalismo, al estilo de los trucajes de los oráculos, en los antiguos templos, que describe Herón de Alejandría[vi]. Adolphe Blind[vii] al referirse a los autómatas parlantes trucados cita un pasaje de Teodoreto de Ciro en el que cuanta que el obispo Teófilo, cuando destruyó las estatuas de los dioses paganos en Alejandría, encontró huecos en los cuales se podían esconder los sacerdotes y de esta manera hablar a través de las bocas de las estatuas.  

La serpiente adivina


Serpiente Glicón 

Muchos de los procedimientos ingeniosos y fraudulentos empleados por los sacerdotes en la Antigüedad fueron revelados por el pitagórico Celso en su libro Contra los magos[viii], hoy desaparecido. Aun así  podemos hacernos una idea aproximada gracias a su amigo y corresponsal Luciano de Samosata que delata, en Alejandro o el falso profeta[ix], el proceder del taumaturgo Alejandro de Abonoteico. Este “supuesto profeta” fundó una religión dedicada al dios serpiente Glicón y se hizo inmensamente rico, emitiendo oráculos que vendía al precio de un dracma y dos óbolos. Un paisano y discípulo de Apolonio de Tiana[x] le inició, simultáneamente, en las malas artes de la hechicería y en las más sutiles del ilusionismo y la prestidigitación, que por aquel entonces andaban mezcladas. Luciano lo explica de manera inmejorable cuando describe el alma de Alejandro como una mezcla muy variada, hecha a base de falsedad, engaños, perjuicios y malas artes pero también de inteligencia, sagacidad y sutileza.[xi]  Sin una presentación escénica y un aparato teatral, tal mixtura de conocimientos no hubiera logrado embaucar a los hombres crasos, nombre con el que, según Luciano, los magos designaban a las multitudes susceptibles de ser engañadas. De manera que Alejandro completó su aprendizaje de la mano de un coreógrafo llamado Coconas. Con él, sedujo a la acaudalada Macetis, que les invitó a visitar su patria de Macedonía. Como hoy sucede en  Grecia, aquella región antaño había sido próspera, pero se hallaba empobrecida. Tenían aquellos macedonios costumbre de domesticar a las serpientes y Alejandro  se hizo con una de gran tamaño, a la que habían extirpado el veneno. Naturalmente no daba puntada sin hilo. La serpiente formaba parte de un minucioso plan. Luciano asegura que Alejandro había comprendido que la vida del hombre está gobernada por dos fuerzas. La esperanza y el miedo.  ¿Cuál es la mercadería de la que unos y otros tienen necesidad? Nada más codiciado que conocer el futuro.  Bastaba echar una ojeada a los oráculos de Delfos o Delos para comprobar que eran negocios muy prósperos. Antes de regresar a su pueblo de Abonoteico, Alejandro enterró en el templo de Apolo de Calcedón, unas tablillas que auguraban la aparición de Asclepio, dios de la Medicina, cuyos poderes curativos simboliza una serpiente enroscada a su bastón. En cuanto la noticia llegó a Abonoteico, sus habitantes votaron construir un templo para acoger al dios. Poco después, Alejandro se presenta ante ellos vestido con una túnica blanca, ribeteada de púrpura. Se ha dejado crecer los cabellos, que ondean al viento cuando empieza a balbucir el oráculo en el que anuncia la inmediata llegada de Asclepios bajo la apariencia de una serpiente. Parece  fuera de sí. Su boca rezuma espuma. He ahí otro truco de ilusionista, para el que emplea la raíz de una planta. Podemos apreciar su dominio de los tiempos. Esa misma noche entierra un huevo de oca entre el barro de  los cimientos del templo en construcción. Previamente lo ha  vaciado y  ha introducido en su interior una pequeña culebra viva. Al día siguiente se encarama a un altar en el ágora, cubierto tan sólo por un taparrabos de oro. Pronuncia palabras ininteligibles, al tiempo que felicita a la ciudad porque va a recibir a un dios. La multitud se enardece y le sigue hasta el lugar donde se está edificando el templo.
Asclepio

 Allí actúa de  nuevo como un ilusionista. Solicita una copa, la hunde en el barro y extrae el huevo de oca. Nadie se apercibe de las marcas de  cera blanca y albayalde que disimulan la fractura por donde anteriormente fue abierta la cáscara para introducir la culebra. A la vista de todos, rompe el huevo. Salta  la culebra y se enreda entre sus dedos. Ante la sorprendente aparición, pocos ponen en duda que se trata del mismísimo Asclepios, metamorfoseado en serpiente. La expectación se convierte en fascinación. Alejandro se dispone a alimentarla pero deja pasar unos días. Esta vez sustituye la diminuta culebra por la imponente aunque inofensiva serpiente que había traído de Macedonia, a la que incorpora una cabeza de tela que ha fabricado. La cabeza es perfectamente verosímil – asegura Luciano. Para lograrlo utiliza recursos de ilusionista: abría la boca por medio de unas crines de caballo y asomaba por delante una lengua  como la de una serpiente, bífida y negra, que se movía bajo la acción de las crines de caballo también.[xii]  Luciano insiste una y otra vez en la alianza de la escenografía con el deseo, la capacidad de alterar la visión de la realidad que posee el deseo.  Alejandro sólo se deja ver en su alcoba, tumbado en una litera, con iluminación escasa y sin recibir la luz de plano. La serpiente se enrosca a su cuello, pero oculta la cabeza verdadera bajo el sobaco del taumaturgo. De modo que la larga cola parece terminar en la cabeza de tela. La multitud desfila ante la puerta abierta, atisba un instante, sin poder detenerse, pues los de atrás vienen empujando. En aquella tenue luz la cabeza de la serpiente abría y cerraba la boca – afirma Luciano e, inmediatamente, añade que se necesita una mente dura como el acero frente a este tipo de espectáculos, para no creer lo que era evidente.
 La situación está madura, para anunciar que el dios va a dar un oráculo. Los fieles se hallan ansiosos de formular sus preguntas sobre la salud, materia de la que entendía Asclepios, y así mismo, sobre la fortuna o el amor, que siempre nos inquietan a los hombres. Tras pagar el canon estipulado, escriben sus preguntas en un libro que se guarda en un envoltorio sellado con cera o barro. Para responder Alejandro acude al ilusionismo, una vez más. Sin duda era un hábil escamoteador. Se retiraba a una estancia apartada, abría los sellos, respondía por escrito a las cuestiones formuladas, volvía a sellar el envoltorio  y  los devolvía con mucho asombro de los que lo recogían pues se preguntaban quién si no un dios puede responder a una pregunta que permanece oculta bajo un sello difícil de imitar.   Según Luciano Alejandro utilizaba tres sistemas diferentes para quitar el sello y reponerle sin que se aprecie manipulación. Sin duda es un  proceder habitual en todo buen mago que lejos de hacer nada de una única manera, utiliza una variedad de recursos, en los que cada uno de ellos sirve para desdecir y negar a los demás. En un caso retiraba el sello sin alterarlo, mediante una aguja candente. En otro mediante una pasta, confeccionada con pez de Brescia, betún, piedra transparente molida, cera y goma de lentisco, en la que estampaba una réplica del sello original. Por último sustituía el sello por un molde hecho con yeso encolado. Como buen ilusionista nunca dejaba de buscar un efecto más contundente.  Un día anunció que el propio dios- serpiente respondería a las preguntas en persona y sin intermediarios. Los fieles se quedaron pasmados cuando la serpiente contestó a los más pródigos,  sólo a aquellos que contribuían con  donativos cuantiosos. Como veremos más adelante,  el procedimiento del que se valía para provocar la ilusión era idéntico al empleado en la cabeza parlante del Quijote.

Planteamiento ilusionista de don Antonio


Versión actual de la Cabeza encantada 
de Ana Tamariz y Manu Vera (2)
Pero antes fijémonos en las maneras con las que don Antonio presenta la cabeza a don Quijote. Acaban de terminar de comer y, levantados los manteles, don Antonio toma de la mano a  don Quijote. Una costumbre que aún se conserva en lo que queda de Oriente.
 El artilugio de Don Antonio tiene el aspecto de los bustos que proliferaron durante el imperio romano para representar a los personajes relevantes, aunque no todos lo fueran.
Todos los gestos de Don Antonio son propios de un mago avezado que trata de demostrar que no existe trampa alguna e intenta desvanecer cualquier posible explicación, aun cuando no sea cierta.  Recorre el aposento, rodea la mesa una y otra vez. Se encara con don Quijote y le pide que guarde celosamente el secreto de lo que va a ver. Una vez creados la expectación y el misterio, toma de nuevo la huesuda mano del hidalgo y le hace palpar la cabeza y la mesa, hasta que parece evidente que no hay orificios, ni junturas, ni ningún mecanismo disimulado o encubierto. Tocar las apariencias, llamaría a esta operación Cervantes y en otra parte del libro pone en boca de don Quijote: "Ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño"[xiii].
Aunque en esta ocasión, gracias a la maestría de don Antonio, provoca el efecto contrario. No hay desencanto.  Don Quijote se queda literalmente pasmado, aguardando ver en que para aquella intriga.

Desacreditar los milagros

Obra de Michel Cheval
¿En qué se diferencian estas prácticas de las que atribuye Luciano a Alejandro de Abonoteico?  Pronto observaremos, al referirnos a la intervención de la Inquisición, que no se han quebrado todos los eslabones que relacionan las  pericias e industrias de los ilusionistas con las destrezas ejecutadas anteriormente en el ámbito religioso. Persiste la creencia, casi un automatismo,  de seguir vinculando a los magos con la esfera de la religión, atribuyéndoles un poder procedente de fuerzas sobrenaturales que les enlaza con el maligno. Pero lo que impulsa a la Inquisición a inmiscuirse  no es la convicción de que la cabeza parlante favorece las prácticas de posesión demoníaca. Los inquisidores conocen, yo diría que sin asomo de duda, que el artilugio operaba mediante procedimientos ingeniosos y naturales. No son sus propios prejuicios los que les empujan a  exigir la destrucción de la cabeza,  sino el temor a que los prejuicios del vulgo, tan arraigados, induzcan a  los hombres crasos  a atribuir el fenómeno a intervenciones diabólicas.

La modernidad vive siempre en tensión con aspectos residuales de la cultura del pasado. A principios del siglo XVII, cuando se publica la segunda parte del Quijote, la desacralización de la magia es un proceso en marcha que tardará en cristalizar en experiencia. Tres siglos después podemos estar seguros de que no ha cristalizado del todo.  Hoy mismo, resultaría sencillo comprobar con qué ahínco muchos de los asistentes los espectáculos de mentalismo atribuyen al mago poderes sobrenaturales.

Ciertamente, en la época, la comunidad científica se hallaba en formación y las personas con conocimientos de esta clase eran una minoría que se  sentía fascinada ante la posibilidad de hallar una explicación para la complejidad del mundo natural. Desde el XVI nos topamos con magos que se convierten en matemáticos y matemáticos que se transforman en magos. La mayor parte de la población carecía de oportunidades de acceso a estos conocimientos. Para ellos,  los espectáculos de ilusionismo se convirtieron en  una ventana, a menudo la única,  para vislumbrar los nuevos avances de la física y de la química y las nuevas concepciones de la naturaleza, la vida y el universo. El proceso culmina en el siglo XVIII. Por entonces los magos se  despojarán del esotérico sombrero cónico y estrellado de Merlín, para presentarse como profesores de física. Llamarán a su arte Recreaciones científicas. El nombre sugiere el papel de la diversión y el entretenimiento en la difusión de  la ciencia que generalizará el proyecto ilustrado.

El episodio de la cabeza parlante del Quijote se puede considerar un precedente renacentista. Se relaciona con lo que Paula Findler denomina Scientiae Lusus y  Cory A. Reed [xiv] desarrolla con amplitud: Una broma científica mediante la cual  la observación de  la naturaleza revela sus paradojas, los nuevos  conocimientos científicos desafían las viejas creencias y la capacidad tecnológica permite reproducir y, en consecuencia, esclarecer los misterios.

Evocación de Girolamo Scotto


Girolamo Scotto
Al día siguiente, cuando don Quijote y Sancho se entrevistan con la estatua asistimos a un juego de salón que agrega la ilusión a la ciencia[xv], con la finalidad de desacreditar los milagros y demostrar que el ingenio humano es capaz de realizar prodigios asimismo maravillosos.       

Don Antonio atribuye la autoría de la cabeza a uno de los mayores encantadores y hechiceros que ha tenido el mundo, del que dice que posiblemente era polaco de nación y discípulo del famoso Escotillo[xvi]. La mención a Escotillo, en el habla y en la literatura española, llegó a designar a todo aquel que  mediante el ingenio y la habilidad es capaz de embaucar los sentidos y el entendimiento. Es decir el proceder de un  ilusionista o prestidigitador, que no el de un  nigromante o astrólogo. De hecho el personaje de Escotillo es un remedo o caricatura de Girolamo Scotto[xvii] , el eco de los mil portentos que de él se contaban cuando como prestidigitador recorría las cortes de Europa[xviii]. Prodigios asombrosos que le convirtieron en uno de los iniciadores del mentalismo. Señala así mismo don Antonio que el artificio era consecuencia de cálculos precisos en los que conviven mal la astrología y las matemáticas, pero que son congruentes con las presentaciones de los ilusionistas que no acaban de romper del todo el hilo con la magia legendaria del pasado que conservaba su poder como acicate para la imaginación.  Guardó rumbos, pintó caracteres, observó astros, miró puntos y, finalmente, la sacó con la perfección que veremos mañana, porque los viernes está muda, y hoy, que lo es, nos ha de hacer esperar hasta mañana.   


Don Quijote y la cabeza
El sábado  tiene lugar el acto de prestidigitación propiamente dicho. El público está compuesto por don Quijote, Sancho y las mujeres de dos amigos de don Antonio. No cuento entre el público a los dos amigos, porque  están en el secreto. Don Antonio les había revelado previamente lo que Cervantes llama el busilis del encanto, es decir el secreto funcionamiento de la estatua. Esta distinción nos revela a quien iba destinado el juego o recreación científica y las condiciones en las que ha de ser realizado. El efecto engaña a quien no conoce la causa, en este caso artificio, que lo produce. El planteamiento de don Antonio coincide con la visión de Cervantes que había puesto una clara advertencia en boca de Mauricio, uno de los personajes del Persiles, al criticar las veleidades de la astrología: Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el engaño está en quien no la sabe[xix].

La cabeza habla por fin.

Cabeza parlante
Cuando don Antonio realiza la  primera pregunta y la cabeza responde, podemos extraer una inmediata conclusión. No se trata de una cabeza oracular. Lo que sorprende no son sus poderes proféticos, ni su capacidad de adivinación, sino el hecho mismo de que sea capaz de hablar y de articular un discurso coherente. La cabeza encantada responderá a la primera pregunta  con un rotundo  "yo no Juzgo de Pensamientos" [xx] , Cortará de cuajo las apreciaciones de uno de los dos compinches de  don Antonio sobre su capacidad de saberlo todo con un  "yo no Juzgo de Deseos"[xxi]. En sus  respuestas la cabeza recurre al sentido común, las generalizaciones, las tautologías y el razonamiento abductivo que extrae conclusiones no probadas de premisas evidentes.
Don Quijote anda preocupado con lo que pasó en la Cueva de Montesinos, los azotes que Sancho ha de infringirse a sí mismo para desencantar a Dulcinea y el desenlace del encantamiento de su amada. La cabeza responde con frases ambiguas que valen igual para un roto que para un descosido. “—A lo de la cueva —respondió—, hay mucho que decir: de todo tiene; los azotes de Sancho irán de espacio; el desencanto de Dulcinea llegará a debida ejecución[xxii] “. A don Quijote le basta la ambigüedad pues le permite imaginar una feliz resolución de sus amores.
Sancho pretende que la cabeza prediga su futuro y recibe en respuesta una buena andanada de generalizaciones sin substancia que provocan su insatisfacción y desprecio. “- ¡Bueno por Dios! —dijo Sancho Panza—. Esto yo me lo dijera: no dijera más el profeta Perogrullo[xxiii]”.
Y es que la realidad, para don Quijote, está jalonada de profundas simas, cuevas – como la de Montesinos – que le introducen en un mundo de encantamientos. Un mundo que es distinto al que le muestran los sentidos, trasunto de la visión platónica, en el que los encantamientos son proyecciones de la mente humana capaz de rehacer y reconstruir la realidad.
El juego de magia de la cabeza parlante provocará una visión distinta de la ilusión y empezará a modificar los términos del mundo caballeresco, el mundo encantado que sustentaba la existencia del personaje don Quijote. El juego de magia no recurre a la concepción platónica, ni se vale del ilimitado poder de la palabra para producir fenómenos imposibles. El juego de magia adopta el método científico por el que el ingenio humano intenta no engañarse a sí mismo. El  ilusionismo, como arte escénico, es capaz de crear y reproducir los engaños y, en consecuencia, de desengañarse.
Tras asistir a la representación de magia don Quijote penetra en un universo distinto, en el que dejará de ser don Quijote, para reencontrarse con Alonso Quijano.

Cide Hamete Berengueli explica un juego de magia.

Tomás de Aquino destrruye la cabeza
                 parlante de su maestro Alberto Magno
El artilugio de la cabeza parlante se desprende y aleja de otras cabezas parlantes reales o legendarias que hablaban mediante supuestas intervenciones sobrenaturales como la atribuida al monje Gerbert de Aurillac, el papa Silvestre IIº, eminente científico que tuvo que lidiar con los proféticos disparates que suscitó el fin del primer milenio. O la cabeza femenina supuestamente construida por Alberto Magno que destruyera su discípulo Tomás de Aquino, por considerarla obra del maligno. O la cabeza de latón creada por Robert Bacón, destinada a husmear en los recónditos secretos de las ciencias ocultas y de la que se dice que sólo fue capaz de pronunciar una frase: El tiempo pasa. Dicho lo cual se hizo añicos. Estas cabezas, aunque funcionaban por medio de algún secreto artificio,  requieren de un cerebro aliñado por concepciones espiritualistas y mágicas desprovistas de razón. Alguna de ella, como la de Tábara, hija del antisemitismo de la época, denunciaba la proximidad de cualquier judío con un categórico  "judaeus est"[xxiv]. Las cabezas parlantes no gozaban de libertad de expresión. Las que no se acomodaban a las ideas del poder eran destruidas como la que construyera el  marqués Enrique de Villena que ordenó quemar el rey.
Las dialogantes cabezas
           del abate Mical

La cabeza parlante del Quijote está más próxima a la cabeza políglota concebida por Valentín Morbito,  de quien se sospechaba se valía de un ventrílocuo. O a la  "calavera parlante" del médico boloñés Andrés Albido que empleaba un  mecanismo parecido a la de don Antonio y que se convierte en cuento de terror en la relación que nos da de ella el erudito  cisterciense Don Juan de Caramuel con noticias extraídas de Girolamo Cardano: Albio quiso atemorizar a un mancebo prendado de una doncella, dándole a entender que el mismo demonio trataba y hablaba de sus amores. Para esto mandó colocar en el extremo de una mesa una calavera, y alrededor de ella algunas velas encendidas. La mesa descansaba sobre cuatro columnas que la servían de pies, y estaba agujereada por donde se puso la calavera, pero cubierta toda con un tapete muy delgado para que no se descubriese el agujero.

La columna o pie que correspondía a éste, estaba hueca y tenía en su interior un tubo o cañón que pasaba o penetraba en otra pieza o cuarto bajo, porque el suelo del de arriba estaba agujereado por donde estribaba el pie de la mesa, de modo que aplicando el oído el que estaba abajo a la boca del cañón o cerbatana, oía fácilmente a los que hablaban desde arriba, los cuales hicieron varias preguntas a la calavera, por cuya boca respondía el de abajo y oportunamente porque se habían convenido de antemano en lo que se había de preguntar y responder.

Algunos de los circunstantes que sabían el secreto estaban muy divertidos y regocijados; bien al contrario de los que lo ignoraban, creyendo que algún espíritu infernal hablaba en ella, especialmente el enamorado, que ya le parecía se le llevaba por los aires[xxv]".

La del Quijote anticipa  las cabezas parlantes, activadas por mecanismos de diferentes tipos,  que construirían a lo largo del siglo XVIII científicos, técnicos y artesanos ilustrados. Como las dos cabezas enfrentadas del Abate Mical que conversaban entre sí. O la Friedrich von Knauss que era capaz de pronunciar las cinco vocales.
Sin embargo el sistema empleado tanto por la cabeza de don Antonio, como por la de Albio se conoce desde la antigüedad. Sorprende hasta qué punto es idéntico al utilizado por Alejandro de Abonoteico para difundir los oráculos de su serpiente divina y adivina. La explicación de Luciano[xxvi] es similar a la de Cide Hamete Berengeli. En el caso de la serpiente parlante de Alejandro de Abonoteico quien respondía era un ayudante que se encontraba en una habitación aneja, utilizando un tubo acústico solapado en la pared. ¿Con qué ojos contemplarían los fieles la irrupción de aquellas palabras en la boca de una serpiente a la que ellos consideraban un dios? Naturalmente con los ojos de la credulidad suspendida. Las palabras estaban destinadas a aliviar su zozobra y sufrimiento. La cabeza de la serpiente se situaba justamente delante del orificio, para ocultarlo a los ojos del público e inducir la impresión de que era la serpiente quien hablaba.

Athanasius Kircher

Statua citofónica de Kircher
¿Cervantes pudo tener  noticia de este procedimiento a través de Luciano?  Cabe la posibilidad: el  profesor Jones [xxvii] considera probable que accediera  a la misma información que empleó Kircher, varias décadas después, para crear su statua citofónica. Se la conocía también como  Oráculo de Delfos y era una cabeza parlante que el hermético jesuita exponía en su enciclopédico museo del Collegio Romano[xxviii] ,  Para Jones estas fuentes son además del romance medieval Valentín et Orson[xxix],  la  Disquisitionum magicarum de Martín del Río  [xxx] y diversas obras que se hacen eco de esta clase de estatuas de  Cardano, Las Casas - que se refiere a Luciano y Thomas.
No es improbable que Kircher hubiera conocido de primera mano la invectiva de Luciano contra el falso oráculo de Alejandro de Abonoteico. El método empleado para fabricar statua citofónica es similar al de la cabeza parlante del Quijote y al de la serpiente adivina del bribón de Abonoteico. Athanasius Kircher había estudiado con minuciosidad los procedimientos empleados en los antiguos templos para dar voz a las estatuas. Los dos artilugios reales, el de don Antonio y el de Kircher, son  también dos broma científicas, dos juegos recreativos. Coinciden con el panfleto de Luciano en la intención de denunciar los fraudes de los viejos oráculos
Kircher: 

Athanasius Kircher, en su obra vastísima, pretendía cobijar  no sólo la totalidad de lo existente sino también de lo imaginable. Compila  y relaciona mediante un ars combinatoria [xxxi]conocimientos diversos sobre magnetismo, zoología, astronomía, medicina, arquitectura, lingüística, arqueología, óptica,  geología, aritmética, sinología y egiptología. Dos de sus obras afectan directamente a nuestro tema. Su fascinante  tratado Musurgia Universalis [xxxii]está dedicado a la música y acústica. Son siete libros que abordan  la naturaleza del sonido y la voz y tratan de la música y de los instrumentos hebreos y romanos, de la armonía,  de los componentes de todo género de melodías, de  la música instrumental, de la música antigua y moderna y de la llamada Musurfia mirifica. Creó un sistema de comunicación que permitía traspasar los muros y propagar la voz por todo el edificio mediante grandes tubos de metal. Un grabado perteneciente a su Musurgia Universalis muestra lo que podemos denominar arquitectura parlante.  En un salón, colocó un busto que denominó statua citofonica. Empleaba idéntico sistema al de la cabeza parlante del Quijote. Adaptó un tubo cónico, de hierro, a un orificio situado en la parte posterior del cráneo, que comunicaba con el sistema de tubos del edificio, de forma que los sonidos parecían brotar de la boca de la estatua.
En un volumen posterior, en  la Phonurgia Nova de 1673 [xxxiii],  desarrolló un método de producción de sonido. La primera parte trata de la influencia de la música en los seres humanos.  La segunda estudia le propagación del sonido. Dedica especial atención a un sistema de espionaje o escucha de las conversaciones y al desarrollo de la  "statua citofonica".

Reproducción de la voz

Bellacini
Propósitos distintos, realizados mediante sistemas diferentes que provocan sensaciones variadas. La statua citofónica de Kircher, su empeño en estudiar la voz y el sonido, se encuentra a caballo entre las denuncias de las simulaciones y engaños en el pasado y el desarrollo de las nuevas posibilidades científicas. Kircher muere en 1680. Un siglo más tarde los constructores de cabezas lograrían desarrollar tecnologías capaces de reproducir la voz o el sonido. No voy a penetrar en el universo maravilloso de los autómatas musicales. Me limitaré a citar algunos constructores de cabezas parlantes que lograron reproducir la voz humana mediante diferentes sistemas. El primero de ellos parecer ser que fue el profesor  Kratzenstein que creó unas cavidades resonantes, una especie de órganos, que mediante las vibraciones de una lámina  pronunciaba las cinco vocales.  Wolfrang von Kempelen, el inventor del  Turco ajedrecista, fabricó un artilugio que mediante un fuelle podía pronunciar frases breves.  Del Abate Mical y de Friedrich von Knauss ya he hablado.
Euphonia 
En el XIX Joseph Faber, un astrónomo alemán, que había estado asociado en Estados Unidos  con el empresario de variedades PT Barnum,  perfeccionó esta clase de ingenios. Trabajó durante 17 años en  una máquina, a la que llamó Euphonia, que presentó en 1846 en el Egipcian Hall. La recreación de la fisiología de la voz: los pulmones, laringe, labios y lengua era realmente sorprendente. Las cuerdas vocales estaban hechas con vástagos de marfil huecos, Mediante un teclado podía cambiar el tamaño y la forma de la cavidad bucal. La lengua era de caucho. Un pequeño molinillo giraba en el cuello para producir el sonido de las consonantes. Un tubo en la nariz facilitaba la pronunciación en francés.  Todo ello requería de un fuelle que insuflaba el aire y producía un tono espectral. Era capaz de reír, cantar, hablar, silbar, siempre con acento alemán.  Euphonia era un híbrido de espectáculo y ciencia. Fue PT Barnum quien terminó explotando la invención. A una de las sesiones asistió un jovencísimo  Alexander Graham Bell que se hizo con la patente del primer teléfono inventado por el italiano Meucci.  Por aquel entonces Thomas Alva Edison patentó una muñeca parlante,  la muñeca fonógrafo. Su rostro era cerámico y su torso metálico encerraba un mecanismo de reproducción de voz. En sus orígenes fue un juguete. Las niñas graban canciones que sus muñecas reproducían,

La creación de la industria del espectáculo

Don Quijote espectador:
fotograma de Don quijote de Welles.
En 1615 Miguel de Cervantes muestra la Cabeza parlante como un juego y sólo juego, perteneciente a una de las artes escénicas más antiguas y, a la vez, más recientes, pues se encuentra inmersa en un proceso de desacralización que cambiará por completo la percepción con la que hasta entonces había sido apreciada.  Pero el proceso no se encuentra del todo cumplido. Don Antonio se asusta  ante la intervención de la Inquisición: no llegase el caso a los oídos de los despiertos nuestra fe, habiendo declarado el caso a los señores inquisidores, le mandaron que la deshiciese y no pasase más adelante. Hoy se nos antoja que lo más sencillo para evitar que el vulgo “ignorante se escandalice” es ofrecer una explicación del truco. Quizá no es del todo cierto pues la  conclusión adolece de falta de perspectiva histórica. El artilugio había sido concebido para ser incomprensible y lo era. Es decir era mágico para la generalidad. Por otra parte, los códigos de la magia como arte escénico no estaban establecidos y mucho menos interiorizados por el público. Lo que el ojo humano es capaz de ver depende en gran medida de cómo está equipado su pensamiento, de cuáles son sus creencias, intereses y deseos. Quien cree en la magia sobrenatural verá magia sobrenatural aunque se quiebre la cobertura del truco, se difunda el secreto y la presentación incluya una referencia a que aquello es hijo del ingenio humano.   
Coronel Stodare

Al final don Antonio destruye la cabeza, como hizo Tomás de Aquino con la que construyera su maestro Alberto Magno. Lo que en unos sitios se destruía en otros se construía. Dos siglos más tarde el profesor Liebholz crearía en Hamburgo toda una industria dedicada a la fabricación de cabezas parlantes y otros aparatos de magia. Una verdadera industria que ha dado fama mundial a Hamburgo – afirma Javier Areny de Plandolit[xxxiv] -  Son muchísimos los artistas que suministra y miles los operarios que en esta nueva industria han encontrado trabajo. Sirva la cita para mostrar la envergadura que alcanzaría la magia entre las artes del entretenimiento.

La cabeza parlante no sólo se emplea en el ámbito de la prestidigitación y el ilusionismo. Se adapta al teatro como efecto especial Un efecto especial es un truco explicado. Algún día habrá que valorar la contribución de la magia a las tecnologías teatrales como ya se ha valorado su contribución al cine. Vicente Carducho [xxxv] describe las características de la cabeza de sátiro que presentó el escenógrafo Cosme Loti en su teatro de Comedia de Máquinas establecido en el Buen Retiro: La califica de “valiente escultura que con movimiento feroz mueve los ojos, orejas y cabellos y abre la boca con tanta fuerza y ronquido que espanta y asombra a cualquiera que no esté sobre aviso, como pasó en mi presencia con un hombre que, sobresaltado por este no pensado alarido, dio, turbado y casi fuera de sí , dio un brinco de más de cuatro pasos.

También se convertirá en una atracción de feria. Hacia 1780 se hizo muy popular con el nombre de La voz invisible. Se trataba de una enorme arca de madera, protegida por una celosía, que contenía un aparato dotado de una doble trompa acústica. Uno de los extremos se utilizaba para formular preguntas. El otro para  escuchar las respuestas de una grata voz femenina. Pero será su versión antropomórfica la que triunfará en las barracas. A menudo provoca equívocos, confusión o situaciones cómicas que denunció el gran mago Robert-Houdin[xxxvi]. La cabeza se colocaba sobre una mesa y respondía a las preguntas de los espectadores. Estos llegaban hasta ella tras atravesar un decorado gótico, lóbrego y tenebroso. El tono era lúgubre. El lugar húmedo y desapacible como una mazmorra. Robert-Houdin señala que los feriantes se aprovecharon de  la expectación provocada, cobrando una entra muy elevado. El ingenuo público popular fue sustituido por jóvenes ricos, ociosos y resabiados, que empezaron a jugar con la cabeza al pin pan pun, arrojando toda clase de objetos, alguno de los cuales al rebotar puso en evidencia el truco empleado. El cómico Enrique Chicote[xxxvii] escribió un relato narrando las vicisitudes de una de estas desdichas cabezas parlantes.  

Las cabezas parlantes tuvieron, así mismo, su versión en el universo de los llamados  fenómenos. Charles Grandemange nació en 1835 sin cuerpo, sin brazos ni piernas. Se convirtió en un gran calculista. Vivía en una caja de madera. Y en ella se presentaba ante los públicos cultos que le proponían intrincados problemas matemáticos.
 Jacob Michael Hartz.

El efecto en manos de los grandes artistas de la ilusión produce otras sensaciones y emociones. Se  convierte en un prodigio. La Esfinge de la que he hablado al principio de este escrito, se basaba en el mismo sistema que La cabina de Proteo. Jim Steinmeyer[xxxviii] ha señalado que la primera presentada por un artista genial, como el coronel Stodare, producía una genuina emoción emparentada con el misterio. La segunda que presentaba su propio inventor como conferenciante, provocaba curiosidad científica. ,
Si abrimos de nuevo el telón, en el escenario podemos apreciar que no hay nada entre  el filo de una espada y la  impresionante cabeza que flota. Fue inventada por Jacob Michael Hartz.



Versión actual de la Cabeza encantada 
de Ana Tamariz y Manu Vera (3)

Ese espacio donde no hay nada está reservado a la supresión voluntaria de la credulidad. Recordemos cuando niños que jugábamos al como si… Como si fuésemos héroes o heroínas, policías o ladrones, princesas o mendigos, pero pudiendo saltar en un instante de la ficción nuevamente a la realidad. Cervantes se dirige a un lector muy próximo. Un  lector flexible, desprejuiciado,  que es capaz de  mantener su capacidad crítica y abandonarse al mismo tiempo al sortilegio de la ficción. No es extraño que su formulación de la novela moderna coincida con el proceso de desacralización de la magia que se convierte en entretenimiento y espectáculo. Comparten un mismo espacio, el espacio vacío de la ficción, de un inmenso poder creador,  donde todo es posible porque es posible creer y no creer casi simultáneamente. Con su cabeza parlante, Cervantes propone un artilugio para librarse de la creencia, de lo inexorable, de la fatalidad.  Implica un engaño. Desde luego. Pero un engaño que desengaña.

 

Notas




[i] Don  Quijote II, 62
[ii] Para precisar este concepto ver la obra de  Francisco González de Andía, Marqués de Valparaíso, quien  narró la abdicación de Carlos Vº y sus últimos días en Yuste con el título de  El perfecto desengaño; edición, introducción, notas y selección de grabados, de María Dolores Cabra Loredo, Madrid : El Museo Universal, 1983 
[iii] Efecto inventado por M.Tolbin y realizado por el Coronel Stodare. Requería el concurso de un ventrílocuo.
[v] Sobre Wences ver: Jorge San Román Villalón, ; “  La extraordinaria vida del señor Wences”,San Rafaél, Segovia : J. San Román, 2009.

[vi] Marie Boas, "Hero's Pneumatica: A Study of Its Transmission and Influence· Isis 119 (Feb. 1990): 38–48. 87.
[vii] Adolphe Blind, Les Automates truques , Geneva: Eggiman, 1927
[viii] Celso (siglo II d.C.) defendió  la cultura y tradición paganas frente al cristianismo.
[ix] Alejandro o el falso profeta en Obras [V.2] / Luciano de Samosata ; introducción general de Carlos García Gual ; traducción y notas de Andrés Espinosa Alarcón. Ver también “Jesús Rodriguez Morales: Alejandro de Abutinico; Las razones de un falso profeta” en  Aspectos modernos de la antigüedad y su aprovechamiento didáctico / Antonio Guzman, Fco. Javier Gómez Espelosín, Joaquín Gómez Pantoja (eds.) Madrid : Ediciones Clásicas, 1992
[x] Por su sabiduría y milagros Apolonio de Tiana llegó a ser considerado equivalente a Jesucristo.
[xi] Alejandro o el falso profeta, 394
[xii] Alejandro o el falso profeta, 400
[xiii] Don Quijote,  (II, 11;).

[xiv] Paula Finder. “Jokes of Nature and Jokes of Knowledge: The Playfulness of Scientific Discourse in Early Modern Europe.”Renaissance Quarterly 43 (1990): 292–331.
Cory A. Reed: “ Ludic Revelations in the Enchanted Head Episode in Don Quijote (II, 62)”,
Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America , 24.1 (2004): 189-216.
[xv]Ver  Saffar, Ruth. “Cervantes and the Games of Illusion.” Cervantes and the Renaissance. Ed. Michael D. McGaha. Easton, PA: Juan de la Cuesta, 1980.
[xvi] Don Quijote II, 62;

[xvii]Riccardo Rampini (Zadig ha realizado una biografía de Hieronimo Scotto, prestidigitador italiano de finales del 500 con  la que obtuvo el premio Roxy.
[xix] Miguel de Cervantes: Los trabajos de Persiles y Segismunda , Libro 1, capñitulo XIII.
[xx] Don Quijote II, 62;
[xxi] Don Quijote II, 62;
[xxii] Don Quijote II, 62;
[xxiii] Don Quijote II, 62;
[xxiv] Pellicer, Casiano: Tratado histórico sobre el origen y progresos de la comedia y del histrionismo en España: con las censuras teologicas, reales resoluciones y providencias del Consejo Supremo sobre comedias, y con la noticia de algunos célebres comediantes y comediantas ... ; con algunos retratos. Madrid : en la Imprenta de la Administracion del Real Arbitrio de Beneficencia : se hallará en la Libreria de Ranz ..., 1804
[xxv]Juan Caramuel Lobkowitz (Madrid, 23 de mayo de 1606 — Vigevano, Lombardía, septiembre de 1682) fue un filósofo, matemático, lógico,  lingüista t  monje cisterciense.
[xxvi] Alejandro o el falso profeta.
[xxvii] Jones, Joseph R .: "Historical Materials for the Study of the Cabeza encantada episode in Don Quijote, II, 62". HR, 47 (1977), 87- 103. Hispanic review: The University of Pensylvania Press 1933-    
[xxviii]   Fundado por  Ignacio de Loyola en 1550,  con objeto de  formar académicamente a los futuros miembros de  la Compañía de Jesús, desde los estudios elementales a los universitarios. Albergó el Museo Kircheriano, parte de cuyas colecciones aún custodia.
[xxix] Que había señalado VALLE- AVARCE, Juan Bautista del : “La cabeza encantada” Homenaje a Luis Alberto Sánchez Insula :[1983]   



[xxx]Martín del Rio Disquisitionum magicarum, 1599.
[xxxi] Athanasius .Kircher, «Ars magna sciendi», Amsterdam 1669.
[xxxii]Athanasius  Kircher “Musurgia universalis sive ars magna consoni et dissoni in X libros digesta,   Romae : Ex tyographia Haeredum Francisci Corbelletti, 1650  , 2 v.


[xxxiii] Lamberto Tronchin: The 'Phonurgia Nova' of Athanasius Kircher: The Marvellous sound world of 17th century,  POMA Volume 4,  2008; http://asadl.org/poma/resource/1/pmarcw/v4/i1/p015002_s1?bypassSSO=1
[xxxiv]Dr. Javier Areny de Plandolit: Las maravillas de la magia moderna. Barcelona : Alta Fulla, 1997 
[xxxv] Carducho, Vicente:  Diálogos de la pintura su defensa, origen, esencia, definición, modos y diferencias; edición, prólogo y notas de Francisco Calvo Serraller Madrid : Turner D.L., 1979 
[xxxvi] J.E. Robert-Houdin, Magia y física recreativa , traducción de M. A. Tanir] , Alta Fulla. Barcelona, 1998

[xxxvii]Enrique Chicote;   El misterio de la cabeza parlante] : Relato retrospectivo folletinesco   
  1870-1958  Madrid : Instituto Editorial Reus, 1954



[xxxviii] Jim Steinmeyer: Hiding the elephant. Da Capo Press, Cambridge, 2003.