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lunes, 10 de febrero de 2014

Conan Doyle, Houdini y las almas descarnadas




Arthur Conand Doyle y Harry Houdini
Los dos personajes principales de esta historia no están, aunque se les espera. Son dos fantasmas. Se les espera con vehemencia. Con ello quiero decir que la base de las creencias espiritistas se relaciona con el deseo de entrar en contacto con seres desaparecidos.

Por eso los verdaderos  protagonistas de esta historia no son Conan Doyle y Houdini, sino  una madre y un hijo muertos. Hubo un momento en las vidas de  Conan Doyle y Houdini en que compartieron un mismo dolor. Para que los deseos se conviertan en creencias y las creencias en convicciones se requiere la presión de una fuerte carga emocional.  Se trataba de un  estado de ánimo colectivo. Acabada la primera guerra mundial se extendieron  los supuestos y prácticas espiritistas por Europa y Estados Unidos entre aquellas personas que habían visto desaparecer a sus seres queridos en plenitud de vida, como consecuencia de la crueldad de la guerra.

Conand Doyle busca a su hijo


 Sir Arthur Conan Doyle, el creador del célebre Sherlock Holmes, era un convencido creyente en el espiritismo. A la hora de estudiar los fenómenos psíquicos no buscaba explicación. Tenía una y se aferraba a ella. Poco a poco un interés por la vida y milagros de los espíritus fue desplazando su dedicación a la literatura y ocupando el lugar reservado a la curiosidad por la ciencia, la participación política, la implicación en la guerra y la práctica del boxeo. Una de últimas obras fue una monumental “Historia del Espiritismo” que arranca de Swedenborg y culmina con una nota sobre la escritura automática. Una crisis espiritual de tal magnitud no puede atribuirse en exclusiva al debilitamiento de la vejez. Seguramente no es ajena a la muerte de su hijo en la primera guerra mundial.

Houdini busca a su madre

Supuesto fenómeno espiritista
También la muerte de la  madre de Houdini impulsa al ilusionista a dedicar  todas sus energías, que eran muchas, a encontrar la manera de ponerse en contacto con ella. Sucede pocos años después de la muerte del hijo de Conand Doyle. Corre la década de los 20 y Houdini recurre a la ayuda de médiums  y de los llamados “psíquicos”, seres que se dicen dotados para intermediar con ultratumba. Por tratarse de un mago esta actitud resulta chocante. Por lo general los magos más destacados, me refiero por supuesto a ilusionistas y prestidigitadores, consideran que su profesión es un arte que debe diferenciarse por completo de engaños y fraudes. En consecuencia dedican su experiencia y conocimientos a desenmascarar a los pretendidos médiums que utilizan las mismas técnicas que los magos emplean en sus espectáculos pero se presentan como seres dotados de poderes sobrenaturales y trato privilegiado con los espíritus.

Maskelyne y lo sobrenatural

Uno de los magos más eminentes del siglo XIX,  John Nevil Maskelyne escribió un libro en colaboración con el psiquiatra Lionel A. Weatherly planteando lo sobrenatural entre interrogaciones. “¿Lo sobrenatural?” reunía las conclusiones de varias décadas de investigación sobre los supuestos fenómenos psíquicos. La conclusión no podía ser más tajante: “No existe, ni nunca ha existido, un médium de ninguna clase que no haya usado trucos o engaños”, El método de trabajo empleado consistía en reproducir los  prodigios de los médiums, valiéndose del ingenio, las sutilezas psicológicas, las técnicas escénicas y la alteración de la percepción. El propio Maskelyne se había convertido en ilusionista tras asistir a una representación de los hermanos Davenport en el teatro local de Cheltenham, su ciudad de origen, en la que tenía un taller de relojería. Los Davenport se encerraron en un armario que tenía tres puertas. En cada extremo se sentó uno de los hermanos, enfrentados.  Se hicieron atar con una cuerda gruesa que inmovilizaba sus pies y sus manos de manera que no pudieran moverse de la silla.  En el centro del armario había una trompeta, una guitarra, un violín, dos campanas y una pandereta. En cuanto las puertas se cerraban y se  apagaban los luces, los instrumentos empezaban a tocar, pero cuando se hacía la luz y se abría el armario, los  Davenport continuaban atados.

Cabina o armario espiritista de los hermanos Davenport
Tres meses después Markelyne, con la ayuda del hábil ebanista Cooke  presentó un armario similar con el que replicó los prodigios que realizaban los  Davenport, dejando bien claro que no precisaba ayuda alguna de los espíritus. Desde entonces dedicó especial atención a desvelar los trucajes utilizados por pretendidos médiums.
Houdini se aproximó el universo de los espiritistas con la intención de entrar en contacto con su madre muerta. Sin embargo dudo que su actitud fuera abierta y confiada por completo, como a menudo se supone. Su formación era la de un mago. Y en los anales de la magia ya existía un corpus importante de fraudes descubiertos.  Maskelyne tras instalarse en Londres había ofrecido en el teatro que regentaba – el Egyptian Hall – numerosas representaciones dedicadas a reproducir y desvelar los efectos realizados por los médiums. Los Davenport habían sido la primera de una larga serie de fraudes y falsificaciones descubiertas.

Las investigaciones de Maskelyne tuvieron lugar en las dos últimas décadas del XIX y Houdini, dotado de una curiosidad sin límites para todo aquello que se refería a la magia, no podía desconocerlas. Aunque los motivos por los que se acercaron Doyle y Houdini al espiritismo aparentemente coincidían, sus actitudes frente a los fenómenos necesariamente tenían que ser muy diferentes.

Encuentro en Crowborough

Inicialmente primaba aquello que les unía y entre ambos se anudó una verdadera amistad. Se conocieron durante un viaje que realizó Houdini a las Islas Británicas en 1920. Previamente Houdini envió a Conand Doyle su polémico libro que pretendía desmitificar la vida de a Jean-Eugene Robert-Houdin. Es preciso indicar que Houdini había derivado su nombre del apellido del gran mago francés, que había dado forma definitiva a la magia moderna y cuyas maravillosas ·Confidencias” le maravillaron en la juventud. Sin embargo el hechizo se desvaneció y Houdini escribió un libro “deconstruyendo” las confidencias de su ídolo, pretensión tan  infructuosa como intentar desmontar los presupuestos de “Alicia en el País de las Maravillas”. Houdini demostraba en este caso una dudosa comprensión del sentido de la ficción, cuyo alejamiento de la realidad es precisamente lo que le otorga la libertad para imaginar otros mundos posibles.

Houdini con Ira Davenport
A Sir Arthur le llamó la atención las páginas del libro en las que Houdini contradecía la visión que Robert-Houdin ofrecía. Su armario espiritista había causado sensación a los tres aunque por motivos diversos. Robert-Houdin mostraba su desagrado porque presentaban su espectáculo, que elogiaba, como lo que no era: Una manifestación de los espíritus. Sir Arthur Conan Doyle  veía en su acto una prueba de la autenticidad de los fenómenos espirituales. Houdini les consideraba unos excelentes magos de grandes ilusiones o escenario. Según Sir Arthur el comportamiento de Ira y William Davenport no había sido fraudulento porque mantuvieron una calculada ambigüedad sobre el origen de sus poderes y dejaban al arbitrio del público la resolución del enigma. Pero la realidad es que se iniciaron en el mundo del espectáculo como ilusionistas y que uno de sus ayudantes, Harry Kellar, aprendió con ellos lo suficiente para montar su propia función de magia.

El número de los Davenport se hallaba más próximo al escapismo que al mentalismo. Era la especialidad de Houdini: ser capaz de librarse de cualquier atadura. Y eso es lo que hacían los hermanos: desatar y anudar de nuevo las cuerdas que les trababan en un abrir y cerrar de ojos.
Tras su retirada, Ira Davenport había revelado a Houdini  los secretos de estos escapes: cuerdas largas, pericia para  realizar los nudos, destreza para revolverse y el uso de aceite para facilitar escabullirse de las ligaduras. Ira le describió incluso las trampas que disponían en los pasillos de los teatros para impedir que ningún intruso pudiese llegar hasta el armario e investiga el material utilizado.

La confesión de Ira no alteró la convicción de Sir Arthur de que se trataba de médiums genuinos. De hecho en la carta que había enviado a Houdini agradeciéndole el libro sobre Robert-Houdin, Sir Arthur consideraba banales esta clase de confesiones. Si los médiums recurrían a veces a los trucajes se debía a que no siempre se hallaban en disposición de ejercer sus verdaderos poderes superiores.

En su relación con Sir Arthur,  Houdini moduló su punto de vista sobre los Davenport. Nunca fue tan explícito como magos anteriores: los ya citados Maskelyne y Robert Houdin o John Henri Anderson. Incluso dio pie a Sir Arthur para considerar que avalaba la inexistencia de trucajes o manipulación al insistir en que jamás fueron descubiertos. ¿Actuaba con astucia para preservar una amistad que podía franquearle el acceso al núcleo duro del espiritismo? ¿Había empezado a reunir los materiales para su futuro libro “Un mago entre los espíritus“?  O por el contrario ¿sus titubeos eran reales y su incertidumbre una ventana hacia otras posibilidades que nunca quiso cerrar del todo?

Durante su primer encuentro en Crowborough, Sir Arthur le contó que había hablado al menos en seis sesiones distintas con su hijo muerto. Houdini mitigó su escepticismo, se mostró desprejuiciado y confesó a su huésped que estaba ansioso por conocer la verdad, para lo que solicitó su ayuda. 

La médium Eva Carriére 


Sir Arthur franqueó la entrada a Houdini a diversas sesiones. En las que tuvieron lugar en la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres intervino la médium Marthe Béraud, que había adoptado el nombre de Eva Carriére y a veces se hacía llamar Eva C. Años atrás, tras la muerte del joven con el que se iba a casar, Marthe materializó el espíritu de un brahmán hindú llamado Bien Boa que resultó ser a veces una  tosca figura de papel maché y otras un cochero árabe disfrazado. Aquello había ocurrido en la Argelia colonial. Después en la metrópoli, en Francia,  sus manifestaciones tendrían un fuerte contenido erótico. Era una  médium controvertida por lo que fue invitada por la Sociedad de Investigaciones para ser estudiada. .
 En las primeras sesiones no sucedió apenas nada.  En una  sesión a la que asistió  Houdini, Eva Carriére materializó lo que llamaba ectoplasma, un fluido pegajoso que brotaba por su boca y otros orificios del cuerpo. Las materializaciones y desmaterializaciones de Ectoplasma junto a la fotografía espiritista eran los dos argumentos preferidos de Conan Doyle en defensa del espiritismo. En la misiva que Houdini envío a Sir Arthur dando cuenta del asunto una vez más se mostró cauto,  incluso artero.  Aseguró que no había visto nada sobrenatural y describió los hechos sin explicarlos. Pero en su libro “Un mago entre los espíritus”, publicado poco tiempo después describió los gestos de la médium como los movimientos precisos de un prestidigitador. También el ectoplasma estaba confeccionado con papel maché,

Conan Doyle se fijaba en los efectos y Houdini investigaba los métodos. Como don Quijote y Sancho Panza veían en un mismo objeto, cosas distintas. Lo que para uno era intervención patente de los espíritus, para el otro eran falsificaciones y fraudes. Hacía tiempo que Sir Arthur había renunciado a los mecanismos de verificación.

Conand Doyle cree en las hadas 

Supuesta fotografía de un hada
Para la revista donde publicaba las aventuras de Sherlock Holmes, escribió un artículo donde aseguraba poseer pruebas irrefutables sobre la existencia de las hadas. Lo ilustró con cinco imágenes tomadas con una cámara Kodak en las que aparecían dos jovencitas bellísimas, junto a varías hadas y un gnomo.  La única relación con los bosques que tenían aquellas hadas es que estaban hechas de papel. Las fotos tenían el mérito de ser uno de los primeros trucajes fotográficos. Las figuras copiaban las ilustraciones de un libro de cuentos infantiles publicado cinco años antes, dibujadas por  Claude Shepperso, que casualmente incluía un relato del propio Conan Doyle.

Houdini en su correspondencia con Doyle no hace referencia a estos hechos, quizás porque le hubiera sido difícil mantener la actitud neutra, contenida y circunspecta que caracterizaba sus relaciones para evitar la polémica y para no lastimar a su reciente amigo.

 Este estaba completamente persuadido de que Houdini encarnaba un poder superior y sobrenatural. Por más que Houdini repitiera que todas sus proezas eran fruto de su ingenio y de su arte, Sir Arthur veía en el la prueba indiscutible que confirmaba sus propias ideas.
En 1922 volvieron a encontrarse, esta vez en Estados Unidos. Sir Arthur ofreció una gira de conferencias apoteósica y agotadora. En Nueva York Houdini le invitó  a comer en su casa y tuvo ocasión de mostrarle su biblioteca, especializada en magia e ilusionismo, de la que se encontraba especialmente orgulloso.

A Sir Arthur lo que verdaderamente le llamó la atención fue la ausencia de obras que trataran del espiritismo. Le resultaba imposible entenderlo. Pero no fue la única cosa que Sir Arthur no logró comprender aquel día.  Houdini le acompañó en un taxi hasta el hotel en el que se alojaba. Durante el trayecto realizó un juego sencillo, la desaparición del pulgar. Sir Arthur quedó maravillado y al día siguiente le escribió una misiva en la nuevamente atribuía el efecto a sus poderes sobrenaturales.

Sesión espiritista con la esposa de Conan Doyle 


Jean Leckie, esposa de Conand Doyle y médium
Cuando concluyó  la gira de conferencias Houdini invitó a Conan Doyle al banquete que cada año reunía a los miembros de la The Society of American Magicians. Pero la iniciativa desagradó a Sir Arthur con el paradójico argumento de que reprobaba la simulación de efectos espirituales que para el eran sagrados. No obstante las dotes de persuasión de Houdini lograron cambiar su decisión.
Días después ambas familias se reunieron en Atlantic City: Doyle propuso a Houdini una nueva sesión de espiritismo. Esta vez se trataba de una proposición delicada. Jean Leckie, segunda mujer de Conan Doyle, decía tener dotes mediúmnicas y se sentía capacitada para establecer la comunicación que tanto ansiaba Houdini con su madre. Se reunieron los tres en un cuarto del hotel. Sir Arthur bajó las persianas y pronunció una oración. Se juntaron las manos sobre la mesa. Cuando Jean entró en trance, Houdini reconoce que quería que aquello sucediera realmente, deseaba con todas sus fuerzas que fuera verdad, anhelaba creer. Jean, muy alterada, empezó a escribir febrilmente. Houdini por un instante pensó que era posible. Arrancó la primera hoja del cuaderno. Estaba escrita en inglés. Su madre hablaba de lo mucho que le quería y de lo orgullosa que se encontraba por los grandes éxitos de su hijo. Siguió arrancando una a una las páginas siguientes, hasta un total de quince. No hizo ningún comentario.

´Sir Arthur pensó que la emoción no permitía hablar a Houdini que al fin había logrado ponerse en contacto con la persona a la que más quería. Pero Houdini estaba amargamente decepcionado. Su madre jamás le llamó Harry, que era su nombre artístico. Para ella siempre fue Erik, su nombre de pila. . Aunque había vivido 50 años en Estados Unidos jamás aprendió inglés. Se expresó toda su vida mediante una peculiar koiné, un idioma artificioso, mezcla de húngaro, alemán y yidich. Casada con un rabino, difícilmente hubiera iniciado su escrito con una cruz. Un escrito en el que no había referencias íntimas, ni recuerdos compartidos.
Ni una sola palabra salió de sus labios. La relación entre ambos hombres siguió siendo cordial mientras Sir Arthur permaneció en Estados Unidos. Pero pocos meses más tarde Houdini publicó un artículo en el New York Sun, en el que negaba tajantemente que alguna vez hubiera percibido el menor signo de ·una comunicación con los seres queridos que hemos perdido.  Se trataba de una rotunda desautorización de las manipulaciones de Jean Leckie. Sir Arthur se sintió profundamente traicionado. Por primera vez la correspondencia entre ambos hombres adoptó un tono desabrido.

Un mago contra los espíritus

Preparando una "materialización".
Las diferencias de criterio desbordaron la esfera y privada y emergieron en la esfera pública. Fue en 1923 cuando Houdini rompió hostilidades abiertamente contra los espiritistas. Suspendió sus actuaciones mágicas y recorrió Estados Unidos ofreciendo  conferencias en las que denunciaba los fraudes de los médiums. Había analizado minuciosamente sus prácticas, asistiendo a múltiples sesiones, muchas veces disfrazado para no ser reconocido. Un año después publicaría su libro “Un mago entre los espíritus” verdadera antítesis de la “Historia del espiritismo” de Sir Arthur.

Todas estas actividades tuvieron enorme repercusión. Houdini era también un mago cuando se trataba de publicidad. Aceptó formar parte de un comité formado por la revista Scientific American que ofrecía una cuantiosa suma a quien demostrara poseer verdaderos poderes psíquicos.

Cabina anti-fraude diseñada por Houdini
Houdini  extremó los controles.  Incluso creó una cabina especial antifraude que fue determinante para neutralizar los engaños de la médium Mina Crandon que en una primera sesión había logrado convencer de su autenticidad a varios miembros

 El regreso de Conan Doyle a EE.UU recrudeció los enfrentamientos. Esta vez la amistad entre los dos hombres no fue suficiente para atemperar las discusiones  Las discrepancias eran substanciales. Doyle consideraba que todo aquello que él no comprendía era una manifestación de los espíritus. Para el número de mentalismo de Julius and Agnes Zancig proponía un ejercicio real de telepatía. Para Houdini eran dos magos profesionales, miembros de la American Sociaty of Magicians, que ejecutaban un número clásico de vaudeville.

La correspondencia entre ambos fue sustituida por declaraciones cruzadas en la prensa, cargadas de recriminaciones y  reproches, en un tono cada vez más hosco. Cuando Mina Crandon estuvo a punto de ganar el premio ofrecido por Scientific American magazine Houdini intervino aunque no había sido convocado a la reunión de la comisión. Aparentemente la experiencia fue concluyente. Los espíritus estuvieron muy activos durante la sesión Se escuchó una campana, una voz llamó a Harry Houdini desde la profunda oscuridad. Se trataba de Harry, el espíritu malhablado y grosero de un hermano muerto de la médium que estrelló un megáfono a sus pies. Cuando se volvieron a encender las luces, Houdini no dijo palabra sobre lo que había visto y oído. Se despidió cortésmente de la médium y se marchó. Antes de llegar al hotel, masculló entre dientes: “Sé cómo lo hace. Se trata de un fraude”.

Houdini durante una sesión de desenmascaramiento
En las siguientes sesiones exigió la utilización de su cabina antifraude. Harry le llamó maldito bastardo y exigió que se largara de allí. Acabó vaticinando que muy pronto moriría.

Cuando Houdini reveló las supercherías, Conan Doyle calificó su explicación de bazofia .Escribió una durísima diatriba en la que llegó a exigir que renunciara a la investigación psíquica. Por su parte Houdini le acusó de senilidad y le amenazó con llevarle a los tribunales.

Dos años después, el  31 de octubre de 1926, moría Houdini y Doyle le recuperó para sus altares. En su ensayo “El enigma Houdini” afirma que fue el médium más relevante de la época. Una tesis que desarrollaría el mentalista Joseph Dumninger que publicó un libro en 1928 en el que se preguntaba si Houdini no habría sido un médium sin saberlo.

Bess Houdini y los espíritus 

Una vez muerto Houdini recibió el trato que a veces se otorga a los espíritus convertidos en soporte de las obsesiones y deseos de los supervivientes. Dunninger reunió algunas anécdotas que intentaban probar que Houdini tenía la capacidad de premonición, que había percibido la muerte de su madre cuando viajaba en trasatlántico hacia Europa. E incluso su propia muerte, pocos días antes de que sucediera. Tenemos que creer a Dunninger pues no hay otros testigos. Ambos acababan de atravesar en coche Central Park, cuando Houdini le pidió que regresaran rápidamente a su casa  porque deseaba verla por última vez.

Bess Houdini
Su propia esposa, Bess Houdini, ofreció  10.000 dólares a quien fuera capaz de ponerle en contacto con su marido.  Se celebraron numerosas sesiones y en  1928, un tal Arthur Ford aseguró que había recibido un mensaje del mago. Ni siquiera después de muerto lograron engañarle. Houdini había elaborado  un código secreto de acuerdo con su esposa Bess de manera que ella podía comprobar la autenticidad de cualquier mensaje que atribuyeran a su marido. Una rápida ojeada bastó para comprobar que el mensaje de Fox no incorporaba el código convenido.

 La última sesión tuvo lugar el 31 de octubre  en presencia de los micrófonos de la radio que transmitieron a las cuatro esquinas del planeta el sonido del silencio, la música callada de la nada. Bess Houdini entendió el mensaje y renunció a proseguir en su empeño.

Notas


La Editorial La Felguera ha publicado una cuidada edición del libro Sherlock Holmes contra Houdini. Arthur Conan Doyle, Houdini y el mundo de los espíritus, que reúne textos diversos, testimonios y fotografías.

Recientemente la Editorial Capitán Swing publicó el texto “El enigma de Houdini” de Arthur Conand Doyle dentro del volumen “Como hacer bien el mal” que reúne una antología de escritos del escapista.

Hace años publiqué un relato titulado “La historia que nunca contó Conan Doyle”, dentro del volumen “Si me escuchas esta noche”, publicado por Mondadori.


martes, 9 de abril de 2013

Chesterton y la magia


Chesterton
            No voy a asegurar que Chesterton se convirtió al catolicismo gracias a la prestidigitación, pero casi. Escribió una obra teatral cuyo título y tema es la magia (1). Fue estrenada el 7 de noviembre de 1913 en The Little Theatre  de Londres, con dirección de Kenelm Foss (2) y puede considerarse un esbozo de las ideas esenciales que rondaban su cabeza,  madurarían  en los años siguientes e inspirarían su conversión al catolicismo.  Mediante una fábula convierte la necesidad de creer en un universo transcendente en un requisito para alcanzar la plenitud.

Paradójicamente fue el descreído  Bernard Shaw quien le impulsó, casi le forzó a aventurarse en el universo inquietante de las creencias (3). No sería la única paradoja. Con delicioso sentido del humor, Chesterton pondría en escena el hondo drama de la fe bajo la apariencia de una comedia fantástica cuyo protagonista es un mago.

A principios de siglo XX la magia vivía una edad de oro. Había sabido conjugar el desarrollo de técnicas propias con la incorporación de los avances científicos y las nuevas tecnologías, la inspiración de la literatura y las bellas artes para dar respuesta a los deseos de reencantamiento de un mundo al que triunfo del método científico privaba de misterio.

En Gran Bretaña el Egypcian Hall había sido uno de los laboratorios más activos y eficientes para la creación de las grandes ilusiones, desde que John Nevil Maskelyne (1839-1917) (4) en asociación con George Alfred Cooke (1825- 1905) lo convirtió en un teatro permanente de magia y realizó las primeras representaciones de larga duración.   Muerto Cooke, su nuevo socio David Devant (1868-1941) crearía obras maestras inolvidables como Mascot Moth, en la que una mujer disfrazada de polilla  se desmaterializa en el aire.


Okito

La popularidad de la magia alcanzó cotas altísimas. No era extraño que coincidieran en la cartelera hasta siete  espectáculos de primera fila  (5):  Okito (1875 – 1963)– inventor entre muchas ilusiones de la ensoñadora bola que lleva su nombre - en el teatro Alhambra;  Nelson Downs (1867 –1938), el fantástico manipulador de El sueño del avaro en el Empire;  Howard Thurston (1869 – 1936) -  sucesor de Kellar (1849 – 1922) al frente de su espectáculo y gran cartómago que desarrolló el efecto de la carta ascendente (Ring card) - en el Tívoli;  Paul Valadon (1867 – 1913) – que en el último momento fue descartado por Kellar -  en el Egyptian Hall; Le Roy (1865-1953) – creador de La levitación Asrah - en el Oxford y El Gran Lafayette  (1871-1911) -  que fascinó a su público con su versión exótica de La novia del león - en le Hippodrome.

Esta última ilusión sucedía el decorado de un harén persa. Un león se agitaba en una jaula en medio de in tumulto de malabaristas, volatineros, traga fuegos  y bailarinas orientales. Una de ellas se introduce con movimientos lánguidos en la jaula. Se estremece el león. Se remueve, se estira y se tensa a punto de saltar. De repente se despoja la piel y, en su lugar gran Lafayette (6).
Cesterton

El mago de Chesterton se basa sólo en parte en la observación de magos reales. Por ejemplo hace alusión al juego de la aparición de una pecera con peces de colores que ejecutaba con primor Chung Ling Soo. Pero para Chesterton la creencia en la magia halla su combustible en el paraíso de la infancia, época en la que cualquier cosa es maravilla y el mundo está repleto de milagros. En su Autobiografía (7) relata la primera imagen vista en su niñez: “Lo primero que recuerdo haber visto con mis ojos es un muchacho atravesando a pie un puente. Tenía un bigotito rizado y una actitud de confianza en sí mismo rayana en la jactancia. Llevaba en la mano una llave desmesurada de un metal amarillo brillante reluciente y sobre la cabeza una gran corona de oro o dorada. El puente que Atravesaba surgía en uno los extremos del borde de un peligroso precipicio al pie de unas montañas cuyas cumbres se alzaban majestuosas en la distancia hasta lo más alto de la torre de un castillo con demasiadas almenas. La torre del castillo tenía una ventana por la que asomaba una dama joven. No recuerdo en absoluto su aspecto pero me batiré con cualquiera que niegue su extraordinaria belleza” (8).

La honestidad de los magos y la honestidad de los niños


El  Chesterton  maduro reconstruye con minuciosa  nitidez  el mundo mágico del Chesterton niño. Una vivencia  medieval y caballeresca improbable en el caso del hijo de un corredor de fincas en el último tercio del siglo XIX en Inglaterra. Lo cierto es que esta imagen tan vívida no pertenecía a la vida sino al teatro. A un teatrillo de juguete construido y manipulado por su padre que se agazapó para siempre en su memoria. Chesterton decía que permanecía “detrás de sus pensamientos revelándole “los bastidores del teatro de las cosas” (9).

Y sin embargo no se trata de una ilusión. Está lejos de considerar el mundo real como un teatro a la manera de Calderón.  Disfruta del teatro aún a sabiendas de que es teatro. No se siente engañado al descubrir que el príncipe es un fantoche de cartón o el abismo una brecha entre dos corchos. Justamente lo que le atrae en el cartón, el corcho y la madera es la capacidad de convertirse en otra cosa sin dejar de ser lo que son. Nos basta recordar con qué facilidad transformábamos de niños el palo de una escoba en un caballo. Y no nos sorprendía que, sin solución de continuidad,  la escoba volviera a utilizarse  para barrer la habitación.  

El niño actúa como sí,  pero distingue con toda naturalidad  entre el fingir y el engañar. “Sencillamente – dice Chesterton - porque el niño comprende la naturaleza del arte, mucho antes de entender la naturaleza de la argumentación”.  El niño juega a que la bañera es un mar con olas que el mismo provoca. Crea imágenes que prosiguen su existencia en la imaginación. Pero no confunde la realidad con la ficción. Disfruta saltando de una a otra, No muy distinto es el planteamiento de un mago. La magia es yesca para la imaginación. Y en ese sentido tiene razón Juan Tamariz cuando afirma que la Magia prende cuando ese niño revive (10).

Chesterton efectúa una encarnizada defensa de la honestidad con que los niños contemplan el mundo que les rodea. Considera engañosos los términos que utilizamos los adultos para describir su manera de ver las cosas. No me parece que exista la menor sombra de falsedad en la claridad cristalina y la rectitud de la visión infantil de un palacio de hadas, o de un policía del país de las hadas. En un sentido, el niño cree mucho más que eso y, en otro sentido, mucho menos. No creo que el niño se deje engañar; o que por un momento se engañe a sí mismo. Creo que de inmediato establece su derecho directo y divino a disfrutar de la belleza; que se introduce en su propio y legítimo reino de la imaginación, sin retóricas ni preguntas, como surgen después de las falsas moralidades y filosofías, tocando la naturaleza de la mentira y de la verdad   (11).

“Mooreeffoc” y el reencantamiento


Chesterton
 
Tolkien (12) descubrió que Chesterton utilizaba el término  « mooreeffoc », a partir de Dickens (13) para designar  la extrañeza que provocan las cosas que la costumbre ha convertido en triviales, cuando las percibimos desde un ángulo distinto . Chesterton evoca el estupor que le suscitaba de niño la contemplación de un manzano como un manzano, capaz de hacer aparecer sólidas manzanas suspendidas de sus ramas.  La curiosidad universal y el interés por el sentido de las cosas son las actitudes básicas con las que percibe el universo. Alguna vez dijo que una cosa es asombrarse ante un dragón o un grifo, animales inexistentes. Pero otra,  y de muy superior condición, es el maravillarse ante un rinoceronte o una jirafa, animales que existen, aunque tienen todo el aspecto de pertenecer a la fantasía. Confieso que esta frase, leída en El libro del Tabú de Alan Watts, cuando era un adolescente, fue la llave que me condujo hasta Chesterton y la que mejor respondía a la pregunta que se formulaba Watts al inicio de su obra: ¿Qué debe saber una persona joven para estar bien informada sobre la vida?

¿Porqué – proseguía Watts – entre tantos mundos posibles, esta colosal y aparentemente innecesaria multitud de galaxias en un continuum espacio-tiempo, inexplicablemente curvo, estas miríadas de tubos de distintos tipos, todos jugando locamente a ser individuos, estas innumerables formas de existencia, desde la elegante arquitectura del copo de nieve o de las algas diatomeas hasta el fantástico esplendor del pavo real o del ave del paraíso? (14)

Sólo existen tres posibilidades: O todo es absurdo o todo tiene sentido o nosotros mismos otorgamos sentido a lo que no lo tiene. Elija el lector. Este dilema  convierte en emocionante nuestra existencia. Porque tenemos  la posibilidad de fracasar, de  optar por un sendero equivocado.

El papel de las leyendas


Chesterton
El dilema es apropiado para situarnos al comienzo de la obra teatral de Chesterton junto a dos personajes extraviados en el parque de una mansión de la campiña inglesa y quizá también extraviados en la vida. Los dos personajes están a punto de encontrarse. Ella es Patricia Carleon, sobrina del Duque, propietario de la finca y contempla el mundo con el asombro infantil que tanto atraía a Chesterton.  Una visión luminosa que he pretendido describir al principio de este artículo  y que Chesterton hace rebotar hasta los mismísimos cielos.  Porque Patricia considera que la realidad que le fascina y deslumbra, esa existencia a la que está agradecida, tienen un origen y fundamento sobrenatural.  De manera que Chesterton convierte una pregunta ingenua como creer o no creer en las hadas en una pregunta teológica.

El otro personaje que deambula por el parque y con el que Patricia se topará de bruces es un mago. Se hará pasar por un elfo para complacer a la muchacha. Es imposible no identificar la fascinación de Chesterton por la inocencia con la aceptación incondicional del cuento de hadas por parte de Patricia. Ella será la mediadora entre el mundo desencantado y el reencantamiento con el que sueña Chesterton. No olvidemos que hacía tiempo que Chesterton había declarado la guerra al escepticismo y se comportaba como un gallo de pelea frente a la modernidad. Tras sufrir una crisis existencial se apartó intelectual y vitalmente de las convicciones modernistas en las que había sido educado por su familia, según los parámetros de la clase media-alta victoriana.

Lo demoníaco



Devant y tras el un demonio

Será la intuición de la existencia del mal el detonante de su rechazo a los presupuestos positivistas y darwinianos de la ciencia, aprendidos sólidamente en la selecta Saint Paul's School. Una formación escogida que incluía una visión pagana de la antigüedad clásica, una concepción crítica respecto al papel de la religión, en especial la católica, en la historia y la cultura y la exaltación  de los valores del imperio, la democracia y el progreso.

 

En El demoníaco (15), ensayo que forma parte de su libro Enormes minucias, relata su encuentro con un hombre de características luciferinas que pasaba las noches en lugares donde no sentía yo deseo de seguirle ni aún con la imaginación. Durante el día ambos compartían estudios en una escuela de Arte que a Chesterton le parecían una forma más o menos divertida de perder el tiempo. Pero esas noches inimaginables no sugieren un camino de abyección, sino un verdadero pacto con el demonio. La existencia del mal suscita en Chesterton la convicción de que el demonio existe y justifica guerras, catástrofes, la enfermedad, la muerte y la degradación, la impotencia de los dioses y las limitaciones de la razón.

 

 

Hogart
Su compañero de estudios después de traspasar todos los límites, después de abolir las fronteras entre el bien y el mal,  se suicida. No sin antes abrir la rendija que le mostrará el infierno en la tierra.  O, tal vez – la inteligencia de Chesterton se nutre de paradojas – el furioso amor de Dios.

Esta es la clave del pensamiento de Chesterton sobre la magia. Desencadena  una controversia – en la que desactiva con habilidad la razón y la lógica, sobre lo posible y lo imposible, las apariencias, el azar y la casualidad, la fe, la ilusión, el engaño y las trampas. Cree en la magia. Pero no en nuestra magia prestidigitante, consecuencia del ingenio, el conocimiento y el arte para crear y transmitir sensaciones. Cree en otra magia que tiene su origen en supuestos poderes o intervenciones sobrenaturales.

La misma candorosa aceptación que estimula a Patricia Carleon a admitir los cuentos de hadas incita a Chesterton a aceptar lo que no llama magia negra.  Pero yo sí se lo llamo. Chesterton consideraba que la modernidad era un pedazo de tiempo podrido y decadente en la historia e intentaba encontrar una escapatoria para los atribulados habitantes del siglo XX. La fuga sólo podía dirigirse hacia el pasado.  ¿Qué podemos saber de lo que nos propondrá el futuro? Chesterton halló su refugio en la Edad Media.

Las ideas se encarnan en los personajes


Chesterton conversando
con Belloc y Baring

Pero ¡ojo! las ideas de Chesterton siempre tienen aspecto punzante, aunque a veces sean reediciones de doctrinas y creencias antiguas y desechadas. Pero tienen la virtud de clavarse como flechas en el cerebro y obligan a pensar las cosas de nuevo, desde el principio. El suyo es un teatro en el las ideas se encarnan en los personajes.

Cada uno de los siete personajes de Magia personifica una actitud ante la vida y mantiene opiniones propias, enfrentadas a las de los demás, sobre la ciencia, la religión, la modernidad, la política, el periodismo, la magia y la prestidigitación. Temas que preocupaban a Chesterton.

Siete son un médico seguro de su ciencia, un clérigo descreído, un aristócrata contemporizador, de un joven racionalista, un secretario sin imaginación y la joven  crédula de la que ya hemos hablado. Cuento seis. Falta uno para completar la septena: El mago que ofrecerá una sesión para todos ellos por encargo del duque, dueño de la mansión.

El duque es hombre liberal, afable, hostil a aceptar la supremacía de un punto vista sobre otro. Para Chesterton el relativismo y la aceptación de múltiples perspectivas para ver las cosas es el pecado original del liberalismo. El Duque considera, haciendo un chiste poco afortunado, que en la vida no hay nada incompatible excepto marido y mujer.

 Le obsesiona que todos se lleven bien. Es un convencido de la política del consenso. En ese sentido, está dispuesto  a apoyar causas políticas opuestas. Financia por igual al movimiento que encabeza el cura a favor de la apertura de una taberna y al que encabeza el doctor para evitarlo. Para Chesterton su noción del progreso se identifica con la fórmula magistral que formuló Lampedusa: que todo cambie para que todo siga igual.  

Una velada de magia

Devant ejecutando e
l pez educado

El grupo se reúne para asistir a la velada de magia. Fiel a su espíritu, el Duque pretende satisfacer por igual a su crédula sobrina Patricia y a su escéptico sobrino Morris. Al igual que el doctor y el clérigo, los Carleon mantienen puntos de vista  opuestos. Patricia aprendió en Irlanda que las hadas existen. Morris Carleon ha recibido en Norteamérica una formación científica incompatible con cualquier tipo de creencia irracional.

Antes de iniciar la sesión el mago ha planteado la primera incompatibilidad mediante una soberbia paradoja. Sale a colación el periodismo. El mago confiesa al Duque que antes fue periodista, pero que ambos oficios se sustentan en principios opuestos. El mago nunca explica las cosas que ocurren, mientras el periodista explica lo que no ocurre.

La llegada de Morris es avasalladora. Se detiene ante el velador del ilusionista y va cogiendo y despreciando cada uno de los objetos que lo invaden al tiempo que desvela los trucos que encubren: un doble fondo, un tiraje, una baraja trucada. 

Patricia le reprocha que destripe los juegos. El mago la interrumpe para decirle que hay algo que es mucho más importante que saber cómo una cosa se hace: Saber cómo hacerlo.

La sesión de magia discurre por un terreno inédito. Se convierte en un debate filosófico, aunque más pasional que razonado sobre lo verdadero y lo falso, el artificio, la ilusión y la artimaña. 

Morris considera que la prestidigitación moderna se compone de los antiguos milagros una vez desvelados. Al respecto discute con el reverendo Smith que le rebate con el argumento de que cuando hablamos de las cosas que son falsas, por lo general significa que son imitaciones de las cosas que son auténticas. Es decir que para que existan milagros, fantasmas o hadas escénicos y ficticios previamente tuvieron que existir sus patrones en la realidad. Esta es la posición con la que se identificaba Chesterton, pues veía en la prestidigitación un reflejo de lo sobrenatural.

Cuando hablan de un cuadro clavado en la pared este se mueve. Morris busca explicaciones. Se puede hacer con alambres. El prestidigitador asiente. Cae una silla. Morris se apresura a decir que se puede hacer con una tabla floja. El prestidigitador vuelve a asentir. Morris ha despreciado el más bello de sus juegos. La aparición de la pecera con los peces de colores. Por entonces, como ya he dicho, formaba parte del repertorio de Chung Ling Soo. A mí me gusta evocar la versión de Joseph Michael Hartz (1836- 1903) que pedía un sombrero prestado y sacaba de él toda clase de cosas. Entre ellas una pecera en la que nadaban peces de colores.

Para Morris no son más que pedazos de zanahorias que flotan en el agua. Se fija en la luz roja al fondo del jardín. Para él es la luz de la ciencia, una luz que ni la ignorancia ni la superstición pueden apagar. Ni siquiera alterar. La luz se vuelve azul.

Esta vez Morris no haya explicación alguna. Y enloquece. No puede concebir que sobreviva un misterio al examen de la razón.


El rostro (The Magician)
película de Bergman basada
en la obra de Chesterton
La realidad es que no existe explicación. El mago no ha ejecutado ningún truco. Sólo ha deseado con todas sus fuerzas que la luz cambie de color y así ha sucedido. Chesterton hace justo lo contrario que en las novelas de la saga del Padre Brown. En ellas presenta un misterio, plantea toda clase de explicaciones de carácter mágico o demoníaco y luego las desbarata, sustituyéndolas por soluciones relacionadas con la vida cotidiana, que nada tienen que ver con el otro mundo.

Con la arbitrariedad maravillosa y desenvuelta que le caracteriza Chesterton reemprende el camino opuesto al que hizo Reginald Scott un par de siglos antes. Scott frecuentó a los magos de su época para que le contaran cómo hacía sus trucos. Y lo escribió en un libro (13) con la intención de demostrar que utilizaban procedimientos naturales y así acabar de una vez por todas con la acusación de brujería que les llevaba a la hoguera.

Chesterton introduce en una sesión de prestidigitación de principio del siglo XX una causa sobrenatural. Evidentemente aquí está el truco. Chesterton hace prodigiosa prestidigitación con las palabras y con las ideas. Pero lo que resulta interesante es el efecto: la reacción de Morris. ¿Su locura es un exceso? Sin duda. Es una caricatura y no es probable que ningún racionalista alcance ese extremo. Pero su locura sirve a  Chesterton para denunciar lo que considera una actitud absurda por parte del hombre moderno incapaz de convivir con aquello que no puede comprender.

El hombre corriente – escribe - disfruta de salud porque acepta el misterio. Le preocupa lo verdadero y no sólo lo lógico. Y cuando se enfrenta con dos verdades y con la contradicción se queda con las dos verdades y la contradicción. Sabe que el mundo tiene sus leyes y eso es la ciencia, pero sabe que esas leyes se pueden alterar y, entonces, se produce el milagro.

 

Notas


1.     Chesterton, G. K. (1874-1936): Magia: una comedia fantástica / traducción de Vicente Corbi ; prólogo de Felipe Benítez Reyes; Sevilla : Espuela de Plata, 2010

Kenelm Foss
2.  GK Chesterton escribió Magic para Kenelm Foss que acababa de sobrevivir a una tuberculosis. Este actor, escritor, director y productor había nacido en 1885 en Croydon, Surrey, Inglaterra. Fue uno de los primeros directores de cine y llegó a escribir un Curso práctico de cine en diez lecciones, junto a Mary Pickford, y Charlie Chaplin. No abandonó el teatro. Estrenó El jardín de los cerezos  de Chejov en Inglaterra y produjo una obra de teatro en Broadway protagonizada por John Barrymore. La tuberculosis le complicó la existencia.

En 1925  inaguró un local de bocadillos en Londres al estilo de los bares de comida rápida que había conocido en América.  La carta llegó a tener 60 variedades de bocadillos. La barra del Sandy se convirtió el lugar preferido de los personajes populares en la décadas de los veinte y treinta. Lo frecuentaron  Charlie Chaplin, Noel Coward, George Bernard Shaw, Rex Harrison y el primer ministro Ramsey MacDonald. Tuvo éxito y fundó la cadena Sandys.

Su hija Fanny Burney publicó su biografía en 2007: Teatro, cine y bocadillos: la extraordinaria vida de Kenelm Foss ( Stage, Screen and Sandwiches: the Remarkable Life of Kenelm Foss, Londres, Athena Press, Abril, 2007).

3.     Bernard Shaw llegó amenazarle con seducir a su esposa si no escribía una obra teatr

4.     Maskelyne, John Nevil (1839-1917) :  Nuestra magia,   Madrid : Gema Navarro, D.L. 2011.

5.     El mismo día y en la misma calle afirma Noel Daniel en  Magic, 1400s-1950s / edited by Noel Daniel ; introduction by Ricky Jay ; essays and captions by Mike Caveney and Jim Steinmeyer : Köln : Taschen, cop. 2010 

6.     A la vida fascinante de este hombre dediqué un relato “El gran Lafayette” en Si me escuchas esta noche. Madrid : Mondadori, D.L. 1991  

7.     La edición más reciente es Chesterton, G. K. (1874-1936): Autobiografía; traducción y notas de Olivia de Miguel; Barcelona : Acantilado, 2003 

8.     Cito a partir de la edición Chesterton, G. K. (1874-1936) “Autobiografía” en Obras completas. I :[traducción del inglés por Antonio Marichalar, : 2ª ed.  Buenos Aires ; Barcelona [etc.] : Plaza & Janés, 1961

9.     Ibidem.

10.  Juan Tamariz: La Magia: Un mínimo intento de aproximación a definirla y acotarla (inexorablemente fallido) en El Adelantado de Indiana. Revista de literatura, arte y pensamiento sobre ciudades pequeñas, cuerpos que crecen, aquello que no cabe en  el mundo y carros voladores. (Recurso electrónico) http://www.depauw.edu/learn/adelantado/issue7/tamariz.html

11.  Chesterton sobre la forma de ver del niño en Autobiografía.

12.  J. R. R. Tolkien, "On Fairy Stories" in Tree and Leaf , págs. 77-78. Hay edición española: "Sobre los cuentos de hadas" en Arbol y hoja , traducción de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech, Ediciones Minotauro, Barcelona, 1994,

13.  Dickens utiliza  el anaciclico o  palabra espejo  Moor effoc en su Autobiografía inacabada.  Los anacíclicos son palabras que al ser leídas de derecha a izquierda dan lugar a otra palabra conocida. Dickens lee las palabras Coffe room invertidas en la cristalera de un café. Y cada vez que vuelve a encontrarlas su corazón se conmocione y se sumerge en los sueños.

14.  Alan Watts: El libro del tabú, Editorial Kairós, Barcelona, 1972, pág 12

15.  El demoníaco” en Enormes minucias, publicado en Obras Completas, I, Plaza y Janés, Barcelona, 1967.

16.  Reginald Scott: The Discovery of Witchcraft , London, 1584. http://history.hanover.edu/courses/excerpts/260scot.html