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sábado, 22 de septiembre de 2012

¿Cómo era mi país?

Poeta saharahui
En el cielo aparece un avión. Lanza varias bombas de napalm. En medio del paisaje desolado alguien arde. En el desierto, a todas horas, claman voces que nadie oye.
Voz 1.- ¿Quién es?
Voz 2.- ¿Quién eres?
Voz 1.- Fue en el 74.
Voz 2.- ¿Cómo era nuestra vida anterior?
Voz 1.- ¿Anterior? Yo apenas era una niña.
Voz 2.- Nuestro país tenía dos nombres.
Voz 1.- Dos nombres para un país del que nada recuerdo.
Voz 2.- Los dos nombres eran hermosos. Se llamaba Río Rojo y se llamaba Río de Oro.
Voz 1.- La muerte y el deseo. ¿Cómo era nuestra vida entonces?.
Voz 2.- Los relatos de los viejos abren pozos en nuestra imaginación.
Voz 1.- Los viejos viajan interminablemente por un país al que no han vuelto desde hace casi cincuenta años..
Voz 2.- Somos nómadas. Nos gusta viajar.
Voz 1.- ¿Viajar? Estamos detenidos junto a un pozo. .
Voz 2.- Nuestro país es inmenso. Tendríamos que soñar toda una vida y aún así no lograríamos recorrerlo. .
Voz 1.- Tres generaciones enteras rumian sus sueños durante el día y durante la noche. Voz 2.- Como los dromedarios comen su hierba.
Voz 1.- No somos distintos de un rebaño de dromedarios ciegos.
Voz 2.- Hay una luz al final.
Voz 1.- ¿El cuerpo que sigue ardiendo?
Voz 2.- Nosotros vivimos en la esfera del éter o fuego, más allá comienza el mundo de los astros.

Tifariti. Restos de un avión derribado

Voz 1.- Como humo ascendemos por él.
Voz 2.- Más allá, por encima de esta última esfera, brilla la luz eterna.
Voz 1.- ¿Venimos de un mundo imaginado y vamos a un mundo imaginario?
Voz 2.- Nuestro mundo ¿Imaginario?
Voz 1.- ¿Cuál es nuestro país?
Voz 2.- Nuestro país es nuestro propio cuerpo.
Voz 1.- ¿Ese cuerpo que arde?
Voz 2.- El cuerpo que el desierto ha modelado.
Voz 1.- ¿Y el NAPALM.?
Voz 2.- No ha podido con nosotros..
Voz 1.- ¿Qué más puede hacernos? Nos lo han arrebatado todo.
Voz 2.- ¿Todo? Durante siglos vivimos de las nubes. ¿Quién tiene derecho de propiedad sobre las nubes?

En medio del paisaje desolado alguien arde. En el desierto, a todas horas, claman voces que nadie oye.

martes, 31 de julio de 2012

El desierto y la falsa estepa



Escritorio sahariano
 Tengo intención de escribir sobre la literatura y los desiertos y acabo escribiendo sobre el viento.

El viento  como último paisaje. El rastro de su tensión, su presencia, su retirada y ausencia esculpida en la arena. ¿A partir de qué instante se detiene? Invisible imágen apocalíptica: Tras el viento el paisaje se cubre de polvo, se oscurece, se acaba volviendo blanco y negro .

Los libros sobre los desiertos están, en parte, escritos por el viento y provocan un estremecimiento olvidado. Me seduce lo que precede a la literatura, el mundo generador de los mitos, para los que el desierto se comporta como una página en blanco sólo comparable al mar. Lugares en incesante movimiento, dispuestos para la partida, para la marcha, para la huida y, a la vez, inmóviles. Las obsesiones más tenaces se deshacen, como piedra en arena, en este medio duro, difícil, en el que un pueblo se enfrenta al anterior para ocupar su lugar. El espacio es grandioso, casi sin límites, pero en la inmensidad no hay lugar para todos.


Viejos libros saharianos
  Durante su viaje por el desierto, en busca de sus orígenes saharauis en la tierra de sus ancestros, Jemia y su esposo J.M.G. Le Clézio, se cruzaron con un hombre al que le plantearon la siguiente pregunta: Si vamos en dirección al oeste ¿Dónde llegaremos? A lo que el hombre respondió: Si durante tres años continuáis viaje hacia el oeste, llegareis a donde os encontráis ahora.

¿Es ese el destino que nos aguarda en nuestro viaje por la literatura de los desiertos?

Aunque escribo estas líneas frente al mar, vivo desde hace años en lo que técnicamente se llama una falsa estepa, un pueblo de la meseta castellana, rodeado de gentes en las que agoniza una civilización que subsistía sin grandes cambios desde hace varios milenios. Los campos cultivados se inician al otro lado del muro del jardín de mi casa. Quizá dentro de poco no exista quién los cultive. Todos vivimos un extremo racionamiento de la libertad, de la esperanza y del sentido de la vida.



Página del Diario de
Michel de Vieuechange
 En los años setenta asistí al final de la existencia nómada de las grandes tribus del Sahara Occidental, propiciado por los cambios tecnológicos y científicos, pero también por la mala política y la guerra. Por entonces no imaginaba que algún día subsistiría entre los fantasmas de una civilización desaparecida en mi propio país. En realidad, el desierto no está tan lejos de esta falsa estepa. Muchos sonidos e imágenes son comunes a uno y otra. Como el silencio y la presencia en primer plano de la naturaleza, pero sobre todo la soledad en que se produce el encuentro entre el ser humano y el mundo que le rodea, los elementos naturales y las fuerzas cósmicas. En realidad el desierto es el espacio en el que la perspectiva del hombre es sustituida por la perspectiva de la materia.

domingo, 29 de julio de 2012

Los desiertos de Edgar Varese


Sopla el levante. Abro puertas y ventanas mientras escucho Desiertos  de Edgar Varese, obra en la que el compositor utiliza sonidos electrónicos grabados en oposición a los sonidos intrumentales. Todo vuela a mi alrededor. Es sorprendente como se establecen también conexiones entre el viento y la música, impulsos, movimientos del sonido a través del espacio, ritmos alterados, un timing distinto, otros clímax. La obra de Varese integra cualquier sonido. Entonces ¿por qué se llama Desiertos? Tal vez porque la música y el viento  son los sensores que nos revelan  que el mundo es  inasible y su sonido inaudible.




domingo, 22 de julio de 2012

Situación de los saharauis .



Fotografía de Ricardo Ramírez Arriola
  Ni miedo ni esperanza asisten al animal que agoniza; el hombre aguarda su final teniéndolo y esperándolo todo; muchas veces ha muerto, muchas volvió a alzarse. Frente a los asesinos el hombre grande, en su orgullo, arroja su desprecio a la abolición del aliento; conoce la muerte hasta el hueso: la muerte es creación del hombre. Esta frase de Yeats expresa a mi juicio con la más certera cámara – la cámara de las palabras - la situación de los saharauis expulsados de su tierra.
Cierro los ojos y escucho el viento del desierto tal como se refleja en el interior del hombre despojado. Un irifi pertinaz sopla con fuerza, pero intermitentemente, en el desierto de mi imaginación. Jirones de arena se agitan y flotan sobre estáticos ríos, sobre un sol más inflexible que las piedras. Un saharaui camina de un lado a otro, escrutando la lejanía. Le llamaré Salek pues no puedo ver su rostro que protege con el turbante.

Salek habla con el viento: Eres cada vez más fuerte, pero te comportas como un adolescente, tan cerca, tan distante. ¿Viento o espacio? Mis palabras desaparecen contigo. Eso es todo. Llevas años aullando nombres de muertos. Te miro con los mismos ojos que los animales. Ellos se han refugiado en su propia sombra y aguardan. Fantasmas que por instinto saben que ninguna frontera detendrá la tormenta de arena. En poco tiempo estarán enterrados. También mi miedo y mi esperanza.

Vengo de un confín hasta otro confín. Pastos. Es como buscar incienso en la arena. ¿Cuántos años, cuántas décadas podremos permanecer detenidos aquí, sin agua ni alimentos? Hasta hace poco era un soldado. He peleado durante veinticinco años y me han herido en once ocasiones. Desde el alto el fuego he vuelto para criar un ganado inmóvil como las rocas. Es difícil respirarte, viento. Estás sediento de mi aliento. ¿Conseguirás lo que no lograron las balas enemigas? ¿Serás tu quien me arrebates la última bruma?

Buscaba la libertad y vivo confinado en la celda de mi mismo. No hay muros porque no hay más allá. Si extiendo la mano ya no puedo ver mis dedos. Sólo viento sin reposo, furia, creación y destrucción, sombra. Soy obstáculo que recubre la miel de la arena. Mi cara despunta en la superficie, protegida por el turbante. Debajo los pulmones llenos de ti, aguardan a que me abandones. Ya otras muchas otras veces me creí muerto. La vida y la muerte van y vienen. En el viento no logran definirse.

sábado, 21 de julio de 2012

Gerhy, el desierto y el cerebro

Alguien relacionó una  parte del edificio con una fotografía  de Edward Weston que representa unos  coches quemados en el desierto de Mojave. La foto fue tomada en 1937. El edificio de Franz Gerhy es reciente, pero está situado en ese mismo desierto, donde se encuentra  la ciudad de Las Vegas 

Se trata de un centro dedicado a la investigación  y tratamiento de enfermedades neurológicas. Gerhy lo concibe como la amalgama de dos edificios diferentes,  ensamblados de una manera conflictiva. Algo frecuente en obras suyas.  En este caso alude al contraste entre los dos hemisferios del cerebro. Cada una de las dos mitades de nuestro cerebro percibe, en cierto modo, una realidad distinta.

El edificio norte representa las funciones lógicas, la parte racional de nuestra mente. Alberga los servicios médicos y de investigación. Su forma es geométrica y su color blanco.

El edificio sur representa la actividad imaginativa, las actitudes más creadoras e imprevisibles. Se trata de un verdadero caos de acero inoxidable, un conjunto de ruinas y reflejos  monumentalizados.

Hay quien lo ha descrito como un choque de trenes. Pero no es una catástrofe. Al doblar un muro, al prescindir de una dirección única para las líneas, Gerhy incorpora el gesto e la arquitectura, la expresión indescifrable

lunes, 25 de junio de 2012

La tentación del desierto



La lectura es un juego de dados. Una hoja de papel se convierte en belleza, goce, sobresalto, deseo, pavor, pesadumbre, melancolía. Lanzo sobre el tapete este poema Watanabe

Fotografía de Ricardo
Ramirez Arriola
Los pastores de cabras
      que cruzan el desierto
siguiendo largos caminos invisibles
te miran compasivos. Adivinan
que en tu quietud, recostado en la roca,
        mientras ninguna hora avanza,
desmoronas igual que el sol a las piedras
        las palabras del mal.

Cuando regresen de sus valles de pastura
                 (en la aridez
sonará como agua la alegría
de los cencerros). ya no estarás. sólo hallarán
en la roca
la huella de tu espalda
                  negra
como si hubieras ardido.

(La tentación del desierto pertenece al libro de José Watanabe: Y habitó entre nosotros).

La huella de una combustión interior, deseo o pasión, quema la roca. Maravillosa alianza entre el lenguaje, la imaginación y los espacios que invade la soledad [el desierto], donde la vida queda registrada como un fósil [la piedra].