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lunes, 10 de febrero de 2014

Conan Doyle, Houdini y las almas descarnadas




Arthur Conand Doyle y Harry Houdini
Los dos personajes principales de esta historia no están, aunque se les espera. Son dos fantasmas. Se les espera con vehemencia. Con ello quiero decir que la base de las creencias espiritistas se relaciona con el deseo de entrar en contacto con seres desaparecidos.

Por eso los verdaderos  protagonistas de esta historia no son Conan Doyle y Houdini, sino  una madre y un hijo muertos. Hubo un momento en las vidas de  Conan Doyle y Houdini en que compartieron un mismo dolor. Para que los deseos se conviertan en creencias y las creencias en convicciones se requiere la presión de una fuerte carga emocional.  Se trataba de un  estado de ánimo colectivo. Acabada la primera guerra mundial se extendieron  los supuestos y prácticas espiritistas por Europa y Estados Unidos entre aquellas personas que habían visto desaparecer a sus seres queridos en plenitud de vida, como consecuencia de la crueldad de la guerra.

Conand Doyle busca a su hijo


 Sir Arthur Conan Doyle, el creador del célebre Sherlock Holmes, era un convencido creyente en el espiritismo. A la hora de estudiar los fenómenos psíquicos no buscaba explicación. Tenía una y se aferraba a ella. Poco a poco un interés por la vida y milagros de los espíritus fue desplazando su dedicación a la literatura y ocupando el lugar reservado a la curiosidad por la ciencia, la participación política, la implicación en la guerra y la práctica del boxeo. Una de últimas obras fue una monumental “Historia del Espiritismo” que arranca de Swedenborg y culmina con una nota sobre la escritura automática. Una crisis espiritual de tal magnitud no puede atribuirse en exclusiva al debilitamiento de la vejez. Seguramente no es ajena a la muerte de su hijo en la primera guerra mundial.

Houdini busca a su madre

Supuesto fenómeno espiritista
También la muerte de la  madre de Houdini impulsa al ilusionista a dedicar  todas sus energías, que eran muchas, a encontrar la manera de ponerse en contacto con ella. Sucede pocos años después de la muerte del hijo de Conand Doyle. Corre la década de los 20 y Houdini recurre a la ayuda de médiums  y de los llamados “psíquicos”, seres que se dicen dotados para intermediar con ultratumba. Por tratarse de un mago esta actitud resulta chocante. Por lo general los magos más destacados, me refiero por supuesto a ilusionistas y prestidigitadores, consideran que su profesión es un arte que debe diferenciarse por completo de engaños y fraudes. En consecuencia dedican su experiencia y conocimientos a desenmascarar a los pretendidos médiums que utilizan las mismas técnicas que los magos emplean en sus espectáculos pero se presentan como seres dotados de poderes sobrenaturales y trato privilegiado con los espíritus.

Maskelyne y lo sobrenatural

Uno de los magos más eminentes del siglo XIX,  John Nevil Maskelyne escribió un libro en colaboración con el psiquiatra Lionel A. Weatherly planteando lo sobrenatural entre interrogaciones. “¿Lo sobrenatural?” reunía las conclusiones de varias décadas de investigación sobre los supuestos fenómenos psíquicos. La conclusión no podía ser más tajante: “No existe, ni nunca ha existido, un médium de ninguna clase que no haya usado trucos o engaños”, El método de trabajo empleado consistía en reproducir los  prodigios de los médiums, valiéndose del ingenio, las sutilezas psicológicas, las técnicas escénicas y la alteración de la percepción. El propio Maskelyne se había convertido en ilusionista tras asistir a una representación de los hermanos Davenport en el teatro local de Cheltenham, su ciudad de origen, en la que tenía un taller de relojería. Los Davenport se encerraron en un armario que tenía tres puertas. En cada extremo se sentó uno de los hermanos, enfrentados.  Se hicieron atar con una cuerda gruesa que inmovilizaba sus pies y sus manos de manera que no pudieran moverse de la silla.  En el centro del armario había una trompeta, una guitarra, un violín, dos campanas y una pandereta. En cuanto las puertas se cerraban y se  apagaban los luces, los instrumentos empezaban a tocar, pero cuando se hacía la luz y se abría el armario, los  Davenport continuaban atados.

Cabina o armario espiritista de los hermanos Davenport
Tres meses después Markelyne, con la ayuda del hábil ebanista Cooke  presentó un armario similar con el que replicó los prodigios que realizaban los  Davenport, dejando bien claro que no precisaba ayuda alguna de los espíritus. Desde entonces dedicó especial atención a desvelar los trucajes utilizados por pretendidos médiums.
Houdini se aproximó el universo de los espiritistas con la intención de entrar en contacto con su madre muerta. Sin embargo dudo que su actitud fuera abierta y confiada por completo, como a menudo se supone. Su formación era la de un mago. Y en los anales de la magia ya existía un corpus importante de fraudes descubiertos.  Maskelyne tras instalarse en Londres había ofrecido en el teatro que regentaba – el Egyptian Hall – numerosas representaciones dedicadas a reproducir y desvelar los efectos realizados por los médiums. Los Davenport habían sido la primera de una larga serie de fraudes y falsificaciones descubiertas.

Las investigaciones de Maskelyne tuvieron lugar en las dos últimas décadas del XIX y Houdini, dotado de una curiosidad sin límites para todo aquello que se refería a la magia, no podía desconocerlas. Aunque los motivos por los que se acercaron Doyle y Houdini al espiritismo aparentemente coincidían, sus actitudes frente a los fenómenos necesariamente tenían que ser muy diferentes.

Encuentro en Crowborough

Inicialmente primaba aquello que les unía y entre ambos se anudó una verdadera amistad. Se conocieron durante un viaje que realizó Houdini a las Islas Británicas en 1920. Previamente Houdini envió a Conand Doyle su polémico libro que pretendía desmitificar la vida de a Jean-Eugene Robert-Houdin. Es preciso indicar que Houdini había derivado su nombre del apellido del gran mago francés, que había dado forma definitiva a la magia moderna y cuyas maravillosas ·Confidencias” le maravillaron en la juventud. Sin embargo el hechizo se desvaneció y Houdini escribió un libro “deconstruyendo” las confidencias de su ídolo, pretensión tan  infructuosa como intentar desmontar los presupuestos de “Alicia en el País de las Maravillas”. Houdini demostraba en este caso una dudosa comprensión del sentido de la ficción, cuyo alejamiento de la realidad es precisamente lo que le otorga la libertad para imaginar otros mundos posibles.

Houdini con Ira Davenport
A Sir Arthur le llamó la atención las páginas del libro en las que Houdini contradecía la visión que Robert-Houdin ofrecía. Su armario espiritista había causado sensación a los tres aunque por motivos diversos. Robert-Houdin mostraba su desagrado porque presentaban su espectáculo, que elogiaba, como lo que no era: Una manifestación de los espíritus. Sir Arthur Conan Doyle  veía en su acto una prueba de la autenticidad de los fenómenos espirituales. Houdini les consideraba unos excelentes magos de grandes ilusiones o escenario. Según Sir Arthur el comportamiento de Ira y William Davenport no había sido fraudulento porque mantuvieron una calculada ambigüedad sobre el origen de sus poderes y dejaban al arbitrio del público la resolución del enigma. Pero la realidad es que se iniciaron en el mundo del espectáculo como ilusionistas y que uno de sus ayudantes, Harry Kellar, aprendió con ellos lo suficiente para montar su propia función de magia.

El número de los Davenport se hallaba más próximo al escapismo que al mentalismo. Era la especialidad de Houdini: ser capaz de librarse de cualquier atadura. Y eso es lo que hacían los hermanos: desatar y anudar de nuevo las cuerdas que les trababan en un abrir y cerrar de ojos.
Tras su retirada, Ira Davenport había revelado a Houdini  los secretos de estos escapes: cuerdas largas, pericia para  realizar los nudos, destreza para revolverse y el uso de aceite para facilitar escabullirse de las ligaduras. Ira le describió incluso las trampas que disponían en los pasillos de los teatros para impedir que ningún intruso pudiese llegar hasta el armario e investiga el material utilizado.

La confesión de Ira no alteró la convicción de Sir Arthur de que se trataba de médiums genuinos. De hecho en la carta que había enviado a Houdini agradeciéndole el libro sobre Robert-Houdin, Sir Arthur consideraba banales esta clase de confesiones. Si los médiums recurrían a veces a los trucajes se debía a que no siempre se hallaban en disposición de ejercer sus verdaderos poderes superiores.

En su relación con Sir Arthur,  Houdini moduló su punto de vista sobre los Davenport. Nunca fue tan explícito como magos anteriores: los ya citados Maskelyne y Robert Houdin o John Henri Anderson. Incluso dio pie a Sir Arthur para considerar que avalaba la inexistencia de trucajes o manipulación al insistir en que jamás fueron descubiertos. ¿Actuaba con astucia para preservar una amistad que podía franquearle el acceso al núcleo duro del espiritismo? ¿Había empezado a reunir los materiales para su futuro libro “Un mago entre los espíritus“?  O por el contrario ¿sus titubeos eran reales y su incertidumbre una ventana hacia otras posibilidades que nunca quiso cerrar del todo?

Durante su primer encuentro en Crowborough, Sir Arthur le contó que había hablado al menos en seis sesiones distintas con su hijo muerto. Houdini mitigó su escepticismo, se mostró desprejuiciado y confesó a su huésped que estaba ansioso por conocer la verdad, para lo que solicitó su ayuda. 

La médium Eva Carriére 


Sir Arthur franqueó la entrada a Houdini a diversas sesiones. En las que tuvieron lugar en la Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres intervino la médium Marthe Béraud, que había adoptado el nombre de Eva Carriére y a veces se hacía llamar Eva C. Años atrás, tras la muerte del joven con el que se iba a casar, Marthe materializó el espíritu de un brahmán hindú llamado Bien Boa que resultó ser a veces una  tosca figura de papel maché y otras un cochero árabe disfrazado. Aquello había ocurrido en la Argelia colonial. Después en la metrópoli, en Francia,  sus manifestaciones tendrían un fuerte contenido erótico. Era una  médium controvertida por lo que fue invitada por la Sociedad de Investigaciones para ser estudiada. .
 En las primeras sesiones no sucedió apenas nada.  En una  sesión a la que asistió  Houdini, Eva Carriére materializó lo que llamaba ectoplasma, un fluido pegajoso que brotaba por su boca y otros orificios del cuerpo. Las materializaciones y desmaterializaciones de Ectoplasma junto a la fotografía espiritista eran los dos argumentos preferidos de Conan Doyle en defensa del espiritismo. En la misiva que Houdini envío a Sir Arthur dando cuenta del asunto una vez más se mostró cauto,  incluso artero.  Aseguró que no había visto nada sobrenatural y describió los hechos sin explicarlos. Pero en su libro “Un mago entre los espíritus”, publicado poco tiempo después describió los gestos de la médium como los movimientos precisos de un prestidigitador. También el ectoplasma estaba confeccionado con papel maché,

Conan Doyle se fijaba en los efectos y Houdini investigaba los métodos. Como don Quijote y Sancho Panza veían en un mismo objeto, cosas distintas. Lo que para uno era intervención patente de los espíritus, para el otro eran falsificaciones y fraudes. Hacía tiempo que Sir Arthur había renunciado a los mecanismos de verificación.

Conand Doyle cree en las hadas 

Supuesta fotografía de un hada
Para la revista donde publicaba las aventuras de Sherlock Holmes, escribió un artículo donde aseguraba poseer pruebas irrefutables sobre la existencia de las hadas. Lo ilustró con cinco imágenes tomadas con una cámara Kodak en las que aparecían dos jovencitas bellísimas, junto a varías hadas y un gnomo.  La única relación con los bosques que tenían aquellas hadas es que estaban hechas de papel. Las fotos tenían el mérito de ser uno de los primeros trucajes fotográficos. Las figuras copiaban las ilustraciones de un libro de cuentos infantiles publicado cinco años antes, dibujadas por  Claude Shepperso, que casualmente incluía un relato del propio Conan Doyle.

Houdini en su correspondencia con Doyle no hace referencia a estos hechos, quizás porque le hubiera sido difícil mantener la actitud neutra, contenida y circunspecta que caracterizaba sus relaciones para evitar la polémica y para no lastimar a su reciente amigo.

 Este estaba completamente persuadido de que Houdini encarnaba un poder superior y sobrenatural. Por más que Houdini repitiera que todas sus proezas eran fruto de su ingenio y de su arte, Sir Arthur veía en el la prueba indiscutible que confirmaba sus propias ideas.
En 1922 volvieron a encontrarse, esta vez en Estados Unidos. Sir Arthur ofreció una gira de conferencias apoteósica y agotadora. En Nueva York Houdini le invitó  a comer en su casa y tuvo ocasión de mostrarle su biblioteca, especializada en magia e ilusionismo, de la que se encontraba especialmente orgulloso.

A Sir Arthur lo que verdaderamente le llamó la atención fue la ausencia de obras que trataran del espiritismo. Le resultaba imposible entenderlo. Pero no fue la única cosa que Sir Arthur no logró comprender aquel día.  Houdini le acompañó en un taxi hasta el hotel en el que se alojaba. Durante el trayecto realizó un juego sencillo, la desaparición del pulgar. Sir Arthur quedó maravillado y al día siguiente le escribió una misiva en la nuevamente atribuía el efecto a sus poderes sobrenaturales.

Sesión espiritista con la esposa de Conan Doyle 


Jean Leckie, esposa de Conand Doyle y médium
Cuando concluyó  la gira de conferencias Houdini invitó a Conan Doyle al banquete que cada año reunía a los miembros de la The Society of American Magicians. Pero la iniciativa desagradó a Sir Arthur con el paradójico argumento de que reprobaba la simulación de efectos espirituales que para el eran sagrados. No obstante las dotes de persuasión de Houdini lograron cambiar su decisión.
Días después ambas familias se reunieron en Atlantic City: Doyle propuso a Houdini una nueva sesión de espiritismo. Esta vez se trataba de una proposición delicada. Jean Leckie, segunda mujer de Conan Doyle, decía tener dotes mediúmnicas y se sentía capacitada para establecer la comunicación que tanto ansiaba Houdini con su madre. Se reunieron los tres en un cuarto del hotel. Sir Arthur bajó las persianas y pronunció una oración. Se juntaron las manos sobre la mesa. Cuando Jean entró en trance, Houdini reconoce que quería que aquello sucediera realmente, deseaba con todas sus fuerzas que fuera verdad, anhelaba creer. Jean, muy alterada, empezó a escribir febrilmente. Houdini por un instante pensó que era posible. Arrancó la primera hoja del cuaderno. Estaba escrita en inglés. Su madre hablaba de lo mucho que le quería y de lo orgullosa que se encontraba por los grandes éxitos de su hijo. Siguió arrancando una a una las páginas siguientes, hasta un total de quince. No hizo ningún comentario.

´Sir Arthur pensó que la emoción no permitía hablar a Houdini que al fin había logrado ponerse en contacto con la persona a la que más quería. Pero Houdini estaba amargamente decepcionado. Su madre jamás le llamó Harry, que era su nombre artístico. Para ella siempre fue Erik, su nombre de pila. . Aunque había vivido 50 años en Estados Unidos jamás aprendió inglés. Se expresó toda su vida mediante una peculiar koiné, un idioma artificioso, mezcla de húngaro, alemán y yidich. Casada con un rabino, difícilmente hubiera iniciado su escrito con una cruz. Un escrito en el que no había referencias íntimas, ni recuerdos compartidos.
Ni una sola palabra salió de sus labios. La relación entre ambos hombres siguió siendo cordial mientras Sir Arthur permaneció en Estados Unidos. Pero pocos meses más tarde Houdini publicó un artículo en el New York Sun, en el que negaba tajantemente que alguna vez hubiera percibido el menor signo de ·una comunicación con los seres queridos que hemos perdido.  Se trataba de una rotunda desautorización de las manipulaciones de Jean Leckie. Sir Arthur se sintió profundamente traicionado. Por primera vez la correspondencia entre ambos hombres adoptó un tono desabrido.

Un mago contra los espíritus

Preparando una "materialización".
Las diferencias de criterio desbordaron la esfera y privada y emergieron en la esfera pública. Fue en 1923 cuando Houdini rompió hostilidades abiertamente contra los espiritistas. Suspendió sus actuaciones mágicas y recorrió Estados Unidos ofreciendo  conferencias en las que denunciaba los fraudes de los médiums. Había analizado minuciosamente sus prácticas, asistiendo a múltiples sesiones, muchas veces disfrazado para no ser reconocido. Un año después publicaría su libro “Un mago entre los espíritus” verdadera antítesis de la “Historia del espiritismo” de Sir Arthur.

Todas estas actividades tuvieron enorme repercusión. Houdini era también un mago cuando se trataba de publicidad. Aceptó formar parte de un comité formado por la revista Scientific American que ofrecía una cuantiosa suma a quien demostrara poseer verdaderos poderes psíquicos.

Cabina anti-fraude diseñada por Houdini
Houdini  extremó los controles.  Incluso creó una cabina especial antifraude que fue determinante para neutralizar los engaños de la médium Mina Crandon que en una primera sesión había logrado convencer de su autenticidad a varios miembros

 El regreso de Conan Doyle a EE.UU recrudeció los enfrentamientos. Esta vez la amistad entre los dos hombres no fue suficiente para atemperar las discusiones  Las discrepancias eran substanciales. Doyle consideraba que todo aquello que él no comprendía era una manifestación de los espíritus. Para el número de mentalismo de Julius and Agnes Zancig proponía un ejercicio real de telepatía. Para Houdini eran dos magos profesionales, miembros de la American Sociaty of Magicians, que ejecutaban un número clásico de vaudeville.

La correspondencia entre ambos fue sustituida por declaraciones cruzadas en la prensa, cargadas de recriminaciones y  reproches, en un tono cada vez más hosco. Cuando Mina Crandon estuvo a punto de ganar el premio ofrecido por Scientific American magazine Houdini intervino aunque no había sido convocado a la reunión de la comisión. Aparentemente la experiencia fue concluyente. Los espíritus estuvieron muy activos durante la sesión Se escuchó una campana, una voz llamó a Harry Houdini desde la profunda oscuridad. Se trataba de Harry, el espíritu malhablado y grosero de un hermano muerto de la médium que estrelló un megáfono a sus pies. Cuando se volvieron a encender las luces, Houdini no dijo palabra sobre lo que había visto y oído. Se despidió cortésmente de la médium y se marchó. Antes de llegar al hotel, masculló entre dientes: “Sé cómo lo hace. Se trata de un fraude”.

Houdini durante una sesión de desenmascaramiento
En las siguientes sesiones exigió la utilización de su cabina antifraude. Harry le llamó maldito bastardo y exigió que se largara de allí. Acabó vaticinando que muy pronto moriría.

Cuando Houdini reveló las supercherías, Conan Doyle calificó su explicación de bazofia .Escribió una durísima diatriba en la que llegó a exigir que renunciara a la investigación psíquica. Por su parte Houdini le acusó de senilidad y le amenazó con llevarle a los tribunales.

Dos años después, el  31 de octubre de 1926, moría Houdini y Doyle le recuperó para sus altares. En su ensayo “El enigma Houdini” afirma que fue el médium más relevante de la época. Una tesis que desarrollaría el mentalista Joseph Dumninger que publicó un libro en 1928 en el que se preguntaba si Houdini no habría sido un médium sin saberlo.

Bess Houdini y los espíritus 

Una vez muerto Houdini recibió el trato que a veces se otorga a los espíritus convertidos en soporte de las obsesiones y deseos de los supervivientes. Dunninger reunió algunas anécdotas que intentaban probar que Houdini tenía la capacidad de premonición, que había percibido la muerte de su madre cuando viajaba en trasatlántico hacia Europa. E incluso su propia muerte, pocos días antes de que sucediera. Tenemos que creer a Dunninger pues no hay otros testigos. Ambos acababan de atravesar en coche Central Park, cuando Houdini le pidió que regresaran rápidamente a su casa  porque deseaba verla por última vez.

Bess Houdini
Su propia esposa, Bess Houdini, ofreció  10.000 dólares a quien fuera capaz de ponerle en contacto con su marido.  Se celebraron numerosas sesiones y en  1928, un tal Arthur Ford aseguró que había recibido un mensaje del mago. Ni siquiera después de muerto lograron engañarle. Houdini había elaborado  un código secreto de acuerdo con su esposa Bess de manera que ella podía comprobar la autenticidad de cualquier mensaje que atribuyeran a su marido. Una rápida ojeada bastó para comprobar que el mensaje de Fox no incorporaba el código convenido.

 La última sesión tuvo lugar el 31 de octubre  en presencia de los micrófonos de la radio que transmitieron a las cuatro esquinas del planeta el sonido del silencio, la música callada de la nada. Bess Houdini entendió el mensaje y renunció a proseguir en su empeño.

Notas


La Editorial La Felguera ha publicado una cuidada edición del libro Sherlock Holmes contra Houdini. Arthur Conan Doyle, Houdini y el mundo de los espíritus, que reúne textos diversos, testimonios y fotografías.

Recientemente la Editorial Capitán Swing publicó el texto “El enigma de Houdini” de Arthur Conand Doyle dentro del volumen “Como hacer bien el mal” que reúne una antología de escritos del escapista.

Hace años publiqué un relato titulado “La historia que nunca contó Conan Doyle”, dentro del volumen “Si me escuchas esta noche”, publicado por Mondadori.


domingo, 7 de octubre de 2012

Valle-Inclán, Harry Houdini y el hombre que tenía rayos X en los ojos (Segunda parte)





hodini.ramonmayrata.com
Cartel de ua demostració de Houdini
antiespiritista

Cuando Argamasilla llegó a  Nueva York encarnaba un deseo: Atravesar sin estremecerse la barrera infranqueable de la materia, interrogar la médula de lo inanimado, hacer visible su interior invisible. ¿Por fin aquel deseo se vertería en la vida real? Mr. Davis el representante brasileño que organizaba las demostraciones le presentó como El hombre que tenía rayos X en los ojos. Venía de Europa, avalado por personalidades indiscutibles pertenientes a la comunidad ciéntifica.. El premio Nobel de Medicina Charles Richet,  el doctor Gustav Geley – discípulo de Charcot  en el Hospital de la  Salpêtrière - e investigadores españoles de la talla del  ingeniero Torres Quevedo, el físico Blas Cabrera o el ingeniero de montes y biólogo José María de Castellarnau.  Todos ellos  habían asistido  a las sesiones en París y en Madrid. y  garantizaban por escrito que Argamasilla “había superado todas las pruebas y había demostrado concluyentemente a su satisfacción que podía leer a través de metal”.

Llegaba en un momento propicio. ¿Cómo describir algo tan vigoroso y, a la vez, tan frágil como un estado de ánimo colectivo?  Tras la primera guerra mundial se había producido un incremento de las creencias y prácticas espiritistas en Europa y Estados Unidos. El doctor Lafora , en su notable ensayo sobre el espiritismo,  consideraba natural que esa multitud de parientes y deudos, agobiados por la tristeza de ver desaparecer para siempre tanto ser querido en plena flor de la vida, intentasen acogerse a una esperanza ideal, a una tendencia animista que les ofrecía la posibilidad de poder comunicarse de nuevo en la Tierra, con el ser querido, arrebatado por la crueldad de la guerra (1).  El duelo generalizado explica el  apasionado interés por el más allá o la existencia después de la muerte.

¿Justificaba también la creencia en facultades excepcionales que se mantenían en un plano estrictamente físico como sucedía con la visión a través de los cuerpos opacos? El marqués de Santa Cara sostenía que la metasomoscopia – recordemos que tal era el nombre con el que había bautizado al fenómeno -  era una visión de carácter retiniana, alejada del plano astral por el que vagaban las elucubraciones de los ocultistas. Existía una corriente, denominada metapsíquica, que tenía un escrupuloso cuidado en diferenciarse del espiritismo. A los físicos, pues, correspondía desentrañar el portento.

Foto trucada de una supuesta
materialización ectoplasmática
El  clima que he descrito más arriba afectaba también a los círculos científicos en los que no era difícil encontrar una actitud benevolente hacia  las creencias en las manifestaciones de energía psíquica desconocida y  en la existencia de facultades humanas supranormales. Existía una reacción, en ocasiones no del todo consciente, contra el desencantamiento del mundo provocado por la ciencia  a partir del  renacimiento y especialmente desde el  siglo de las luces.

En vano Lafora  reclamaba rigor - el rigor de la ciencia -  a la hora de estudiar esta clase de prodigios. Miguel Masriera, un excelente periodista científico, que escribía en La Vanguardia, trasmitía la alegría casi infantil con la que sesudos científicos saludaban el triunfo de la metasomoscopia. Los conocimientos del hombre provienen de los sentidos,- clamaba uno de ellos, riéndose de su paradoja - Tal era el axioma de la ciencia positivista, y he aqui un caso en que es necesario inutilizar el sentido para lograr la percepción (2). No menos risueño, el doctor Ureña levantaba los brazos al cielo y exclamaba: La ciencia se hunde. En unos años no quedará nada de ella. Torres Quevedo, más comedido, declaraba: Veo el fenómeno y constato su veracidad,
pero no me lo explico. Esto es todo. Soy ingeniero, no físico.
                                                              


Hotel Pennsylvania
En Nueva York, las primeras demostraciones tuvieron lugar  en el Hotel Pennsylvania. Un hotel situado en la  7 ª Avenida. entre las calles 32 a 33 frente a la antigua estación de Penn. Allí tocaba, por entonces, Vicente López y su orquesta canciones como La última rosa del verano, Bing Bing o, tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamon, Tut Music. Mr. Davis convocó a personalidades de todos los ámbitos para que sirvieran como testigos de la autenticidad de los hechos. La expectación era enorme.

Aquel día,  el Pennsylvania, uno de los hoteles chic de Nueva York,  no es frecuentado únicamente por los ricos. En la sala hay gentes de toda clase y condición atraídos por la extrañeza del fenómeno.  Argamasilla está de pie, de espaldas  a una ventana, por la que penetra la luz del sol. Entorna los ojos, y pasea la mirada por la multitud que ha pagado su entrada. Hasta él se acerca su padre. Mr.Davis está nervioso. – le dice casi al oído - Acaba de descubrir al prestidigitador Houdini entre el público.

El joven Argamasilla tarda en localizarle. Es un hombre menudo, aunque de aspecto enérgico. Sabe que este mago, ilusionista, al fin y al cabo un hacedor de trucos, ha dedicado una parte sustancial de su vida en descubrir las mistificaciones y fraudes de los falsos médiums y hechiceros. No lo puede comprender. Pero la realidad es que Houdini no admite que nadie pueda afirmar que realiza un prodigio sobrenatural, cuando el puede duplicar ese prodigio utilizando medios exclusivamente naturales. ¿Es condición suficiente para desechar la veracidad de los fenómenos que reproduce? Algunos consideran que en modo alguno. Admiten que Houdini ha adquirido un  conocimiento enciclopédico de las técnicas secretas de los prestidigitadores, lo que le permite remedar con experimentos convincentes las demostraciones de los espiritistas. Pero se resisten a creer que los espiritistas se valen de esta clase de procedimientos tramposos. Lo que Houdini hace con truco – sostienen en el filo de la lógica y del sentido común -  los espiritistas lo llevan a cabo sin ninguna clase de manipulación. Sin embargo quienes son capaces de hacer estas disquisiciones son una minoría. Cuando Houdini emplaza a un médium en su punto de mira, sus intervenciones son demoledoras y acaban situándole frente a  la decepción y el repudio de los espectadores. 

Houdini y Argamasilla
Esta actitud de Houdini asombra y, tal vez, desazona, a Argamasilla, pero no resultará sorprendente para quien dirija una mirada a la historia de la magia. En concreto a su desacralización.  Fue en 1584 cuando un abogado llamado Reginald Scot publicó en Francia un libro titulado Descubrimiento de la brujería (3).  Lo hizo por razones profesionales. Estaba harto de defender a pobres diablos que cuando ejecutaban maravillas por arte de magia, es decir mediante su destreza, ingenio y capacidad artística, eran acusados de valerse de fuerzas sobrenaturales en complicidad con el maligno. Scot había intervenido en numerosos procesos por brujería, adquiriendo la convicción de que las acusaciones contra magos y hechiceros eran injustificadas, pues se valían de medios naturales para realizar sus prodigios. Dedicó  muchas horas a la observación de las actuaciones de prestigiadores, tropeleros, trashechadores jugadores de pasa pasa y de maese Coral. Así es como se llamaban por entonces a los ilusionistas. Describió y transcribió por escrito, por vez primera   las técnicas de las que se valían. Aquel libro ofrecía una información veraz sobre la magia. Su efecto fue contundente y duradero. Sirvió para que los magos se sacudieran cualquier relación con las fuerzas  sobrenaturales  y la magia se secularizara, convirtiéndose en una rama de las artes escénicas, basada en los efectos, la psicología, las tecnologías del  espectáculo.

Nada tiene de extraño que Houdini pusiera sus conocimientos y sabiduría al servicio de la búsqueda de la verdad. Seguía la estela de Scot y de los magos posteriores. En el siglo de las luces, los magos se presentaban como profesores de física y llamaban a su magia física recreativa. De este modo se convirtieron en los auténticos difusores de las ciencias entre las gentes que las ignoraban, que eran casi todas. Houdini no se cansaba de repetir, aunque pudiera perjudicar a su fama, que sus extraordinarios prodigios – como librarse de esposas y cadenas, evadirse de celdas herméticamente cerradas, de tumbas o de acuarios -  no eran imposibles para el esfuerzo humano. Eran el fruto de años de estudio minucioso de la percepción, la atención y el funcionamiento del cuerpo y de los sentidos. 

Reginald Scot:
The Discovery of Witchcraft
Ahora, aquel hombre que no creía en los milagros, que había dilucidado una por una las pretendidas manifestaciones espiritistas y desenmascarado a los supuestos  médiums, le observaba fijamente, con ojos en los que solo había dureza, sin mirada. Cuando la madre de Houdini murió  estos embaucadores se ofrecieron para  ponerle en contacto con ella en el otro mundo. Al fin, uno de ellos le entregó un mensaje. Estaba escrito en inglés, un idioma que su madre desconocía. Ella se expresaba en una particular koiné, una mezcla de yidisch, alemán y húngaro. De esta manera Houdini descubrió el fraude y decidió evitar que otros bribones sorprendieran la credulidad de las gentes y se aprovecharan de su ingenuidad.


¿El periodista de New York Times que escribió la crónica de aquel día percibió el desafío de aquella mirada? La proximidad  del Hotel Pennsylvania al  Madison Square Garden le inspira la metáfora de  un combate de boxeo. Un combate que podemos reproducir en nuestro imaginario. Argamasilla es un joven corpulento, un auténtico peso pesado. En la báscula Houdini hubiera marcado  el peso de la categoría pluma o como mucho ligero, pero en su pequeño cuerpo se concentraba una energía indomable, que le había permitido dejar fuera de combate a varios espiritistas y embaucadores.

Estamos en la primavera de 1924. También la primavera está presente en la sala, a través de la luz que penetra por la ventana abierta. Argamasilla se ha sentado en el alfeízar, con los ojos vendados.  Levanta hasta sus ojos una caja de metal, plateada, y lee en su interior  el nombre de E. Hendrickson . Seguidamente lee la palabra japonesa Munehira, omitiendo la e. Después solicita al público un reloj  de cadena, provisto de una tapa. Previamente indica a los espectadores que coloquen las manecillas  como les venga en gana, marcando la hora que quieran. Cuando han cerrado la tapa, lo toma en su mano, lo agita unos instantes y adivina la hora marcada.

Houdinii realizando
la simulación de un efecto espiritista
Houdini  no ha perdido de vista ninguno de los movimientos de Argamasilla. Se ha fijado en que mantiene el reloj horizontalmente entre los dedos índice y pulgar un instante. Luego lo eleva hasta situarlo frente a su rostro en posición vertical y lo hace descender de nuevo, recuperando la posición horizontal, pero sosteniéndolo esta vez de manera distinta, de forma que el pulgar se sitúa sobre el resorte de abrir la caja y el resto de los dedos lo sujetan por la parte de la esfera. Houdini se da cuenta que esta hábil maniobra permite a Argamasilla oprimir el resorte con el pulgar para que  la esfera se abra un poco. ¿Qué sentido tienen los movimientos  de alejamiento y acercamiento? Son los que le facilitan enfocar el interior del reloj para ver la hora a través de la mínima abertura. Tras lograrlo, devuelve el reloj a la posición inicial, pero no interrumpe  los movimientos de enfoque. Continúa ejercitándolos largo rato, aunque ya no sirven para nada. Sólo se detiene cuando juzga que  ha pasado tiempo bastante para que los espectadores hayan olvidado sus movimientos iniciales. Sólo entonces anuncia la hora.

Houdini se fija, también, en los movimientos que hace Argamasilla con la cabeza. De arriba abajo. De abajo arriba. De ese modo levanta los párpados cubiertos con algodones y, al bajar la vista, puede ver a través de la separación de la venda y el rostro. Son prácticas sutiles, que exigen una gran soltura y naturalidad y, como tales, requieren entrenamiento.  

Sin dudarlo, Houdini interrumpe la sesión. Afirma que  apuesta  5 contra 1 a que puede reproducir cada uno de los efectos que ejecuta Argamasilla. El reto provoca un gran tumulto en la sala y  Mr.  Davis acude en ayuda de su representado. Declara que Houdini  actúa de mala fe y que no está dispuesto a aceptar un desafío en tales condiciones. Entonces Houdini se levanta y señala a Argamasilla. ¿Visión sobrenatural? – ironiza - Este chico no ve a través del metal. Las adivinaciones que hace responden a un truco. Exijo que reconozca que tiene truco.

Fueron varias las sesiones en las que Houdini continuó acechando a Argamasilla.  En la que se celebró en el Newspaper Feature Syndicate (Sindicato de la Prensa) se colocó a su izquierda y pudo percibir cómo abría fugazmente el reloj.  Se había percatado de que Argamasilla tenía por norma ubicarse cerca de una ventana. Esta posición no sólo le permitía una buena iluminación sobre los objetos a manipular sino también mantener a los observadores controlados y de frente. Por otra parte, el vendaje que utilizaba podía impresionar a un profano, pero no a un mago experimentado como Houdini, que conocía más de una técnica para echar una ojeada subrepticiamente por debajo de éste o cualquier otro vendaje más complejo.

Folleto de Houdini dedicado
a la medium Margery
y al caso Argamasilla
En un folleto (4) que publicó referido al caso Argamasilla, Houdini dibujó la posible configuración de las cajas para permitir , a través de una rendija, el paso de la luz y, en consecuecia, la visión directa del interior. Los cierres metálicos permitían la movilidad suficiente para levantar un ángulo de la tapa o desplazar la corredera. Argamasilla sólo lograba descifrar los textos ocultos  cuando utilizaba sus propias cajas metálicas. Houdini logró reproducir su diseño y los movimientos y maniobras con los que las manipulaba de manera que consiguió  reproducir sus efectos públicamente.

La prensa de Nueva York  dejó de comparar a Argamasilla con un lince. Desistió de referirse a él como un   portento de la visión que abría cauces inéditos a la percepción humana. Se convirtió en  el mejor de los casos en un mistificador fantástico, tal como lo denominaba Houdini. En el peor en un gordiflón mentiroso. Para el público norteamericano había quedado meridianamente claro que Argamasilla se valía de una caja trucada, una caja de metal especial con bisagras y cierres que permitían la movilidad suficiente  para permitir que se abriera una grieta a través de la cual conseguir  una fulminante visión. La consecuencia fue el descrédito del joven médium español y de las teorías  metapsíquicas de su fogoso padre. Los que habían celebrado con ditirambos su llegada, le sometieron a un  trato vejatorio con idéntico entusiasmo.  Mr. Davis suspendió la gira prevista de  demostraciones y se esfumó el lucrativo negocio que compartía con Argamasilla padre..


Padre e hijo regresaron rápidamente a España. Podemos pensar que lo hicieron con prudente reserva, tentando una salida  discreta tras el descubrimiento del fraude. Pero no fue así. Sorprende que volvieran  aureolados por el éxito. Para una parte de la prensa española, Houdini había sido el gran derrotado. El sábado 24 de mayo de 1924, el periódico La Época (5) titula: El éxito en Nueva York de don Joaquín Argamasilla. La noticia se hace eco de la crónica de Nueva York, escrita por Miguel de Zárraga y publicada en el diario ABC, en la que se afirma que “Houdini apostó 5000 dólares a que hacía lo mismo que nuestro compatriota y, a pesar de los subterfugios que utilizó, perdió la apuesta”.  Zárraga abandonaría aproximadamente un año después la corresponsalía para ejercer como profesor en Vermont, en la Universidad de Middlebury. Con  la llegada del sonoro trabajaría  en la  adaptación al castellano, para las versiones españolas, de las películas de la MGM y de la Fox.

Antonio Zozaya
durante ua entrevista
Resultaba una quimera ocultar la verdad durante mucho tiempo. Sin embargo muchas personas en España, habían comprometido su palabra y su reputación, en defensa de la metasomoscopia y no parecían dispuestos a dar su brazo a torcer. Tras el descubrimiento del fraude, la discusión fue más agria y violenta. La ausencia de argumentos sólo dejaba libre una salida: la desautorización del contrario. Houdini se convirtió en el blanco de sus ataques. Un  caso representativo es el de Antonio Zozaya, escritor próximo a Giner de los Ríos, fundador de la Biblioteca Económica-filosófica. En artículo publicado en La Esfera (6) el 19 de septiembre de 1925 afirma no sentirse competente para entrar en el fondo de la discusión, pero sí nos parece, y hemos de consignarlo sin ambages, que  el menos indicado para comprobar hechos en apariencia maravillosos es un profesional de la taumaturgia. Acostumbrado a introducir en sus experiencias el fraude escénico, ¿cómo se librará de esta inclinación en frente de hechos en que toda sofisticación es merecedora de censura?

La desinformación de Zozaya, hombre por demás encantador y bienintencionado,  le conduce al prejuicio. Precisamente  Houdini llevaba muchos años estudiando toda clase de fenómenos paranormales y había formado parte de dos relevantes comisiones de investigación promovidas por  publicaciones de carácter científico como Scientific American o el Journal of Anormal and Social Psychology. Era la persona adecuada para examinar esta clase de manifestaciones.

A su regreso a España, el Marqués de Santa Cara se prodigó en la prensa para insistir en la veracidad de su descubrimiento. En algún caso, se le escapa cierto  detalle significativo. En la entrevista que concede a Masriera en su casa de la calle  Españoleto de Madrid  afirma que las  excelentes cualidades telepáticas de su hijo le permiten con la baraja, por ejemplo, hacer juegos maravillosos  (6) . Es decir que Argamasilla hijo era aficionado al ilusionismo y, en concreto,  a la cartomagia. Un detalle que pasa desapercibido, pero que, a mi juicio, tiene su importancia.

A pesar de que en el conjunto de los países civilizados, el caso Argamasilla se convirtió en  sinónimo de superchería, en España la polémica arrecia a principios de 1926. Será el año en el que morirá Houdini tras recibir u puñetazo en el abdomen, que le pilló desprevenido y le provocó una peritonitis.  Unos meses antes el doctor  Lafora publica tres artículos en el diario  El Sol que constituyen una mise au point del asunto. Tras resumir los argumentos de Houdini, Lafora propone realizar las pruebas de una manera controlada sin permitir al vidente tener en las manos los objetos cuyo interior quiere visualizar, evitando así manipulaciones. Propone fabricar una docena de cajas perfectamente herméticas, controladas en todo momento por los observadores, para realizar los experimentos.

Cajas metálicas
para realizar la experiencia
Su diagnóstico sobre la responsabilidad de Argamasilla hijo desarrolla toda una teoría psicológica sobre la videncia. ¿Se trata de un megalómano? ¿De alguien capaz de burlar la buena fe de las personas?  Para Lafora la actitud del muchacho es disculpable. Pone el acento en su padre a quien le consume una atracción que califica de exaltada por los fenómenos metapsíquicos. Su hijo ha vivido inmerso en ese ambiente desde niño, oyendo hablar de fenómenos supranormales y de la posibilidad de transposición de los sentidos. Ha asistido a cientos de sesiones y ensayos hipnóticos y, tal vez, aventura, ha sido sometido a ellos. Si tenemos en cuenta estos antecedentes podemos imaginar su reacción cuando su padre,  en plena adolescencia,  pretendió desarrollar en él una nueva facultad visual. Nada tiene de extraño que se sugestionara y creyera ver con los ojos, lo que realiza sólo con ellos.
  
Las réplicas a Lafora se multiplican. Santa Cara, su hijo, un grupo de doce profesores del Instituto Médico y Oftalmológico, el ingeniero Méndez Ormaza, varios académicos de ciencias, Valle-Inclán nuevamente. ¿Se puede hablar de un lobby que defiende a los Argamasillas en contra de la evidencia? En cierto modo así es. Aunque se trata de un lobby heterogéneo. Unos le defienden por amistad, como Valle Inclán. Otros porque han comprometido su prestigio y se sentirían ridículos al reconocer su error. Los argumentos se repiten. Coinciden en desautorizar a Lafora que no ha visto lo que ellos si han visto y pretende negarlo.

En cierto modo, Valle-Inclán insiste en este mismo argumento, aunque con más gracia.  Por lo visto" –escribe Lafora a propósito de unas declaraciones del escritor en El Imparcial - "el señor Valle-Inclán cree que somos tontos los que al ver a un hábil prestidigitador japonés pescar un pez vivo entre el auditorio, o convertir unos huevos en polluelos bajo un sombrero, o hacer cualquier otra habilidad ilusionista, no averiguamos el truco empleado"
.- No. Yo no creo que sean tontos los que no averiguan el truco de un juego de manos. – replica Valle-Inclán en el mismo periódico - Los tontos son los que, sin haber visto una experiencia, se empeñan en explicarla.

El redactor le pregunta entoces, si cree que la explicación de Lafora es aceptable. La respuesta de Valle es imaginativa, divertida. El escritor se distancia de los argumentos más convencionales de sus compañeros de polémica. .- No. El señor Lafora está diciendo una porción de puerilidades... Hoy, por ejemplo, exhibe con aire triunfal la carta de un señor que dice que ha presenciado la experiencia y cuenta, con tono escéptico, que Argamasilla vio una línea de color violeta en un objeto colocado en el fondo de la caja. Pues bien, este hecho destruye esa teoría de la rendija defendida por el señor Lafora. Si Argamasilla hubiera mirado por una rendija, aunque ésta fuera muy amplia, un objeto de color violeta en una caja que estaba, según cuentan, plenamente iluminada por el sol, el objeto le habría parecido negro... Eso lo sabe cualquier pintor. Es muy extraño que un doctor no lo sepa.(8)


Luis Araquistain
Intuyo que el doctor Lafora debió sentir en aquellos momentos cierta soledad. En uno de los artículos hace alusión a algunas personas que tras asistir a las demostraciones de Argamasilla, le han comunicado en privado sus observaciones sobre la falsedad de lo que han visto. Les pide con cierto dramatismo, que las hagan públicas. Los ·tapados· resultaron ser el escritor y periodista Luis Araquistain y el Doctor Negrín. Araquistaín enumera en un artículo  las conclusiones de ambos tras asistir al fenómeno.  "Presencié el experimento en compañía del doctor Negrín, de unos cuantos amigos del joven señor Argamasilla y de su padre, el marqués de Santa Clara”  Confiesa que la primera prueba le dejó estupefacto. · En una de las cajas metálicas que usa el señor Argamasilla habíamos metido Negrín y yo un recorte de periódico . Como de costumbre Argamasilla colocó  dos algodones sobre sus ojos y envolvió la cabeza en una venda. Cogió la caja que le dábamos, bien clausurada, y comenzó a enfocarla por la arista del cierre, situado en el centro. La apartó y la acercó al rostro repetidas veces, la ladeó en diferentes sentidos y al cabo de unos instantes de angustiosa espera, leyó unas cuantas líneas del recorte. Abrimos la caja, y cotejado lo leído con lo impreso, resultó que era idéntico. La prueba se repitió otra vez con el mismo éxito. El hecho era indiscutible. El señor Argamasilla leía dentro de una caja cerrada con llave.




El Dr. Negrín
Pero el doctor Negrín seguía desconfiando y reclamó que se hiciera una tercera prueba. Aún diciéndose fatigado, el señor Argamasilla accedió gentilmente a lo que se le pedía. Nos retiramos de nuevo Negrín y yo al cuarto contiguo donde hacíamos la preparación de la caja [...] sacó una tarjeta de visita con un nombre en el centro; escribió una dirección con letra bastante grande, e imitando la de imprenta, en el borde inferior y me dijo con su gravedad característica:
.-Verá usted como no lee lo que he escrito.
En efecto: el señor Argamasilla leyó el nombre impreso pero no la dirección manuscrita, a la cual no hizo ninguna referencia
.
 La conclusión de Araquistain es de una ingeniosa ironía: "El señor Argamasilla ve bastante bien en los cuerpos opacos y todavía mal a través de los cuerpos opacos".

A pesar de la defensa numantina que hicieron de sus actividades, puestas en tela de juicio, los Argamasilla perdieron su crédito y se vieron forzados a renunciar a sus pretensiones.  Nunca llegaron a reconocer el fraude en el que habían incurrido, pero Argamasilla hijo dejó caer aquí allá que sus poderes disminuían paulatinamente. Un día confesó que  se habían eclipsado por completo.

¿Qué fue de él? ¿Qué fue de su padre?  Tras su desenmascaramiento la actividad de Santa Cara  se encauzó hacia la política. Publicó  un libro cuyo título producirá desasosiego a quien conozca sus antecedentes:  En honor de la verdad; (9). Pero no trata de su propia vida. Es una defensa apasionada, en Santa Cara todo era apasionado, de la dictadura de Primo de Rivera. Con el general tal vez le unía el espiritismo. Primo había sido fundador  en Sevilla de la segunda sociedad espiritista  organizada en España.

Durante la última década de su vida – moriría en 1940 – Santa Cara elaboró una versión castiza del antisemitismo, que había alcanzado su cota máxima en la Alemania de Hitler. A su juicio existía una revolución mundial, cuya trayectoria conducía a la barbarie,  de la que la sinagoga era la entidad directiva.

El joven Argamasilla, cuyos poderes se habían eclipsado, siguió toda su vida vinculado al mundo del espectáculo. Tras la guerra civil se incorporó  a la Vicesecretaría de Educación Popular, el organismo, encargado de la propagación del modelo ideológico y cultural del  Partido único. Dirigió la sección de la que dependía la censura teatral y cinematográfica. Con los años llegó a ser director general de cinematografía.

Féretro de Houdini
El resto de los protagonistas de esta historia siguieron variados caminos.  Valle- Inclán murió antes de que se produjera la tragedia. Torres Quevedo y Amalio Gimeno en Madrid, el primer año de la guerra civil.  Castellarnau en Segovia, poco después,  en el 43.  Lafora, Madariaga, Araquistaín, Negrín, Zozaya, Blas Cabrera,  marcharon al exilio. Houdini, como ya he indicado, murió antes que todos ellos. Durante mucho tiempo se ha admitido la versión de que el responsable fue un estudiante  de la Universidad McGill  de Montreal en la que Houdini estaba  realizando una demostración en la que desacreditaba a un médium de Boston. El estudiante le preguntó si era cierto que podía resistir cualquier golpe que recibiera en el estómago. Houdini asintió sin demasiado entusiasmo. El estudiante, sin previo aviso le golpeó al menos cuatro veces con todas sus fuerzas antes de que pudiera detenerle. El golpe había pillado desprevenido al mago, sin la preparación precisa para encararlo. Días después Houdini moría en un hospital a consecuencia de la rotura de su apéndice. Se dio por supuesto que los golpes y la muerte estaban relacionados.  Pero desde el punto de vista médico parece que no hay constancia de casos de apendicitis producidos por un golpe. Un libro reciente aventuró una nueva hipótesis según la cual Houdini habría sido envenenado por elementos radicales del movimiento espiritista.

Lo curioso es que Houdini siguió librando su batalla después de muerto. Había elaborado un código que sólo él y su esposa conocían  y había acordado con ella que el primero que muriera se pondría en contacto con el otro desde el más allá, despejando de una vez por todas las incógnitas. Diez años después de su muerte, su esposa afirmó públicamente que no se había producido manifestación alguna y que el experimento podía darse por concluído.

Notas

(1) Rodriguez Lafora, Gonzalo: Sobre el espiritismo en Don Juan, los milagros y otros ensayos. Madrid : Espasa-Calpe, 1927

2) Masriera i Rubio, Miguel: La metasomoscopia , La Vanguardia, Barcelona, Sábado, 16 de Febero de 1924, pág, 5

(3) Scot, Reginald : The Discoverie of Witchcraft, Wherein the lewd dealing of witches and witchmongers is notablie detected, the knaverie of conjurors, the impietie of inchanters, the follie of soothsaiers, the impudent falsehood of cousenors, the infidelity of atheists, the pestilent practises of Pythonists, the curiositie of figure casters, the vanitie of dreamers, the beggerlie art of Alcumystrie, The abomination of idolatrie, the horrible art of poisoning, the vertue and power of naturall magicke, and all the conveiances of legierdemaine and juggling are deciphered: and many other things opened, which have long been hidden, howbeit verie necessarie to be known, 1584. London, William Brome.

(4) Houdini, Harry: Houdini exposes the tricks used by the Boston medium "Margery" to win the $2500 prize offered by the Scientific American: Also a complete exposure of Argamasilla, the famous Spaniard who baffled noted scientists of Europe and America, with his claim to X-ray vision ...Adams Press, 1924 -

(5) La Época: 24 de mayo de 1924

(6) Zozaya, Antonio: La Esfera, 19 de septiembre de 1925

7) Lafora, Gonzalo: El Sol, 18 de febrero de 1926.

8) Valle-Inclán responde a una alusión, Heraldo de Madrid, 25 de febrero de 1926.

(9) Luis Araquistain: "La visión en los cuerpos opacos", El Sol, 23 de febrero de 1926..

(10) Argamasilla de la Cerda y Bayona, Joaquín : En honor de la verdad : la dictadura española, su obra beneficiosa y su fracaso en la pública opinión, causas mediatas e inmediatas de éste Madrid , Imp. de Juan Pueyo, 1930 .