lunes, 30 de julio de 2012

Piñera: Coleccionista de infiernos.


Virgilio Piñara
El escritor Virgilio Piñera fue un coleccionista de infiernos.
Piñera llegó a reunir infiernos adaptados a todas las edades. No se hallaban bajo la tierra o los mares, en regiones impenetrables o en el interior de la corriente de un río turbulento. Para llegar a ellos no era preciso emprender largos viajes, escalar montañas o descender a las simas. Los infiernos siempre habían estado en él.

¡Piñeira hizo inventario de las piezas más preciadas de su colección en uno de sus Cuentos frios.

Cuando somos niños, el infierno es nada más que el Nombre del diablo puesto en la boca de nuestros pa­dres.

Después, esa noción se complica, y entonces nos re­volcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman. ¡Las llamas de la imaginación!

Más tarde, cuando ya no nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo.

Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a mano que lo acep­tamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo.

¡Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a en­trever que acaso podríamos aclimatarnos.
Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos todavía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento.


Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues ¿quién renuncia a una querida costumbre?

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