domingo, 28 de octubre de 2012

Don Juan de Espina y los autómatas

 Para Rafael Benatar, músico y mago.

Autómata
Siglo XVII
 Todo ha sido sombra. Así justifica don Juan de Espina el juego de magia que acaba de ejecutar. Ha hecho aparecer un león ante el rey Felipe IV y en el preciso instante en que  el favorito Olivares desenvaina la espada para defender al rey, le detiene y tranquiliza repitiendo la frase: Todo ha sido sombra.

La escena pertenece a una de las comedias llamadas de magia (1). Pero pudo ocurrir realmente. Pudo suceder un domingo por la noche, en Madrid, el último día de febrero de 1627. Ese día don Juan de Espina dio una fiesta en su casa para celebrar la curación de Felipe IV de una grave enfermedad que a punto estuvo de costarle la vida (2). El rey estaba ansioso de placeres y diversiones. Se celebró un gran banquete. Hubo música y baile. Y, al final, sorprendentes tramoyas (3) y embelecos (4) como correspondía a tan singular personaje versado en el estudio de las ciencias, las diversiones matemáticas y en la magia natural. Es decir en el ilusionismo. Todos los presentes aguardaban con expectación el momento en el que don Juan de Espina realizaría una gran tropelía (5). Así era como se llamaban los singulares prodigios que ejecutaban  los magos naturales. La magia natural era la magia que empezaba a despegarse de las sospechas de  intervenciones sobrenaturales o demoníacas. La magia que se ejercía mediante procedimientos conformes a la naturaleza, sin otros artificios que el ingenio y el arte. 

Don Juan se jugaba mucho en el envite. En su juventud había destacado en el ejercicio de las armas, pero sobre todo en lo que llamaba Quevedo las verdades de la teórica (6). Es decir en el ejercicio de las ciencias. Con una concepción positiva y experimental. Lo deducimos del un espléndido retrato que Quevedo trazó del personaje en el que afirma que no admitía” apariencias ni sofisterías en cosas sujetas á la demostración” (6). 

El rey gustaba de su trato porque admiraba sus  conocimientos y por que sus invenciones le proporcionaban grandes placeres. Hacía años resolvió procurarle una sinecura  para que pudiera dedicarse por entero al estudio y a la ejecución de sus proyectos. Por entonces había profesado como sacerdote. En virtud de una prebenda real el arzobispado de Sevilla le proveyó de cinco mil ducados anuales. Una suma muy considerable.

Zampoña
De esta manera don Juan puso la atención – según testifica Quevedo -   en los primores de la música, en la perfección de los instrumentos, en disponer lo sumo del arte (6).  Era un excelente instrumentista.  Quevedo equipara su manera de tocar la lira con la de Orfeo. Y también era un aventajado  teórico pues logró mejorar el aprendizaje, las formas de ejecución y la construcción de los mismos instrumentos.

Destacaba en otros muchos ámbitos del saber. En este punto Quevedo se muestra categórico: "Hizo tan delgada inquisición de las artes y las ciencias – escribe - que averiguó aquel punto donde no puede arribar el seso humano (6)".  Para llevar a buen término sus indagaciones  don Juan de Espina se rodeó de toda clase de objetos extraordinarios, curiosidades y hallazgos para estudio de los artífices, no para adorno de sus aposentos (6). Y Quevedo concluye: Fue su casa abreviatura de las maravillas de Europa.

La fiesta se celebraba en aquella casa repleta de tesoros que muchos de los asistentes tenían ocasión de contemplar por primera vez. Don Juan de Espina no abría sus puertas a cualquiera. Tan sólo a aquellos que estuvieran en disposición de apreciar, por conocimiento y sensibilidad, su gabinete de curiosidades, su cámara de maravillas. 
Dos años antes Alonso Castillo Solórzano había publicado un largo romance expresando su deseo de ver la casa (7).

Otros poetas la celebraron, como Anastasio Pantaleón de Ribera que le dedicó un soneto en la que la tilda de culto edificio (8). Vélez de Guevara la imaginó cuando su Diablo Cojuelo (9) levanta los tejados de Madrid para contemplar la intimidad y entrañas de la ciudad. Pero también la envidia fue tejiendo sus redes. En algunas cabezas germinó una idea peligrosa. ¿Y si se tratara de un brujo?


Gabinete de Maravillas

Por eso don Juan de Espina se jugaba mucho aquella noche. El rey, tan amante de saraos y diversiones, debía quedar satisfecho de la fiesta. Mientras contara con el apoyo real estaba a salvo de cualquier asechanza.

A un familiar del Santo Oficio le había dado por escribir una novela sobre casos prodigiosos que situaba en la casa. Aunque uno de los más prodigiosos de los casos era la propia novela. Muy bien escrita, brillante en su lenguaje, pero Pina, el autor, cometía  la extravagancia de prescindir de verbos y substantivos cuando le venía en gana. De manera que Casos prodigiosos y cueva encantada (10),  que así se titulaba la novela, se convertía en ocasiones en un texto hermético.  

Aunque aún no se había publicado, había conseguido leerla. Pina  era gran amigo de Lope de Vega. No le cabía duda de que se trataba de una obra sorprendente por su originalidad a pesar de seguir el esquema de las comedias de capa y espada que practicaba su amigo Lope con acierto. La protagonista, Blanca, era una mujer travestida de hombre. Pero contenía un parte fantástica, que recreaba ciertos ensueños cargados de simbolismo que sucedían en su propia casa. Empezaba por describir sus jardines: Halleme… en una casa en medio de Prados amenos y deleitosos jardines de flores y maravillas (10).



Mueble con mecanismos
que le permiten moverse
Luego se adentraba en la casa y destacaba su vinculación a la ciencia: Tenía zaguán, patio, salas, cuadras, cámaras, retretes  [y todas las estancias]  construidas según el arte de la matemática (10).  La describía como un gabinete de curiosidades, abierto al público, pero sólo en la noche.

Iniciaba la visita por una sala repleta de  vidrios y barros (objetos de cerámica), entre los que destacaban el cristal veneciano y las vajillas de China.  A partir de ahí describía algunas de sus tropelías más efectivas, toda una rutina de efectos mágicos que combinaban lo que hoy llamaríamos la prestidigitación, con el uso de autómatas, las grandes ilusiones y tramoyas, con el mentalismo.

Lo primero que le llamaba la atención era que por donde pasaban las velas se encendían solas. Más de doscientas bugías de cera blanca y bruñida plata… como el encendimiento era imposible, pasé a saber [ni siquiera a pensar, sospechar o creer] que lo hacia  por encantamiento (10).

Inmediatamente se topaba con una gruesa nave  con sus velas, jarcias, cables y pertrechos en un mar de mercurio que por si sólo se movía. Donde no se hundía el hierro por pesado que fuera (10). Y la nave, al situarse en mitad de la sala, disparaba unos cuantos cañonazos, lo que provocaba grandes humaredas y un picante olor a pólvora. Después la nave salía  por la puerta frontera sin haberla navegado mano humana (10).

Al llegar a la cuadra le maravilló una cama riquísima que inmediatamente voló sin dejar rastro (10).

La visita continuaba con otros muchos prodigios. Una parada en el infierno, otra en la casa de las desdichas, una tempestad, la aparición de serpientes encantadas, hasta  llegar a una sala cuya puerta estaba cerrada a cal y canto.

 A pesar de ello don Juan de Espina la traspasa, sin abrirla. La puerta desaparece y se encuentra en una sala sin puertas ni ventanas, pareciéndole que queda emparedado. Se ríe y dice No tema que mayores tropelías hice (10).

Gruta de Orfeo
con autómatas musicales
Sin duda el conjunto constituye la actuación de un singular ilusionista que culmina con dos efectos más. El primero una predicción que resuelve la trama amorosa de la novela. Don Juan de Espina hace aparecer un retrato de Blanca y predice que con ella se casará el protagonista.

El efecto final es de gran aparato. Un espectáculo impresionante.  Llega a una nueva sala donde encuentran  cien instrumentos de música que tocan por sí solos.
Se oyen melodías misteriosas y  en las galerías altas pasean  galanes y damas con sus criados. O más bien sus fantasmales figuras,  provocadas mediante espejos mágicos en aplicación de las leyes catrópticas desarrolladas en aquel siglo.

Del único efecto que no estaba seguro don Juan de Espina, era del efecto que provocaría la publicación de aquella novela. ¿La gente comprendería que todos aquellos prodigios eran consecuencia de la magia natural, como en el teatro? ¿O estimularía  la imaginación de sus enemigos con nuevos cargos de nigromancia y hechicería?

Fragmento de
Brueguel de Velours
La fiesta estaba resultando un auténtico triunfo para don Juan de Espina. Se sirvieron más de trescientos platos diferentes, acompañados de exquisitos vinos.  Había comenzado a las siete de la tarde del día anterior. Ya eran las cinco de la mañana y la sobremesa proseguía. ¡Había tanto que ver! Los invitados, a cuya cabeza se hallaba el rey, disfrutaban  de las espléndidas colecciones. ¿En qué consistían? Soberbia era la de instrumentos de música. Exquisita la de pintura. Sobre estos extremos no cabe duda. El pintor Vicente Carducho visitó la casa un año después, el 10 de abril de 1628 y encontró modelos originales, pinturas, dibujos, iluminaciones, estampas y todas originales y de diferentes materias de maestros artífices (11). También le impresionaron algunas máquinas extrañas, cuyo funcionamiento no acertaba a comprender.  Al ojear la biblioteca tuvo ocasión de contemplar dos manuscritos, compuestos con anotaciones, dibujos y apuntes de Leonardo da Vinci, que le maravillaron. Allí vi. dos libros dibujados y manuscritos de mano del gran Leonardo de Vinchi de particular curiosidad y doctrina, que a quererlos feriar, no los dejaría por ninguna cosa el príncipe de Gales, cuando estuvo en esta corte; más siempre los estimó dignos de estar en su poder (11).

Carducho estuvo en la mansión de Espina sólo unas horas. Hubiera necesitado varios días para poder examinar los diversas y muy curiosas maravillas que se hallaban en ella. En ocasiones se trataba de objetos preciosos, Otra veces eran objetos insólitos, consecuencia de la caprichosa e insaciable curiosidad que don Juan de Espina compartía con su época. Había monedas antiguas, animales disecados, gigantescos huesos atribuidos a seres fabulosos o legendarios, restos arqueológicos romanos, estatuillas de dioses precolombinos que venían de América, caprichosas formas esculpidas por la naturaleza. Una parte importante la constituían instrumentos científicos. Binóculos, telescopios, brújulas, utensilios topográficos, geográficos y astronómicos. Entre ellos se encontraba una singular balanza de precisión inventada, patentada y vendida algunos años antes por el gran inventor Jerónimo de Ayanz, precursor entre otras tantas cosas del buzo autónomo y varios artificios más de vapor (12) Se decía de ella que era capaz de pesar la pata de una mosca.

Otro artilugio particular era una silla giratoria, que incorporaba los aparatos necesarios para observar la bóveda celeste. El día del banquete al rey, fue de los más comentados. Su fama saltó a la literatura y le valió a don Juan de Espina, en el diablo Cojuelo, la equiparación con Galileo, ni más ni menos. No se trataba de una buena compañía a los ojos de los inquisidores.

Autómata de Juanelo Turriano
El gusto por las artes de la ilusión estimuló un peculiar apartado en su colección. Se trataba de una serie de artilugios que provocaban admiración por su funcionamiento y efectos inexplicables. Muñecos articulados y autómatas de los que se decía que ejecutaban como criados muchas de las labores domésticas. También  objetos que se movían por si mismos, como el barco artillado y la cama de madera que menciona el novelista Pina. Instrumentos musicales que suenan sin que nadie les taña, según procedimientos hidráulicos (13).

Precisamente don Juan de Espina pretendía acabar la fiesta con uno de estos efectos estelares,  la aparición por sorpresa de un fiero león en medio del convite. Estaba dispuesta la mutación del decorado que debía representar un lugar agreste y el animal autómata, para el que se había empleado el cuerpo de un enorme perro disecado. El rey bailaba en el centro de la sala. Cayó un forillo que representaba un fondo de montañas cubiertas por brumas plateadas Alrededor del rey se alzaron árboles y rocas, salpicadas por una vegetación exuberante. El rey se detuvo. Estaba sólo en medio de aquel bosque. De repente saltó de entre la maleza una bestia sobrecogedora.

Pero algo falló.  No funcionaron los mecanismos que hacían de el un autómata, capaz de moverse por si mismo, amenazar con sus garras e, incluso, rugir. El pavoroso animal cayó al suelo, dando tumbos, y fue a detenerse a los pies del rey convertido en un inmundo perro muerto.
Paisaje con autómatas
hidráulicos

La fiesta se convirtió en un horrible fiasco. Para don Juan de Espina supuso  la pérdida del favor real. A partir de ese momento se volvió vulnerable a las imaginaciones de unos y a las torcidas interpretaciones de otros. Pronto las habladurías se convirtieron en acusaciones. Tres años después, en 1630,  el Santo Oficio le procesaría por brujería en Toledo.

Se refugió en Sevilla e intentó recuperar el favor real, dirigiendo un memorial al rey, como un arbitrista. Para el la música era matemática sutil. Sabiéndose la música con perfección, se puede saber la perfección de la simetría de todas las cosas, que es ciencia importantísima en que hasta hoy los hombres no saben cosa cierta y todo es opinión. (14). Por eso desdeña el aprendizaje repetitivo y mecánico de la música y propone una serie de reformas  en la enseñanza, como alteraciones en la teoría, en la ejecución y la construcción de los instrumentos, especialmente la vihuela, cuyos trastes modificó. (15).

Al parecer el Memorial cumplió su propósito. Las reflexiones musicales aplacaron el disgusto del rey. Le recordaron que don Juan de Espina era ante todo un hombre de ciencia y que privarse de sus conocimientos era un castigo para el propio monarca.

Don Juan de Espina regresó a Madrid donde pudo seguir dedicando su tiempo a sus investigaciones y destrezas. Tal vez con mayor secreto que antes. Tras su muerte, el seis de enero de 1643, el jesuita Sebastián González escribe una carta al también jesuita Rafael Pereyra, residente en Sevilla, en el que describe su soledad y aislamiento. No tenía nadie que le sirviese: dábale la comida por un torno (16). Había prescindido de los criados y se corrió la especie de que utilizaba autómatas para su servicio.

Sin embargo mantuvo hasta el último momento su humor peregrino, libre y falto de convenciones y su sentido del espectáculo, conforme a los gustos barrocos. Cuando se sitió morir, dio aviso a la parroquia de San Martin para que, al tiempo que le llevasen la extremaunción, recogiesen su testamento. Pocas horas después murió. Al abrir el documento encontraron una disposición para que le enterraran en el cementerio de la parroquia, en la que estipulaba exactamente que la sepultura debía tener de ancho cinco varas, y se les debía pagar 400 reales á los sepultureros por el trabajo. Pero si tuviese cuatro  dedos menos no se les habría de pagar más de cien reales.

Dibujo de Leonardo
que perteneció a Don Juan de Espina
Legaba lo mejor de sus maravillosas colecciones al rey. En especial los instrumentos de música, la silla giratoria desde la que contemplaba las estrellas, la Villa Angélica de Sevilla, objetos, máquinas, cuadros, libros y dibujos. Entre ellos  los manuscritos de Leonardo, conocidos como los Códices de Madrid,  que muchos años después reaparecieron en la Biblioteca Nacional de España. También le legaba la venda y el cuchillo con que degollaron a don Rodrigo Calderón.  Acompañado de una enigmática recomendación. Prevenía al rey que debía tomarlo por la parte que le indicaba, pues si lo hacia por la opuesta la ruina amenazaría a una gran cabeza de España.

De esta manera el mismo inició  su propia  leyenda que plasmaría José de Cañizares en dos comedias de gran aparato, tramoya y diversión.

Notas
(1).  José de Cañizares: Comedia famosa D. Juan de Espina en su patria  primera parte  / de un ingenio de esta corte: Hallaràse esta comedia y otras de diferentes títulos, en Madrid : en casa de Antonio Sanz ..., 1745 
 José de Cañizares:  Comedia famosa, D. Juan de Espina en Milán,  : segunda parte / de un ingenio de esta corte, Hallaràse ... en Madrid : en casa de Antonio Sanz, 1745  
Sobre don Juan de Espina ver: Emilio Cotarelo y Mori: Don Juan de Espina. Noticias de este célebre y enigmático personaje, Madrid, 1908; Julio caro Baroja: Vidas Mágicas e Inquisición, Madrid, Taurus, 1967
(2). Relacion de la fiesta que hizo don Juan de Espina, Domingo en la noche, vltimo dia de Febrero, Año 1627.
(3) Tramoya: Máquina para figurar en el teatro transformaciones o casos prodigiosos o Enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña.
(4) Embelecos: Manipulaciones engañosas para los sentidos.
(5). Tropelías físicas en la oculta virtud de la naturaleza, las denomina Cañizares en  la introducción a Don Juan de Espina en su patria.
(6). Francisco de Quevedo, "D. Juan de Espina" (c. 1643) en  Grandes anales de quince días, 1621, ed. de A. Fernández Guerra, Madrid, Atlas, 1946, Biblioteca de Autores Españoles, Tomo I, págs. 219 y 220. 
(7) Castillo Solórzano, Alonso de: A don Juan de Espina, deseando ver su casa en  Donayres del Parnaso : segunda parte, donayre 51.  En Madrid : por Diego Flamenco : a costa de Lucas Ramirez ..., 1625.
(8) Ribera, Anastasio Pantaleón de: Obras de Anastasio Pantaleón de Ribera : dedicadas a D. Gregorio de Tapia i Salcedo : Diego Díaz de la Carrera, Madrid. 1648. 
(9) Luis Vélez de Guevara:  El diablo cojuelo, novela de la otra vida / Zaragoça : Diego Dormar, 1671.
(10)  Juan de Pina: Casos prodigiosos y cueva encantada (Madrid, 1628), que tuvo una Segunda parte de los casos prodigiosos (Madrid, 1629), págs. 256, 269. Hay una edición moderna de  esta novela  al cuidado de Cotarelo (Madrid, 1907).
(11) Vicente Carducho: Diálogos de la pintura : su defensa, origen, esse[n]cia, definicion, modos y diferencias ; sigue[n]se a los Diálogos, Informaciones y pareceres en fabor del Arte escritas por varones insignes en todas letras, En Madrid : impresso ... por Fr[ancis]co Martinez, 1633(1634).  Hay edición moderna, con prólogo y notas de Francisco Calvo Serraller, Madrid : Turner D.L., 1979 
(12) Nicolás  García Tapia: Los códices de Leonardo en España.
Ver también Nicolás García Tapia: Un inventor navarro, Jerónimo de Ayanz y Beaumont : (1553-1613) /    [Pamplona] : Departamento de Educación y Cultura, [2001] 
(13) Sobre las colecciones: ver Francisco Javier Sánchez Cantón, Los manuscriros de Leonardo que poseía Don Juan de Espina, en Archivo Español del Arte (1940;  María Luisa Catarla: Documentos en torno a don Juan de Espina, raro coleccionista madrileño. A. E., t. XXV. 1963-67. 1. y A. E., t. XXVI. 1968-69. 5. Teresa Mezquita: Manuscritos de Leonardo Da Vinci en la Biblioteca Nacional, Madrid, Dirección General del Libro y Bibliorecas, 1989; L. RETI, Estudio introductorio a Leonardo da Vinci", en Códices Madrid., vols. 1 y U, Barcelona, Planeta, 1998
(14) Juan de Espina:   Memorial que Don Juan de Espina envió a Felipe IV [Manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid]  Es copia de Barbieri que en nota escribe:  Este memorial parece escrito en Sevilla el año de 1632. El original se conserva en la Biblioteca Nacional de Lisboa, sección de Mss. con la signatura H.6.38, en un tomo en folio pergamino, que contiene varios manuscritos musicales.
(15) J. Picus: El Memorial de D. Juan de Espina, en Anuario musical, XLI (1986), págs. 191-228;  M. A. Jiménez:  A propósito  de un Memorial a Felipe IV, en Música (Real Conservarorio Superior de Música), 4 (1999).
(16) Memorial histórico español : colección de documentos, opúsculos y antigüedades que publica la Real Academia de la Historia, Imprenta de la Real Academia de la Historia. 1851-1963, Tomo XVI. págs. 489-494.
(17) Sobre Cañizares, ver Payá Alberola, José   Vida y obra de José Cañizares: Patronato Histórico Artístico Cultural d'Elig,  Elche,  1998 
 

 

2 comentarios:

  1. Muchas gracias Ramón por este interesante blog y sobre todo este relato sobre los Espina.

    Un abrazo y felicidades

    Fran

    http://cantabriadesconocida.blogspot.com.es/

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  2. Gracias Fran: Compartimos intereses. Conozco tu blog y es excelente. Un abrazo

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